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Chomsky: Un lingüista con historia

En los 90 años de Noam Chomsky

Noam Chomsky. Foto:AFP.

La historia tiene sus historias. Los filólogos alejandrinos del siglo III al I a.C. editaron y comentaron los hexámetros de la épica homérica lo mismo que copiaron y recopilaron el corpus aristotélico que ha llegado hasta nosotros. Al estudio erudito y de culto que tuvieron sobre la correcta pronunciación y sintaxis en la obra de Homero y de los poetas griegos, consensuaron en llamarla gramática. Dionisio Tracio, en su Ars Grammatica, la primera obra que lleva tal título, elevó la labor del gramático al posicionarlo como la autoridad que realiza una crítica de los textos poéticos.

En un salto de dos milenios que atraviesa la escuela bizantina y la filología comparada de espíritu alemán, el siglo XX representó el asentamiento formal de la ciencia del lenguaje, alias lingüística, con Charles Sanders Peirce en el pragmatismo, Ferdinand de Saussure como cabeza del estructuralismo y Noam Chomsky como pionero de los estudios cognitivos del lenguaje humano.

En la obra de los tres autores la importancia del lenguaje se revela diferente a la concepción alejandrina. Ésta guarda veneración por sus tradiciones y esplendor poético, mientras que la lingüística del siglo XX constituye un estudio formal sobre el lenguaje del ser humano. De entre ellos, con cierta seguridad, el que mayor impulso ha tenido con el advenimiento del lenguaje computacional es el profesor Chomsky. La valía del profesor retirado del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) en Estados Unidos es doble: por un lado no estudió lingüística y la revolucionó al presentar una teoría general del lenguaje, y por el otro, es el referente ideológico de la izquierda en Estados Unidos, donde ha cultivado un discurso de denuncia del militarismo, el neoliberalismo y el racismo. Un erudito al estilo alejandrino: lingüista, filósofo, politólogo, escritor y venerable profesor.

A 90 años de su nacimiento, Noam Chomsky (7 de diciembre de 1928; Filadelfia, Estados Unidos) es el lingüista vivo más sobresaliente del mundo, su obra ha propiciado debates y retos en las academias más prestigiosas del mundo. Sin dilación alguna, el actual profesor de la Universidad de Arizona replanteó las investigaciones de la lingüística al centrar la discusión en la disposición de una lengua natural y universal innata al ser humano.

Sin más, su valor no estriba en destrabar las proposiciones básicas de la lengua, un verbo y un predicado, tampoco en señalar la disyuntiva entre lenguaje humano y lenguaje animal, sino que construye un modelo de investigación de la lengua en su nivel profundo, estructural, que permite garantizar al hablante-oyente un piso sobre el cual interactuar.

Además, su trabajo cumple con la gracia de invocar a la gramática para construir sobre ella el quehacer de la lingüística. La gramática, a su entender, es válida en la medida en que un nativo de la lengua comprende la oración, esto enseña que no es necesario un curso de gramática sino que se reconoce su funcionalidad al escuchar-hablar ininterrumpidamente.

Propuesta lingüística

Chomsky pasó su juventud en una época terrible para la historia de la humanidad, sus estudios de grado y posgrado ocurrieron durante el exterminio judío a manos de los nazis y la destrucción de Nagasaki e Hiroshima a raíz de la detonación de la bomba nuclear y, no obstante, Chomsky al igual que una serie de investigadores en Europa, se abstrajo y meditó sobre la lingüística.

En el terreno académico, con la publicación de Estructuras sintácticas (1957) Chomsky formó parte de una época dominada por la producción de grandes lingüistas: Roman Jakobson (Fundamentos del lenguaje, 1956) con sus funciones del lenguaje; los estudios fulgurantes de Émile Benveniste (Problemas de lingüística general, 1966) en torno a la semiología; Louis Hjelmslev y su reelaboración del signo lingüístico (Prolegómenos a una teoría del lenguaje, 1943), Así como otros más dieron cuenta de la fecundidad de la ciencia del lenguaje durante el siglo XX.

Sería erróneo asegurar que Chomsky, como el resto de sus colegas, unió fuerzas para construir una teoría general única y válida para todos. Al contrario, resulta indispensable reconocer que a cada investigador la soledad y serenidad les resultan mejores compañías. Frente a la fuerza de la semiótica y el estructuralismo, Chomsky propone una epistemología cognitiva del ser humano, y en ella, las motivaciones por hacer un sistema total de la lengua alcanzan su más alto esplendor.

La exposición teórica de Chomsky en el campo de la lingüística, durante el periodo que corre de 1957 a 1971, dio como resultado la formulación de la gramática generativa en libros como Estructuras sintácticas, seguida por los Aspectos de la teoría de la sintaxis, Lenguaje y entendimiento, además de Estructura superficial e interpretación semántica, en suma, la elaboración de un modelo teórico dinámico en contrapunto al modelo estático del  estructuralismo saussuriano.

Chomsky elaboró su teoría lingüística a partir de una independencia formativa que está redondeada por su solidez pedagógica en la filosofía y la matemática. Ante la insatisfacción con respecto al modelo estructuralista, Chomsky emprendió un proyecto de investigación que hizo posar sus ojos sobre los estudios antropológico-lingüísticos de Wilhelm von Humboldt del siglo XIX, y como resultado de sus hacendosas lecturas, encontró una fascinante definición antropológica del lenguaje, a tal grado que el uso de expresiones como “forma interna” y “enérgeia” son conceptos clave en la obra de Chomsky de cuño humboldtiano. Todavía más: resulta curioso que Hjelmslev y Saussure también recurrieran al humanista alemán para potenciar sus enunciados, mientras que Chomsky lo utilizó para refutar el planteamiento estructuralista.

De ese modo, Chomsky irrumpió en la mitad del siglo XX como un intelectual todoterreno que emitía pronunciamientos críticos sobre la teoría lingüística, al ritmo que generaba conceptos nuevos y daba constancia de un pensamiento vital que ampliaba los campos de acción de la lingüística: allá sintaxis, acá biolingüística, más acá comprensión de la mente. Podría decirse que aunque no haya una escuela chomskiana propiamente dicha, las líneas de investigación que ha abierto siguen siendo fértiles y necesarias.

Las grandes proezas académicas están basadas en preguntas clave. La pregunta que se planteó Noam Chomsky fue: ¿es lo mismo la gramática que la lingüística?, o mejor, ¿es lo mismo expresar las ideas mediante un lenguaje a comprender un lenguaje para pensar?

En la retrospectiva de Estructuras sintácticas, Chomsky explica que el libro y con ello su teoría tiene tres grandes temas interconectados entre sí: la lengua, la gramática y la estructura. Una lectura dedicada nos convierte en unos enterados sobre la precisión quirúrgica y sintética de la gramática generativa. Para él, la lengua es la posibilidad de elaborar infinitas cadenas de oración bajo el principio de combinación y selección de un alfabeto que es la estructura sistemática de la gramática. Mientras que una estructura es la descripción de la oración que permite que la lengua tenga hablantes.

Como puede preverse, el quid de la aportación chomskyana se encuentra en la concepción de la gramática, el nudo que soporta y une a la lengua con la estructura. El profesor estadounidense privilegió la estructura frente a la pragmática, pues en su construcción teórica hizo hincapié en el estudio de la inteligencia humana, y de manera secundaria explica la comunicación humana. Con ese principio, la gramática se libera de los corchetes de las reglas prácticas del habla y pasa a concebirse como una construcción transformacional viva que abre el paracaídas de la lengua para generar, imaginar y posibilitar el desenvolvimiento ilimitado del lenguaje.

Que la labor de Chomsky ha encontrado obstáculos y diferencias es cierto, que después de esa época dorada para la lingüística la labor de Chomsky se movió a la política, las ciencias sociales y la filosofía también, pero es incuestionable que la inteligencia de Chomsky ha revitalizado la sentencia aristotélica: ζῷον or ἄνθρωπον λόγοϛ ἔχων, el hombre es un animal de discurso.

Fabián Martínez Becerril – Escritor.

 

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