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El año que no se olvida

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Con autorización de Editorial Planeta publicamos la introducción y uno de los fragmentos de 1968: el año que transformó al mundo, obra dividida en 68 capítulos sobre los acontecimientos políticos u culturales, así como los personajes que marcaron al mundo hace medio siglo. La curaduría del volumen -así como la autoría de los dos fragmentos que presentamos aquí- corresponden a la historiadora Ángeles Magdaleno; la iconografía del libro a Luis Arturo Salmerón.

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Portada de “1968: El año que transformó al mundo”. Diseño: Leonardo Orozco “El Chino”-Editorial Planeta.

El año de 1968 comenzó en lunes. Nadie imaginó que la historia mundial tendría cambios radicales que modificarían el futuro del mundo. Las armas nucleares, las masacres y la lucha por el poder fueron los grandes temas, aunque también lo fueron los trasplantes exitosos de corazón, el impulso para la segunda ola feminista, la muestra impactante de la ciencia ficción en el cine, la apertura sexual que ofreció la píldora anticonceptiva. La sociedad, con el golpe de Estado de Perú hasta el inicio de la Primavera de Praga, pensó y actuó distinto, buscó otro presente y nos heredó otra realidad.

Las diferencias políticas e ideologías, que solamente parecían agudizar las ya lastimadas relaciones, fueron también un sonoro y unificado llamado para repensar la dinámica diaria, enunciar por medio de todas las expresiones posibles una postura a favor de la vida y de los derechos civiles que tanto habían defendido Martin Luther King y Robert Kennedy y por los cuales fueron asesinados en este año. El tema de la homosexualidad se llevaba los grandes teatros, el racismo se denunciaba con estruendo, la teoría de la evolución podía enseñarse por primera vez y de manera general en todas las aulas. Los jóvenes —los masacrados jóvenes— se hicieron escuchar muy alto y muy fuerte en todo el mundo. El 68 es declarado el año de los derechos humanos. Y sí, por los muchos que se aniquilaron, por los que se peleó; y a partir de ahí por todo lo que se ganó.

En 1968: el año que transformó al mundo exploramos 68 temas relacionados a la vida política, social, cultural en sus manifestaciones más amplias como el cine, la música y la fotografía, y con ellos no sumergimos en toda una época que a 50 años de distancia nos grita su grandeza e importancia.

64. Matanza en la Plaza de las Tres Culturas

Los hechos del 2 de octubre de 1968 provocan un intenso debate y análisis. La pregunta de quién disparó primero probablemente nunca sea respondida. Sin embargo, el primer herido que se reportó fue el general José Hernández Toledo. Ese miércoles, a las 17:15 horas, empezó el mitin-manifestación, terminando casi una hora después. A solicitud del regente del Distrito Federal, el general Alfonso Corona del Rosal y del secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez, desde las 16:30 horas unidades del Ejército estaban apostadas cerca de la Plaza de las Tres Culturas, con las órdenes de evitar que los concurrentes al mitin se trasladaran al Casco de Santo Tomás. El secretario de la Defensa Nacional, el general Marcelino García Barragán, dispuso que la Segunda Brigada de Infantería montara la operación «Galeana», reforzada con otras unidades. Al mando de la misma designó al general de brigada Crisóforo Mazón Pineda, con un total de 3 mil hombres.

A las 18:15 horas se anunció la llegada del Ejército, pues el general Luis Cueto Ramírez, jefe de la Policía Preventiva del Distrito Federal, pidió apoyo. Del piso 21 del edificio de Relaciones Exteriores fue lanzada la primera luz de bengala, seguida de una ráfaga de arma de fuego automática, que surgió poco después de que la plaza empezara a ser sobrevolada por dos helicópteros.

Los granaderos ocupaban la Vocacional 7 y la azotea de la Secretaría de Relaciones Exteriores. A las 18:20 horas se inició el tiroteo. A partir de ese momento, francotiradores empezaron a hacer disparos desde los edificios «Chihuahua» y «2 de Abril» y de las partes bajas de los edificios que circundan la Plaza, 10 en total.

Luis González de Alba, representante de la Facultad de Filosofía y Letras, afirmó haber visto 30 o 40 agentes vestidos de civil con un guante blanco en la mano izquierda, armados hasta los dientes. Era parte del Batallón Olimpia, pero quien inició el tiroteo no fueron el Batallón Olimpia ni el Ejército, sino un grupo de paramilitares.

El Batallón Olimpia fue creado con motivo de los Juegos Olímpicos. Dependía directamente, en la línea de mando, del Estado Mayor Presidencial, es decir de la Presidencia de la República. Sus órdenes eran asistir al acto, vestidos de civil, con un guante blanco en la mano izquierda y detener a los integrantes del Consejo Nacional de Huelga, todos y cada uno de ellos fueron puestos a disposición de un juez. Ninguno murió. A no ser por los francotiradores, su presencia no hubiera pasado de ser un ejemplo, entre muchísimos más, del autoritarismo del régimen.

Existen evidencias gráficas y documentales sobre los francotiradores. El testimonio del general Mazón deja en claro que el tiroteo inicial se prolongó por espacio de 90 minutos, ya que era bastante difícil localizar a los francotiradores, apostados en las ventanas y azoteas de los edificios, porque cambiaban de lugar. A las 23 horas de ese 2 de octubre los francotiradores volvieron a disparar; fueron detenidos 360 de ellos y puestos a disposición de las autoridades civiles. Ese grupo fue formado, desde 1967, por el teniente coronel Carlos Manuel Díaz Escobar Figueroa, hombre muy cercano y de toda la confianza de Corona del Rosal, que estuvo agregado al Estado Mayor Presidencial desde febrero de 1965. El parte militar de Mazón insiste en que los francotiradores se cambiaban de lugar en medio del tiroteo, lo que define a un grupo altamente capacitado. La información fue confirmada por un antiguo militante de la organización juvenil de los Caballeros de Colón «Los Escuderos» [de Colón], Sergio Mario Romero, alias el Fish, quien declaro que «en 1966, ingreso al DDF como empleado del licenciado Martín Díaz Montero, secretario particular de Alfonso Corona del Rosal [...] aunque en realidad dependía del teniente coronel Manuel Díaz Escobar, subdirector de Servicios Generales [...] desde principios de 1967, mediante paga, organizo grupos de choque en la UNAM».

Lauro Aguilar de la Mora, agente de la Dirección Federal de Seguridad, explico que «Desde la azotea de los edificios de la unidad Tlatelolco disparaban francotiradores y como a las 23 horas del día 2 de octubre de 1968, un proyectil lo alcanzó en el brazo derecho».

El fotógrafo Jesús Fonseca Juárez, quien cubrió el evento para El Universal, afirmó que efectivamente fueron detenidos por soldados un grupo de individuos armados, quienes se identificaron como empleados del DDF y dieron un número telefónico, que se confirmó correspondía a la oficina de Alfonso Corona del Rosal. En 1986, su partido, el PRI, lo premió con la Medalla al Mérito Revolucionario.

Ángeles Magdaleno – Historiadora y curadora de 1968: el año que transformó al mundo

 

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