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El gran Martín Luis Guzmán (1887-1976)

A 40 años del fallecimiento del autor de "El águila y la serpiente"
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Imagen: Retrato de Martín Luis Guzmán por Diego Rivera, 1915.

Por estos días finales del 2016 se han cumplido cuarenta años del fallecimiento de Martín Luis Guzmán, uno de los grandes escritores mexicanos. Con Martín Luis —como sencillamente se le ha conocido desde que desplegaba largos años su actividad sin tregua— ocurre lo que con varios otros autores: todo mundo ha oído su nombres, muchos creen saber que es buenísimo y los que han leído sus ensayos, sus crónicas, sus novelas son de veras escasísimos.

Es de mucho lamentar que no se lean por miles, por millones, los textos de uno de los prosistas mayores de nuestra lengua, de un hombre inteligente, lúcido, enterado, reflexivo y a la vez imaginativo y apasionado. Esta ristra de atributos es del todo hiperbólica en el caso de muchos escritores a la hora pero es enteramente justa en tratándose de Martín Luis.

Para el autor chihuahuense serían fundamentales su estancia y su convivencia en el Ateneo de la Juventud (al lado de otros mexicanos eminentes, como Alfonso Reyes o José Vasconcelos), su posterior incorporación a las fuerzas villistas, en las cuales mantendría cercanía al jefe duranguense, y su exilio en 1914 a España, tras la victoria en nuestro país de los constitucionalistas. Ya en la península ibérica comienza a desplegar una obra deslumbrante y abundante, desde el comentario corto, eficaz y gracioso (inclusive en el campo de la crítica cinematográfica), hasta el ensayo de fuste mayor, género en el que recoge sus ideas en La querella de México.

Más tarde aparecerían las obras suyas que quedarían para siempre en las letras nacionales: La sombra del caudillo y El águila y la serpiente, que lo sitúan sin ninguna duda como el escritor mayor de la llamada ‘Novela de la Revolución’. La primera de estas dos obras es sin exageración una novela insuperable: una prosa de lujosa sobriedad y plena eficacia sirve al autor para contar la historia de los intrincados sótanos del alto poder político mexicano tras la tragedia de Huitzilac y ya estando en plena marcha el ferrocarril sonorense. En la segunda aparece el Martín Luis Guzmán cronista espléndido, que recoge con entera viveza y con sabiduría episodios de las gestas de Villa y de otros personajes de las batallas revolucionarias. En El águila y la serpiente, por ejemplo mayor, pueden leerse las intensas páginas de “La fiesta de las balas”, pieza maestra de la literatura en nuestra lengua. Al general norteño dedica Martín Luis otra obra de amplia resonancia y bien provista de energía y belleza: Memorias de Pancho Villa.

Pero Martín Luis Guzmán no es solamente el gran autor de la Revolución. Es mucho más. Lo es por la insospechada altura de su prosa y también, muy notablemente, por los alcances de su mirada en campos afines a los estrictamente literarios, en los que se desenvuelve con asombrosa soltura y donaire también como escritor. Me refiero a sus reflexiones e indagaciones historiográficas, que lo llevan a concebir y realizar trabajos memorables, como Javier Mina. Héroe de España y de México, una biografía espléndida, completa y absolutamente seductora del joven combatiente navarro, opositor a las fuerzas napoleónicas en su tierra y a las monárquicas en la nuestra. Fue Guzmán sin duda alguna un ensayista poderoso, sobre todo en ese mismo campo historiográfico y en el político. Como sus compañeros del Ateneo de la Juventud siguió y enriqueció el liberalismo, y pudo ver de esta manera cómo la Revolución Mexicana cerraba un ciclo al tiempo que lo renovaba en nuestro discurrir histórico.

Periodista, editor, político, Martín Luis fue sobre todo un escritor excepcional, autor de obras completamente imprescindibles.

Juan José Reyes

 

 

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