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En el bicentenario del gran Guillermo Prieto

El ecritor Guillermo Prieto. Imagen: Especial.

En la vanguardia de los escritores liberales del siglo XIX está Guillermo Prieto quien, como la mayor parte de sus compañeros, fue un incesante polígrafo: poeta, dramaturgo, articulista, memorialista. También fue hombre político, secretario de Valentín Gómez Farías, representante popular, economista empírico (llegó a ser ministro de Hacienda). Fiel a Juárez, salvó la vida del Benemérito, así como la de Melchor Ocampo, y luego terminó oponiéndose a la conducta del prócer oaxaqueño.

Fue sobre todo un escritor formidable, de buen humor muchas veces, conmovido ante los horrores de su tiempo, consciente de la necesidad de fortalecer a la patria, huérfana de dos raíces antagónicas: la ibérica y la india, y tan maltrecha durante el siglo que le tocó vivir. Sus cuadros de costumbres, como sus memorias, son un modelo de agudeza, de sentido crítico y de una prosa que parece adelantarse varias veces a su época.

Para calibrar con justicia sus “cuadros de costumbres”, es necesario ver qué entendía el propio don Guillermo sobre el cultivo de este género en el atribulado México que le tocó vivir. De esta suerte advertimos el sentido fundacional de aquella práctica. Escribe Prieto:

…siendo los que hoy nos llamamos mexicanos una raza anómala e intermedia entre el español y el indio, una especie de vínculo insuficiente y espurio entre dos naciones, sin nada en común, su existencia fue vaga e imperfecta durante tres siglos… La historia de los indios, vista con tanta indiferencia por la mayoría, quedó virgen y estacionaria en algunos archivos de conventos y algunos gabinetes de recónditos sabios; arrojamos indolentes o despreciadores al olvido ese tesoro de ciencia y poesía que después han explotado con más o menos éxito observadores extranjeros, y rompimos ese vínculo, que aunque de un modo puramente ficticio podíamos enlazarnos con los que después a la luz sublime de la libertad, llamamos de un modo verdaderamente irrisorio nuestros hermanos.

Un propósito principalísimo anima la obra entera de Guillermo Prieto: el fortalecimiento, si no es que su verdadera fundación, de la patria. Los mexicanos tendrán que hacer su país, luego de la dominación española y frente a las miserables condiciones de los indios. Prieto no se alarga teorizando; le basta con enunciar sus fines, que no son otros que exaltar los valores nacionales.

De esta manera corre su poesía, de un tono popular dado a la hipérbole y al ensalzamiento de la historia del país y reunida en el Romancero general y en la célebre Musa callejera. Sus obras mayores son acaso Viajes de orden suprema, Viaje a los Estados Unidos y sobre todo, Memorias de mis tiempos, libro clave de las letras mexicanas, tanto como de nuestra historiografía. En esta última obra los lectores de hoy encuentran descripciones y observaciones indispensables para cualquier registro del México liberal de la clase ilustrada del siglo XIX, lo que incluye costumbres ya olvidadas, como la consuetudinaria ingesta de pulque.

Del gran Guillermo Prieto, la colección Clásicos para Hoy ha incluido en su catálogo circulante ahora el libro: Por estas regiones que no quiero describir. Algunos cuadros de costumbres.

Juan José Reyes – Escritor, ensayista y editor.

 

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