Home»Federico Campbell, cartógrafo

Federico Campbell, cartógrafo

A tres años de la muerte del autor de "Regreso a casa"
federico campbell

Federico Campbell en su estudio en la Ciudad de México. Foto: Chris Vail / Los Angeles Times

El sonido metálico, persistente, del telégrafo fue para Federico Campbell (Tijuana, 1941 – Ciudad de México, 2014), lo que la magdalena para Proust: una excusa para volver al pasado.

Por ese volver a transitar los pasillos de la memoria, se sabe que su infancia y adolescencia transcurrieron en la frontera de México, una Tijuana permisiva repleta de bares con nombres en inglés, bailarinas exóticas y soldados estadunidenses. “No era cierto que se barrían los dólares con escoba, pero Tijuana era una fiesta.”, anota Campbell en uno de sus ensayos recogidos en Volver a casa (2014).

Pese a que la relación con su madre era distante, fue ella quien le recomendó que se trasladara a Hermosillo, Sonora, para estudiar la preparatoria. Una vez fuera de Tijuana y del cerco familiar, Federico supo que no regresaría. En aquella época de estudiante sólo volvió a la ciudad bajacaliforniana tras la muerte de sus padres y, posteriormente, a través de la escritura.

Después de concluir la preparatoria se trasladó a la Ciudad de México para ingresar a la Facultad de Derecho de la UNAM. A los pocos meses, desencantado por no coincidir con las posturas ideológicas de sus compañeros, quienes sólo esperaban terminar la carrera para buscar trabajo como funcionarios, se cambió a la Facultad de Filosofía y Letras. Esa permuta repentina decepcionó profundamente a su madre, quien tenía otros planes para él en Tijuana. Quizás el último gesto amoroso que tuvo su mamá hacia él, en un proceso de reconciliación previo a la muerte, fue regalarle una máquina de escribir; este hecho marcó simbólicamente a Campbell.

Federico Campbell, quien fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA), es considerado uno de los más destacados escritores contemporáneos mexicanos, no obstante prefirió mantenerse al margen de los círculos de escritores y periodistas. Prueba de eso fueron sus presentaciones que, lejos de pretender ser catedráticas e intelectuales, se mantuvieron como charlas de amigos entre él y el público que lo escuchaba.

Quienes lo conocieron hablan y escriben de él como un hombre tranquilo, bohemio, sencillo, adicto al trabajo y al café. Al recordarlo, la mayoría coincide que el escritor fue un hombre generoso y preocupado por el quehacer periodístico y editorial. Bajo ese contexto, a finales de los años 70, fundó su editorial: La Máquina de Escribir, donde publicaría tanto a escritores emergentes como a otros ya con libros en su historial. Entre los autores a quien apoyó se encuentran: Coral Bracho, Fabio Morábito, Esther Seligson, Juan Villoro, Bárbara Jacobs, Carlos Chimal, Carmen Boullosa, José María Espinasa, Álvaro Uribe, David Huerta y María Luisa Puga.

En 1966 se ganó una beca para estudiar periodismo en el Macalester College, en Minnesota, y en 1968, después de la matanza estudiantil en Tlatelolco, Campbell aceptó un puesto en la Agencia Mexicana de Noticias (Notimex) como corresponsal en Washington. Este hecho lo distanció de su mentor, Julio Scherer García. Después, como lo hizo en 1961, se trasladó a Europa y, a raíz de ese viaje, vio la luz su primer libro: Infame turba (1971), un compilado de entrevistas que realizó en España a diversos autores y artistas; la continuación de ese trabajo fue Conversaciones con escritores (1972).

Federico Campbell fue editor de la revista Mundo médico y en 1977 decidió cambiar su puesto en ese medio por el de colaborador en el semanario Proceso; 11 años duró esa travesía. Su labor como periodista lo llevó a interesarse en colaborar en medios impresos y digitales de diversos estados de la República Mexicana, entre los más importantes, La Jornada y Milenio. Como resultado de esos años de trabajo periodístico y con la idea de transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones, en 1994, concibió la primera versión de Periodismo escrito, que rápidamente se convirtió, junto con sus libros de entrevistas, en un texto básico para estudiantes de la carrera de periodismo.

En Periodismo escrito escribió lo que para él eran los aspectos más destacables del oficio y la estrecha cercanía que tiene el periodismo con la literatura, haciendo énfasis en el cuidado que los autores deben tener con el idioma y el respeto al lector. A pesar de haber sido pensado y escrito como un manual, Periodismo… puede ser considerado como una de las obras más íntimas y autobiográficas de Campbell. Gracias a este volumen se le considera uno de los principales teóricos del periodismo.

En sus textos periodísticos retomó algunos de sus temas literarios, pero quienes llevaron las riendas fueron la objetividad y la búsqueda de la verdad. Finalmente, en ambos oficios Federico siempre buscó algo por encima de todo: no aburrir a su lector. Ya sea que se haya leído a Federico Campbell como prosista, ensayista, periodista o traductor, ahora habrá que empezar a leerlo como cartógrafo, creador de mapas sin fronteras, ni en la geografía ni en la creación artística.

 Erik Fonseca – Lector, narrador y librero.

 

linea

 

También puedes leer

linea