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“Buscaba el amanecer, y el amanecer no era”

A 120 años del nacimiento de García Lorca

Federico García Lorca, circa 1929. Foto: Popperfoto.

Federico García Lorca (5 de junio de 1898, Fuente Vaqueros, Granada – 19 de agosto de 1936, Viznar) nació hace 120 años, y murió hace poco más de ocho décadas, mártir inocente de la Guerra Civil Española, y asesinado a tiros por un grupo de nacionales que lo ejecutó con saña.

Aunque el poeta nunca fue partidario ni de los republicanos ni de los alzados, su filiación artística lo colocó en la mira de los soldados sublevados que consideraban a Lorca un símbolo de la España contra la que se alzaban: liberal, artista versátil, vanguardista, homosexual de renombre, su presencia era, sin necesidad de posturas políticas, un reflejo de los valores liberales que combatieron militares nacional-católicos como Francisco Franco, Queipo de Llano o Millán Astray.

Lorca, quien fue descrito por Salvador Dalí -amigo de juventud y amor imposible- como una “borrasca cristiana” (es decir, un vanguardista que aunaba los valores tradicionales de su Granada, tierra de vegas), no era del todo partidario del bando comunista ni rojo, por lo que tenía amigos y conocidos en ambos bandos. Fatalmente, como en las tragedias griegas, el poeta de Romancero gitano confiaba en que las rencillas entre españoles serían menos graves de lo que anunciaban los rumores de conspiración y golpe de Estado.

Por eso viajó a su tierra natal, Granada, para pasar el verano con su familia. Pero en Granada, uno de los mayores nidos de conservadores y sublevados -ese conglomerado que después se alinearía bajo las órdenes de Franco- , un artista como Lorca, que además era secretario de un funcionario republicano, no podía estar sino en peligro. El también dramaturgo confió en que su relación con algunos falangistas lo haría inmune a la persecución política. Confió, sobre todo, en una idea de España que se ahogaría en sangre durante tres años de fratricidio.

En la madrugada del 18 de agosto de 1936 fue detenido por un comando de la Guardia Civil bajo circunstancias todavía no esclarecidas y lo retuvieron durante varios días que siguen en la penumbra de la historia. ¿Lo asesinaron por ser un presunto rojo, espía? ¿O por su fama de homosexual? Poco antes de que lo fusilaran, cuenta Juan Eslava Galán, Lorca exclamó: “No me matéis, que creo en la Virgen”, en un intento por tocar las fibras católicas de sus verdugos. El gesto fue en vano, uno de los pistoleros se reiría más tarde en una parranda: “le hemos pegao dos tiros en el culo, por maricón”.

La ejecución suscitó la indignación general de los escritores (como H.G. Wells, Pablo Neruda y de Miguel de Unamuno), un clamor que todavía no se ha acabado, pues los restos del poeta granadino siguen perdidos en alguna fosa común. En nuestro país, la herida tiene un cariz especial, pues era casi un hecho su llegada a México para asistir a la puesta en escena de obras como Yerma y Bodas de sangre, invitado por el consulado y la Universidad Nacional, que ya presentían en el aire la amenaza que no vio venir Lorca.

El crimen sigue siendo un símbolo de los alcances del cainismo en España y uno de los episodios más deleznables de la historia literaria pues, sin motivo alguno, la lengua española perdió a uno de sus poetas más grandes. A pesar de eso, las obras de García Lorca, sus poemas y obras de teatro, sus cartas y diarios, siguen ahí para constatar que un artista nunca muere. Y menos él que sabía despedir a un torero como Ignacio Sánchez Mejías:

Buscaba el amanecer,

y el amanecer no era.

Busca su perfil seguro,

y el sueño lo desorienta.

Buscaba su hermoso cuerpo

y encontró su sangre abierta.

 

Olmo Balam – Editor de Correo del Libro

 

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