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José Luis Cuevas: semejante y enemigo

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José Luis Cuevas frente a algunos de sus dibujos. Foto: Especial.

“… fragmento total / que nunca acaba / José Luis dibuja / en cada hoja de cada hora / una risa / como un aullido / desde el fondo del tiempo / desde el fondo del niño / cada día / José Luis dibuja nuestra herida”

Octavio Paz

(Fragmento de “Totalidad y fragmento”)

Considerado uno de los mayores representantes de la Generación de la Ruptura, José Luis Cuevas (26 de febrero de 1934- 3 de julio de 2017) para muchos era un artista vanidoso y egocéntrico que se salía de los cánones por oficio y por consigna. Cuevas se caracterizó desde niño por su personalidad determinante, que muchos confundían con arrogancia. Nacido en el seno de una familia de clase media, su abuelo tenía una fábrica de lápices y papeles; el futuro “Niño terrible” sufrió una enfermedad que lo dejó en cama cuando era pequeño, tiempo que le ayudó a descubrir su amor por el arte, mismo que se expresaría tiempo después con los retratos de pacientes internados en el hospital psiquiátrico La Castañeda, donde trabajaba su hermano.

Tenía costumbres excéntricas, como hacer que su primera esposa Bertha Cuevas -con quien tuvo tres hijas- le tomara una foto diaria (desde que se conocieron en 1955 hasta la muerte de ella en el año 2000), ya que le obsesionaba meditar sobre el paso del tiempo, la vejez y la muerte. Tras la muerte de ella, inauguró la escultura Hombre mirando al infinito, homenaje a Bertha en Plaza Necaxa, Ciudad de México. Asimismo, dedicó varias exposiciones posteriores en museos mexicanos a su difunta esposa. Con su segunda espos, Beatriz del Carmen Bazán, también demostró su extravagancia al casarse 15 veces en ceremonias de distintas culturas. Se decía que era mujeriego y él mismo llegó a confesar que tuvo 956 encuentros de índole amorosa.

La pasión que describe Octavio Paz en su poema la podemos constatar con sus obras más destacadas; esculturas como La figura obscena ubicada en la ciudad de Colima, La Giganta que se encuentra en el patio del Museo José Luis Cuevas, o dibujos como sus famosos Autorretratos que podemos encontrar en su museo, son muestra fiel del talento que este gran artista tenía. En los mismos podemos observar su inmensa atracción por la locura, lo marginal, lo grotesco, lo distorsionado.

De José Luis Cuevas se puede escribir a favor o en contra, pero lo que es seguro y se debe reconocer es que hablamos de uno de los pintores mexicanos más célebres del siglo pasado. José Emilio Pacheco le dedicaría también una pieza lírica, “José Luis Cuevas hace un autorretrato”, un breve homenaje que expresa la afinidad entre los escritores con la obra del pintor más que entre los críticos de arte y otros artistas plásticos, pero que también nos ofrece una clave para rememorarlo como lo que fue, un artista de sí mismo:

“…si mi cara es ajena, ¿son los otros mi verdadero rostro?

Los ojos de mi trazo son los ojos ¿de quién?: ¿mi semejante o mi enemigo?…”

Viridiana Rodríguez

 

 

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