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Juan Antonio Montiel: Jus y la apuesta por la lectura

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Juan Antonio Montiel en la librería Educal de la Secretaría de Cultura, en Paseo de la Reforma. Foto: José Rogerio Girón / Correo del Libro.

En tiempos recientes, comienzan a aparecer en las mesas de novedades y estantes de las librerías mexicanas los libros de la renovada editorial Jus. Una selección de temas y autores que anuncian una nueva época de un proyecto editorial mexicano -por más que esté afincado en España- que procura no sólo ampliar el campo de la bibliodiversidad con sus temas y autores, sino además pone énfasis sobre los detalles de edición de cada uno de sus títulos.

A la cabeza del equipo editorial de Jus está Juan Antonio Montiel, un mexicano que radica en Barcelona desde hace más de tres lustros y que tuvo la fortuna de formarse como editor en algunos de los proyectos más importantes de la industria del libro en español. Juan Antonio recientemente estuvo en nuestro país y visitó la librería Educal de Paseo de la Reforma.

Aprovechamos para conversar con él y compartir con los lectores de Correo del Libro diversas reflexiones sobre su experiencia profesional, los objetivos de la renovada editorial que dirige y algunos detalles de los títulos más recientes de su catálogo, disponibles todos en la red nacional de librerías Educal, y que apuntan hacia los nuevos horizontes que persigue este proyecto editorial mexicano-español.

Juan Antonio, para comenzar cuéntanos un poco de tu trayectoria…

–Por fortuna, desde que llegué a España he desempeñado los más diversos oficios en muchas editoriales importantes. Trabajé durante un largo tiempo en Anagrama, por ejemplo, y más tarde para distintos sellos del grupo Penguin Random House. Sin embargo, la época clave de mi formación fue cuando me desempeñé como editor jefe en la prestigiosa editorial Acantilado. Para mí, aquello fue como asistir a la universidad de la edición, con la dificultad añadida de que el fundador,  Jaume Vallcorba Plana (1949-2014), no era la persona más fácil de tratar. El caso es que mi manera de entender la tarea de un editor tiene mucho que ver con lo que se hacía -y se hace- en Acantilado: no nada más la selección de los títulos, sino toda la “cocina” de los libros, la preparación del texto, las notas y la bibliografía, la tipografía y la maquetación, etcétera.

En las redes sociales hay videos donde explicas aspectos de la producción de libros…

–Es un aspecto del trabajo editorial que a estas alturas se ha dejado casi completamente de lado, que muy poca gente sigue haciendo. Como te decía, a mí me tocó en suerte formarme con Vallcorba, que incluso tenía un título de oficial de imprenta, además de un doctorado en filosofía, y luego con otro gran editor de mesa, Ignacio Echevarría (1960), a quien mucha gente en México seguramente recordará como crítico literario del semanario Babelia del periódico El País, pero que, como editor, se ha encargado de preparar las obras completas de Elías Canetti y de Nicanor Parra, entre otros, para Galaxia Gutemberg, y que desde hace muchos años se encarga de la edición de la Biblioteca de Clásicos Españoles de la Real Academia. Digamos que tuve la suerte de tener dos maestros que insistieron muchísimo en formarme en asuntos de la preparación del libro como un objeto artesanal.

Como lector agradeces tener un libro bien editado, bien corregido, bien producido, con la tipografía adecuada, con las guardas elegantes, como los de Jus. ¿Es ese el sello que quieres imprimir en esta nueva encarnación de Jus?

–Nuestra apuesta se centra justamente en los lectores: Jus se dirige principalmente a la gente a la que le gustan mucho los libros y a la que le gusta mucho leer, o bien a la gente que entiende la importancia de la lectura y busca convertirse en un lector de ese tipo. Nuestro compromiso es que estos lectores obtengan libros que estén a la altura de sus expectativas, es decir, editados de la mejor manera posible y además escogidos con la lógica de aquel editor famosísimo, Kurt Wolf, que fue el primero que publicó a Kafka: buscando hacer una colección de libros únicos, donde cada título tiene un valor y una importancia indiscutibles. Digamos que lo que nos interesa no es publicar todos los libros de un autor, sino, en lo posible, sus mejores libros. Y esto con la intención de crear nuevos lectores: sólo los mejores libros crean lectores de largo aliento.

¿Esas intenciones que has mencionado funcionan para todas las colecciones y géneros literarios que se publican en Jus?

–Sí. Déjame hablarte un poco de nuestras colecciones. Tenemos tres, que cubren un espectro bastante amplio: la de ficción (que incluye cuento y novela), la de no-ficción (ensayo, correspondencia, etcétera) y la colección de periodismo y crónica, que me gusta describir como una colección de actualidad… pero de actualidad de cualquier época. El concepto de esta última es bastante novedoso, creo. Algo que suele amargarnos profundamente es la idea de que vivimos en la peor época posible, y la literatura es un medio valiosísimo para descubrir que en realidad el mundo siempre ha sido, digamos, igual de feo: siempre han estado pendientes más o menos las mismas cosas, de modo que no tenemos el monopolio de la desgracia. Pero al mismo tiempo la literatura nos demuestra que siempre ha habido gente empeñada en conocer este mundo y en sacar lo mejor de él. Por ejemplo, en esta colección tenemos un libro, Los náufragos de las Auckland, sobre un naufragio que tuvo lugar en 1874, y que inspiró La isla misteriosa de Julio Verne, y otro del extrañadísimo Javier Valdez Cárdenas, que fue asesinado hace poco: Mala-yerba, que el propio Javier describió como “la madre de todas sus historias”. Mientras que Los náufragos… se refiere al siglo XIX, Mala-yerba habla sobre la actualidad mexicana: es un libro sobre el narco en el México actual, aunque sus protagonistas no son los narcos, sino la gente común que vive bajo el azote del narco. El caso es que ambos libros testimonian la desgracia, la desolación, etcétera, que muchas veces hace presa de nosotros, pero lo hacen desde un punto de vista muy peculiar, que es el del superviviente. Por supuesto que Mala-yerba es un libro terrible, aunque también es bellísimo y un testimonio de la valentía y del amor a la vida que tenía Javier Valdez Cárdenas.

–¿Cómo se engrana el proyecto editorial de Jus con la industria editorial mexicana y la española?

–Primero hay que decir que, aunque tenga su sede en España, Jus es una editorial mexicana que intenta hacer de puente entre aquella literatura y la nuestra. Lo que intentamos llevar a España es nuestra perspectiva, que es indiscutiblemente más fresca. Como países latinoamericanos tenemos una historia más breve, y en este tiempo, corto y dramático, hemos tenido que apresurarnos a recorrer la historia entera de Occidente. Nos hemos tenido que poner al corriente, de modo que aquí no nos importa saber en qué época se escribió un libro porque todos los libros de alguna manera son nuevos. En Europa no es así, desde luego, entonces nosotros les damos eso y tratamos de recuperar para México la factura editorial, que es algo que en México se ha desarrollado, sin duda, pero no siempre al nivel que debería porque, a diferencia de lo que ha sucedido en España, por ejemplo, las crisis han ido destruyendo periódicamente nuestra industria editorial. Cada vez que sobreviene una crisis, los técnicos se dispersan, los traductores se dispersan, los impresores se ponen a hacer otras cosas y se hace difícil conservar un nivel editorial. Queremos aprovechar el nivel que hay actualmente en España de modo que, a pesar de ser una editorial pequeña, podamos situarnos entre las mejores de México.

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Foto: José Antonio Rogerio Girón / Correo del Libro.

¿Cuál es tu perspectiva como editor respecto a la convergencia del libro físico con los formatos digitales?

–Hace unos años la industria editorial entró en pánico porque pensábamos que nos iba a pasar como a la industria de los discos. Sin embargo, el libro físico -un dispositivo de altísima tecnología, probado a lo largo de los siglos- ha demostrado que tiene mucho por delante: la gente sigue prefiriendo los libros impresos, esa es la realidad. Ahora bien, los libros impresos tienen una serie de características que los convierten en objetos frágiles. Quiero pensar que si alguien compra uno de los libros de Jus va a querer guardarlo y conservarlo, así que le regalamos el e-book para que, si tienen que salir a la calle o incluso viajar, puedan seguir leyendo y al mismo tiempo disfruten de su ejemplar físico por muchos años. Todos los libros de Jus vienen con e-book de regalo, sólo hay que mandar un correo electrónico con tus datos y a vuelta de correo recibes tu e-book. Así les damos un plus a los lectores de Jus.

¿Crees que las tiendas virtuales han desplazado el lugar que tienen las librerías?

De ningún modo. En nuestro caso, por ejemplo, procuramos que los libros de Jus puedan comprarse en línea, pero estamos conscientes de que el lugar favorito de los lectores, y el hábitat más propicio para los libros, sigue siendo la librería. En el caso de México, por más que el e-book plantee una solución para que los libros lleguen a muchos rincones del país, la librería resulta insustituible como centro cultural; ese es en realidad uno de los aspectos más valiosos del proyecto de Educal, un proyecto bellísimo: que las librerías cumplan una función que va mucho más allá de la de una mera tienda de libros, ¿no es cierto? Cuando publicamos Trópico de Rafael Bernal, que tiene lugar en Chiapas, mi mayor ilusión era que pudiera leerse en los lugares que se describen en los distintos relatos, y eso sólo es posible gracias a las librerías de Educal.

¿Qué haría falta para que los mexicanos leamos más?

Una cosa que nos ha perjudicado muchísimo es el aura de “cosa muy seria”, casi sagrada, que le hemos dado a la cultura y a la literatura. Es muy curioso: uno pensaría que entre más nivel literario tenga un libro está destinado a menos gente, pero eso no es verdad. Los mejores libros nos convencen más porque dicen cosas más profundas, más pertinentes y más interesantes, sólo hace falta que entremos por la puerta adecuada, nada más. Lo malo es que empezar con mal pie tiene consecuencias duraderas. Yo recuerdo con auténtica devoción mi libro de Español de tercero de secundaria, donde había poemas de todos los modernistas mexicanos, pero si me hubieran puesto a leer de cabo a rabo Don Quijote de la Mancha -un libro que por supuesto me encanta hoy en día-, me habrían dejado sin ganas de leer durante mucho tiempo. Creo que muchos mexicanos, por desgracia, empezamos con mal pie; ahora toca darle oportunidad al libro que sí nos dice algo.

Por todo lo anterior se deduce que Jus considera a México como un gran mercado, editorialmente hablando…

Por supuesto. Para sorpresa de muchos mexicanos, yo incluido, México sobrevive en muchos terrenos. A veces parece que estamos al borde del desastre, pero lo cierto es que seguimos haciendo muchas cosas que nos dan gran satisfacción y nos hacen crecer. No nada más trabajamos para vivir, sino que a veces nos gusta nuestro trabajo y hasta nos divertimos, aprendemos muchas cosas, leemos y compramos libros. Para Jus, México no sólo es un mercado importantísimo, sino el más importante: más de 100 millones de personas que han demostrado a lo largo de la historia que están deseosas de vivir, y una parte importante de la vida transcurre entre las páginas de los libros, se profundiza y explica en esas páginas. Espero de todo corazón que quienes están leyendo esto busquen los libros de Jus en las librerías de la red nacional Educal, que los miren, los toquen, y espero sobre todo que les gusten, que los compren. Sé muy bien que parece utópico, pero lo cierto es que Jus es una aventura en muchos sentidos y sólo podemos esperar que se convierta en un sello que esté en muchas casas y nos dé muchas satisfacciones a nosotros y a los lectores.

Por José Antonio Rogerio Girón - Periodista y redactor de Correo de Libro.

Palabra de editor: los libros de Jus en primera persona

6Trópico de Rafael Bernal

“Este es un libro que simboliza mucho para nosotros. Rafael Bernal, además de El complot mongol escribió Trópico, uno de los títulos que menos se conocen de él y también uno de los mejores. Es una especie de western, pero se desarrolla en Chiapas. Rafael Bernal plantea seis historias, cada una de las cuales es un experimento extraordinariamente riguroso de cómo se puede escapar del infierno, que no es otra cosa que la realidad de México, o más bien la realidad de cualquier lugar atrapado en la violencia. Siempre he pensado que este libro es de los que producen lectores automáticamente. Los relatos son relativamente cortos: sólo les pido a los lectores que prueben con uno y que me digan si no se quedan completamente enganchados con el libro, que además está ilustrado por una artista fantástica, Raquel Cané“.

 

 

3Mala-yerba de Javier Valdez Cárdenas

“Este libro extraordinario aborda el asunto del narco de un modo que es el único moralmente correcto: como una gran tragedia a la que asistimos cotidianamente y que termina permeando nuestra cultura profundamente. Terminamos hablando no sólo del narco, sino como los narcos, vistiendo como los narcos, oyendo la música de los narcos y esa es una parte importante del México contemporáneo sobre la que tendríamos que reflexionar más. Además está escrito con un talento extraordinario por una persona que murió a causa de esa realidad. Para mí es un orgullo haberlo publicado, y leer a Javier Valdez Cárdenas es el mejor homenaje que se le puede hacer”.

 

2Las últimas noches de París de Phillipe Soupault

“El surrealismo es muy nuestro y nos sigue importando muchísimo: una novela surrealista como Las últimas noches de París, aunque parezca raro, es más natural en México que en muchos lugares de Europa. La escribió Phillipe Soupault, que inició el movimiento surrealista junto con André Bretón, y aborda un tema recurrente de la literatura: el modo en que el deseo nos abre el mundo y nos obliga a vivir. Una mujer misteriosa es el centro de la historia; no es un fantasma, desde luego, sino una prostituta, pero se comporta como un espectro que atraviesa París. Es también un imán para el narrador o, para decirlo en términos surrealistas, es un «campo magnético». El París de Soupault no es la ciudad luz, sino la ciudad de las sombras y de los criminales, que curiosamente también es el espacio más propicio para los descubrimientos. Es un libro extraordinario y un París pocas veces visto”.

 

5Una sociedad de señores de Mario Campaña

“Este libro es un muy buen ejemplo del modo en que queremos hacer las cosas en Jus: es un libro sobre la democracia, sobre el pasado y el futuro de la democracia, pero no lo escribió un profesor, así que no es un trabajo académico: es un libro extraordinariamente documentado, impecable desde el punto de vista teórico, pero no va dirigido a los estudiosos, sino a la gente común. Lo escribió un poeta que también es un extraordinario ensayista: Mario Campaña. Parte de una intuición: la democracia, desde sus mismos orígenes, posee un elemento aristocrático, una serie de valores que siempre han estado ahí y que han hecho imposible que el proyecto democrático se realice cabalmente. Sólo hay que pensar hasta qué punto seguimos pensado, por ejemplo, que quien es rico posee una especie de superioridad moral. A partir de esa intuición, Campaña recorre la historia entera de la democracia e intenta imaginar una democracia plena y verdadera que, en su opinión, no vendrá de la movilización política, sino de la transformación de los valores”.

 

4La sangre del cordero de Peter de Vries

“De Vries fue un escritor muy conocido en la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos, admirado por Sylvia Plath, Kingsley Amis y otros grandes escritores de su época, sobre todo por su enorme sentido del humor. Pero su propia vida se tornó trágica en un momento dado y escribió esta novela, que es en gran parte autobiográfica, sobre la desgracia; algo así como una versión moderna del Libro de Job de la Biblia. En esta novela encontramos un personaje en estas circunstancias y hallamos la pregunta sobre cuál es el papel de Dios en la tragedia humana, pero el modo en que se aborda el asunto y las conclusiones que se van sacando son completamente novedosas y enormemente conmovedoras porque se alejan del sentimentalismo y apelan a la inteligencia, a la entereza e incluso al humor”.

 

7Mamá duerme sola esta noche de Agustín Monsreal

“Quiero ver qué joven mexicano no se siente interpelado por este libro que trata de la situación misma de ser joven y también, y sobre todo, de un problema terrible que México sigue arrastrando a estas alturas: el machismo, cuyo origen no puede ser otro que el mito de la “mamacita santa”, que termina impidiendo que veamos a nuestras madres -y a nosotros mismos- como personas. Agustín Monsreal es un escritor con una carrera extraordinaria, pero a mi modo de ver alcanza uno de sus momentos más altos con este libro que está escrito en un estilo que, antes de leerlo, uno pensaría que es imposible. El resultado es agudo, incluso punzante, divertidísimo, conmovedor y profundamente humano; un clásico instantáneo de la literatura mexicana”.

 

9786079409517Los casos de Chelo Gómez de Orlando Ortiz

“No sé si Jus volverá a publicar un libro infantil, pero no podíamos dejar de publicar éste, del gran Orlando Ortiz, un escritor que de verdad es multifacético, y escribió un clásico sobre la represión en el llamado Jueves de Corpus de 1971, así como varias historias para niños. La protagonista es una niña que se llama Chelo Gómez, un nombre que evoca el de Sherlock Holmes. Chelo investiga cosas de niños que, sin embargo, son misterios muy auténticos. Está ilustrado maravillosamente por Raquel Cané, que también colaboró con nosotros en Trópico; utilizó duotonos, como tiene que ser en las novelas negras. Es un libro encantador que recupera el habla de los niños de México de una manera nada artificial”.

 

 

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