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Juan Domingo Argüelles: lector, creador

En los 60 años del ensayista y editor mexicano

Juan Domingo Argüelles. Foto: Especial.

Juan Domingo Argüelles (Chetumal, Quintana Roo, 27 de diciembre de 1958) ha venido realizando con especial esmero durante lustros una obra única, original, hermosa, provechosa, que se abre principalmente en dos vertientes: la de la poesía y la del estudio de la lectura (de poesía y de otros géneros, literarios y no estrictamente literarios). Su poesía establece de inmediato una relación con las cosas del mundo, las naturales y las hechas por los seres humanos con propósitos utilitarios o simbólicos mediante un sostenido y feliz, suavemente intenso tono íntimo que al mismo tiempo sirve para abrirse a aquel mundo primero, originario. Subrayo lo de la inmediatez: hay una tendencia al habla, también sin decaimientos, a lo coloquial, a lo que se cuenta, a lo que se podría contar bajo el cielo nocturno, frente una probable hoguera, en voz segura y templada.

Es más que notable cómo Argüelles ha dado con los ritmos precisos, los compases, casi se diría que los acordes de una poesía que es naturalmente compartida con y por los otros en virtud de su naturalidad, de la destreza con que se han mantenido sabiamente todos los necesarios artificios. En ocasiones, siempre a causa de la maestría de Argüelles, el lector puede escuchar los ecos de la voz mejor de Jaime Sabines o la fuerza sabia de Rubén Bonifaz Nuño. Nunca pierde identidad Argüelles, a la luz que ha sabido asimilar sus ricas lecturas. Pongo un ejemplo, uno de tantos, entre abundantes ramos:

Con piedras y maderas hago mi casa bajo el sol,
la visto de ventanas para que el sol entre a habitarla.
Cierro sus puertas luego de que ha partido el ocaso.
Mi casa cruje bajo la lluvia que ha venido a mirarla.
Mi casa es una tumba cálida en donde vivo yo mi muerte.
Mi casa es el caparazón del armadillo que soy de noche cuando duermo.
Mi casa, en la mañana, abre sus puertas y ventanas a la felicidad.

Argüelles habla al lector, y a sí mismo, como cualquiera puede hablar delante de un paisaje conmovedor por su belleza. Ocurre, empero, que el paisaje que se tiende delante de sus ojos es un paisaje imaginario, interior y por tanto absolutamente real, visible del todo a condición de que nosotros los lectores entremos en plena sintonía con aquellas palabras tan necesarias, naturalmente entrelazadas. En esto último radica la maestría del poeta: se deja ir, permite que lo lleve la corriente que él mismo impulsa y en la que él mismo viaja, y se contiene, evita todo desbordamiento, toda salida de cauce: de tono. El ritmo de los poemas de este poeta es una invitación a un viaje. Se nos pide solamente que mantengamos la mirada alerta, frente a la lluvia, el sol, los símbolos, que vivamos la extraña y a final de cuentas atractiva e ineludible sensación de habitar una “tumba cálida” (la mirada, los versos, las imágenes, la música alejan para siempre todo sitio inhóspito).

Por otro lado, la poesía de Juan Domingo Argüelles mira de frente el dolor, la acechante o de plano muerte presente, siempre inminente, siempre, siempre. En los poemas dramáticos o trágicos, aparecidos en diferentes momentos de esta rica travesía que el autor cumple, también descuella el hecho de que el poeta parece arrastrado por una fuerza emocional incontrolada. Pero tal percepción, pronto lo sabemos, es falsa. En la poesía de Argüelles hay dominio y sensibilidad. Es decir: se trata de verdadera poesía.

En este género la bibliografía de Juan Domingo se engrosa con brillo y sin parar. Cuentan en ella títulos como Yo no creo en la muertePoemas de invierno; Merecimiento del alba; Como el mar que regresa; Canciones de la luz y la tinieblaA la salud de los enfermos; Animales sin fábula o Todas las aguas del relámpago. Poesía reunida, 1982-2002 (UNAM, 2004).

Argüelles, como apuntamos ya, ha venido cumpliendo otra obra necesaria. Ha investigado con lucidez y sin descanso sobre el significado de la lectura en la vida de las personas y de las sociedades, haciendo desde luego énfasis en el asunto en el plano nacional. Documentado y crítico, su trabajo ha de ser siempre provechoso. Y también en este renglón Argüelles ha formado ya una bibliografía vasta e ilumindora, en la que destacan libros como ¿Qué leen los que no leen?; Historias de lecturas y lectores; Ustedes que leen. Controversias y mandatos sobre el libro y la lectura; Antimanual para lectores y promotores del libro y la lecturaDel libro, con el libro, por el libro… pero más allá del libro o Escribir y leer con los niños, los adolescentes y los jóvenes. Breve antimanual para padres, maestros y demás adultos.

Por su extraordinaria obra, Juan Domingo Argüelles ha recibido diversas distinciones: Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta (1987), Premio de Ensayo Ramón López Velarde (1988), Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen (1992) y Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (1995).

Juan José Reyes – Editor y ensayista.

 

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