Home»La gozosa maduración de Alberto Blanco

La gozosa maduración de Alberto Blanco

1120-interior

Celebramos a Alberto Blanco, ganador del Premio Xavier Villaurrutia 2016, con un recorrido por sus libros de poesía, desde Giros de faros (1979) hasta El canto y el vuelo (2016), su volumen de ensayos por el que recibe el galardón.

Alberto Blanco es poeta, ensayista, traductor, ilustrador y músico. Nació en la Ciudad de México en 1951. Su formación académica inició en la Universidad Iberoamericana, donde se tituló como químico con mención honorífica con una investigación sobre sustancias psicotrópicas. Estudió al mismo tiempo filosofía en la UNAM y cursó después estudios de maestría en estudios orientales, en El Colegio de México, en el área de China.

Alberto Blanco, multifacético, siempre ha tenido claro que su trabajo central es la poesía. Para él, el sentido de la poesía tiene que ver “con la capacidad de mantener un estado de observación tan alerta y tan atento que permita captar todas las variaciones de lo que sucede a la velocidad vertiginosa de lo real”.

Su obra ha sido traducida al inglés, francés, alemán, holandés. sueco, danés, búlgaro, rumano, ruso, italiano, japonés y portugués. Blanco fue el primer poeta mexicano al que la editorial City Lights, del legendario beatnik Lawrence Ferlinguetti, le publicó un libro de poesía: Dawn of the Senses.

Cuando Alberto Blanco estudiaba química, además de escribir, se dedicaba también a la música. A finales de la década de los 60, formó parte de la banda de rock La Comuna y posteriormente, a principios de los 80 tocó con Las Plumas Atómicas.

En 1977 recibió su primera beca del Centro Mexicano de Escritores. Su primera plaquette fue Pequeñas historias de misterio ilustradas, con dibujos de Felipe Dávalos. Y su primer libro se publicó en 1979, cuando el poeta ingresó a la Colección Letras Mexicanas del FCE con Giros de faros, que comienza con una reflexión sobre la luz que también puede leerse como una reflexión sobre el inicio de su carrera literaria:

Emblema

La/ luz no/ viene de fuera

Un/ cerillo/ necesita cabeza

Si/ se quiere/ llegar a prender.

Con la cabeza encendida, el poeta comenzó poco a poco a darse a conocer dentro del mundo literario. En 1980 publicó El largo camino hacia ti: “Con la luna entre las cejas, con su paciencia, con las ágatas que guiñan y lo saben: una vez más, río de peces, árbol de cielo, son hojas que nunca volverán…” Este libro sería retomado por el autor, más de una década después, en el inicio de un largo poema en prosa publicado en 1992 bajo el título de Cuenta de los guías, publicado por la editorial Era.

Con Antes de nacer, publicado en 1983, Alberto Blanco volvió a erigir su voz de poeta con una versificación bastante diferente de la utilizada en sus obras anteriores, pero donde seguía prevaleciendo la sinceridad, el humanismo y la originalidad patente en todos sus escritos:

Tiempo antes de que Alberto tuviera su primera hija con su esposa Patricia Revah, realizó junto con ella el libro infantil Un sueño de Navidad; una combinación de textos breves de Alberto y textiles de Patricia. En 1985, y luego del nacimiento de su hija Dana, el poeta volvió a irrumpir con una inconmensurable fuerza con su libro Tras el rayo:

Las jaulas de la creación

Un inmenso cuervo de tinta se desplaza/ por la pantalla plateada de la mente:

la estrella que resplandece sobre el mar/ levanta con las manos el techo de nubes.

Un gato se acurruca en el reflejo/ erizando los brazos de los espectadores.

Un cuchillo corta la luna a la mitad:

Una se puede ver y la otra no: el hombre/ parece concentrarse en este animal imaginario.

Durante 1987 publicó Un año de bondad; una compilación de 52 collages creados por Alberto Blanco como homenaje a Max Ernst. El libro incluye un prefacio en el que el autor comparte con el lector sus estudios sobre el arte del collage. Alberto ha ilustrado con su trabajo de collage las portadas de más de 60 libros de la colección Letras Mexicanas del FCE.

En 1988 recibió el Premio de Poesía Carlos Pellicer por su libro Cromos. El jurado lo calificó como “una obra rigurosa y al mismo tiempo fresca y propositiva”. En este libro intensamente visual podemos encontrar desde versificaciones tradicionales hasta versos libres y formas nuevas.

A este reconocimiento le siguió, en 1989, el Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares por Canto a la sombra de los animales, libro ilustrado por el pintor y dibujante oaxaqueño Francisco Toledo. En Canto a la sombra…, las imágenes sirven de descanso al poema y de esta conjunción nace un nuevo significado, una explicación que tal vez pueda encontrarse en los siguientes fragmentos:

Sombras y luces son/ extremos del paisaje

la voz en la creación/ y el ruido en el lenguaje.

Como el gusano/ que en busca de alimento

desde la pulpa misma del fruto/ cava el paisaje deleitoso de su liberación.

Aunque el amor está implícito en todos sus poemas, en 1992 Alberto Blanco dedicó un libro al tema, llamado Triángulo amoroso, dividido en tres secciones: “Corriente directa”, “Flor izquierda” y “El fiel de la balanza”. Este libro reúne el registro de la experiencia amorosa del autor: placer, dolor, júbilo y oscuridad. La diversidad de estilos y tratamiento se empiezan a convertir en constantes dentro de la obra de Blanco:

Una mujer desnuda se encendía/ reclinada en un diván más rojo/ que la primera aurora del mundo

Agua del Sexo/ Santifícame

Agua de los nenúfares/ Embriágame

Agua de las consolaciones/ Atiéndeme

En ese mismo año, el autor publicó Materia prima, un libro dedicado a una serie de pintores mexicanos contemporáneos y sus obras.

UN POETA DESÉRTICO

Alberto pasó mucho tiempo en Tijuana y vivió una larga temporada (tres años) en la frontera entre Texas y Nuevo México: “desde la ventana de mi cuarto veo montañas que están en Texas, montañas que están en Nuevo México y montañas que están en México”.

Ahí, el poeta “sentía ganas de empatar un desierto interior con uno exterior. Me considero un escritor paciente, voy dejando que cada uno de los proyectos –que trabajo a la manera de los pintores: por series distintas- que cada una de las líneas, que cada uno de esos sentidos, vaya hasta donde quiera ir. Lo que importa es lo que el lenguaje quiere decir a través de mí, ver hacia dónde quieren ir las palabras… todo se vuelve entonces un ejercicio de atención”.

Prueba de esta paciencia, esta contemplación y el doble significado que adquirió para él la frontera, está en el final de Cuenta de los guías, publicado a finales de 1992:

Sentí dos destinos: Sentidos distintos.

Uno que va más allá del patrimonio y el matrimonio de los opuestos;

uno que va del sueño al cuerpo, de la revelación a la revolución;

uno que se puede cifrar y transmitir, medir y descifrar;

uno que va de la pura diversión a la convergencia:

uno que cuenta y uno que canta.

Esta obra está compuesta por cinco libros de 52 textos, lo cual en conjunto hace referencia al calendario ritual mesoamericano de 260 días, el Tzolkin, entre los mayas y el Tonalpohualli, entre los aztecas. En este libro el autor recoge diferentes apreciaciones de los guías, las tradiciones, las fronteras, los viajes y las divinidades.

En 1993 publicó Amanecer de los sentidos. Antología personal. Álvaro Mutis, quien prologa esta antología lo describe así: “el minucioso y amoroso catálogo de instantes, animales, plantas, seres soles y nocturnas revelaciones que nos presenta esta poesía constituye, a mi modo de sentir, un oráculo terrible y un último grito de esperanza. Para decirlo de manera más simple y directa, una oración”.

Como amante de la poesía y traductor, Alberto Blanco se hizo cargo del segundo volumen de la antología Más de dos siglos de poesía norteamericana, traduciendo un gran número de poemas escritos por poetas norteamericanos desde la Segunda Guerra Mundial hasta finales del siglo XX, y reuniendo también traducciones hechas por distintos y distinguidos poetas de la lengua española.

Además, Blanco ha traducido El Dhammapada, el camino de la verdad; y cuatro antologías: una del célebre poeta Allen Ginsberg, otra del poeta y pintor Kenneth Patchen, una más de la no menos célebre Emily Dickinson, y, junto con Pura López Colomé, una antología de los poemas de W. S. Merwin.

En 1995, Alberto se convirtió en el primer mexicano antologado por City Lights Books, la legendaria editorial del poeta Lawrence Ferlinghetti. La antología publicada en edición bilingüe se titula Dawn of the Senses. En una entrevista publicada por La Jornada en 1995, el poeta nos habla del título y del sentido de su poesía:

“Me atrae mucho el doble sentido de la palabra sentido. Un amanecer de los sentidos se puede leer de varias maneras. Sí, el despertar de la vista y del oído principalmente, que creo que son los dos grandes sentidos, o los que más trabajan en la poesía… pero, por otro lado, está el despertar de las direcciones, de los puntos cardinales. Y el despertar de una intención, de un anhelo”.

En 1997, con su libro Las voces del ver, que reúne 42 ensayos, Alberto Blanco habló sobre la pintura, no como un crítico de arte, sino como un admirador apasionado e incondicional de la pintura: “Tal vez al final del camino sólo importe el esplendor que brota de un trabajo completo. La cantidad de energía que se junta en cada obra”.

Después de estas etapas de éxito editorial, el autor pareció quedar redimido ante su trabajo y fue cuando decidió tomar una senda mucho más breve, honda y sintética, en contrapunto con la primera reunión de 12 libros de poesía, El corazón del instante. Su siguiente libro fue Este silencio, colección de haikus y tankas en una edición diminuta (9.9 x 6.7 cm):

Tarde lluviosa

Los árboles me sueñan/ tras la ventana.

Luz en el humo/ deja pasar las formas/ ¡danza perfecta!

Y el reloj de las olas/ se recuesta a soñar.

“El ser humano es el único animal que busca su definición”, escribe Alberto Blanco en el prologo de El hombre: Imagen y semejanza (2003) que reúne las definiciones del ser humano que Alberto ha encontrado y reunido durante 30 años de lectura de poesía.

En 2005, el Fondo de Cultura Económica publica su segundo ciclo de 12 libros de poesía, La hora y la neblina, en la colección Letras Mexicanas.

Sobre el Premio Xavier Villaurrutia 2016 que recibe, la Coordinación Nacional de Literatura del INBA difunde esta declaración del poeta: “Se podría decir que El canto y el vuelo es una reflexión sobre la práctica de la poesía que ha tenido una larga, lenta y gozosa maduración, y que forma, junto con los dos volúmenes previos, un solo libro en realidad: El llamado y el don (2011), La poesía y el presente (2013), y El canto y el vuelo (2016). En este sentido, el Premio Villaurrutia se puede entender como un reconocimiento al proyecto en su conjunto”.

Edgardo Méndez – Periodista y director de Digitall Business.

 

linea