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Los caligramas de Apollinaire: de vuelta a la palabra

A 100 años de la muerte del autor de "Alcoholes"

Guillaume Apollinaire ilustrado por Elena López Macías. Ilustración: Elena López Macías – Domestika.

Leer es, primero que nada, mirar. La lectura implica el acto mecánico de fijar la vista sobre un elemento gráfico que, acompañado de otros de la misma especie, forma palabras, luego frases que adquieren sentido. Poco nos detenemos a mirar las letras que componen nuestra lectura. Están ahí, con sus líneas rectas y sus líneas curvas, se acurrucan, estiran un pie o un brazo, se convierten en serpientes, torres, copas y sillones. Se siguen unas a otras o deciden separarse. Están ahí, las vemos, aunque de tan familiares las hemos dejado de mirar, como el sillón (m) que nos acoge cada tarde o la copa de vino (y) que estamos a punto de llevarnos a los labios.

Los Caligramas de Guillaume Apollinaire (26 de agosto de 1880 – 9 de noviembre de 1918) devuelven nuestra atención a la letra, a su aspecto tanto gráfico como expresivo. La página se convierte en un lienzo virgen y las letras en pinceladas. Cercanos a las artes plásticas toman de ellas la intensidad y la inmediatez, de la poesía conservan la expresión y el significado de la palabra. Precursores de la poesía visual, la publicación de los Caligramas constituyó un parteaguas en la poesía, sin embargo, su aparición no es ajena a otros movimientos artísticos de la época. Apollinaire gozaba de buena reputación como crítico de arte y se codeaba con miembros de las vanguardias francesas. Sus caligramas se inscriben en una corriente que explora nuevas vías de comunicación entre diferentes disciplinas. Mientras Apollinaire convertía sus poemas en pinturas tipográficas, la pintura vanguardista incluía la escritura como elemento visual y expresivo dentro del lienzo.

A México sus comienzos

“Lettre-Océan” (“Océano-Carta”) es su primer caligrama. Se trata de una especie de carta sonora y visual que recoge fragmentos de la correspondencia entre el autor y su hermano, Albert, quien había dejado Francia para instalarse en la Ciudad de México, en 1913. Apollinaire utilizaba distintos medios para comunicarse con su hermano, como la tarjeta postal o la carta, pero también hacía uso de otros más modernos como, precisamente, la “carta-océano”: un mensaje que se transmitía en alta mar de un barco trasatlántico a otro por medio de un telégrafo.

El poema “Lettre Océan” (1914) de Apollinaire. Imagen: Especial.

El barco receptor convertía el mensaje en carta y lo depositaba en la oficina de correos del puerto de arribo. Otro medio de comunicación frecuente era el “mensaje trasatlántico” que se transmitía en clave morse desde la punta de la torre Eiffel. “Lettre-Océan” recrea de manera gráfica los medios de comunicación de la época. Una doble página muestra elementos postales, como “Correos Mexicanos / 4 centavos” y “REPÚBLICA MEXICANA TARJETA POSTAL”, así como fragmentos de direcciones y líneas onduladas que recuerdan a sellos administrativos. Asimismo, ambas páginas incluyen formas circulares y espirales de las cuales se desprenden frases en forma de rayos que representan la transmisión inalámbrica de los mensajes, uno de los círculos representa la torre Eiffel y da su ubicación geográfica: “Sur la rive gauche devant le pont d’Iéna” (En la orilla izquierda del Sena, delante del puente de Iéna); en la otra página un espiral cacofónico y desenfrenado, reproduce sonidos urbanos: los zapatos nuevos del poeta que rechinan “cré, cré, cré”, el autobús “roooo” y la sirena “uu, uu, uu”.

Las imágenes del lado mexicano también encuentran su lugar en la página y aportan color local: “Jeunes filles à Chapultepec” (Jovencitas en Chapultepec) recuerda a algún título de tarjeta postal. También aparecen “Hijo de la cingada” (sic), “pendeco” (sic) con erratas que la versión en español conserva. Al final de la primera página, una frase sorprende por misteriosa: “Bonjour / Anomo / Anora / tu ne connaîtras jamais bien les Mayas” (Hola / Anomo / Anora / nunca conocerás bien a los mayas). Alude a los mayas y no a los aztecas, pueblo imperante en el centro del país a la llegada de los conquistadores. Ningún estudioso cuestiona tal confusión entre culturas mesoamericanas y persiste la duda sobre tal referencia. “Anomo” y “Anora” podrían recordar la sonoridad de alguna lengua prehispánica, pero son probablemente un invento o una referencia entre hermanos.

La publicación de los Caligramas significó para Apollinaire y sus editores un verdadero reto, ya que el dibujo tipográfico implicaba en la época enormes limitaciones técnicas. Apollinaire se quejaba de ello, a la vez que hacía de la restricción una forma de exploración artística. Hoy en día los medios de reproducción conceden una mucho mayor libertad visual y gráfica al texto. Existen ejemplos de interesantes animaciones, como la del caligrama “Il pleut” (Llueve), que se puede ver en este video:

 

 

 

El espejo de la identidad

Guglielmo Alberto Wladimiro Alessandro Apollinaire de Kostrowitzky, hijo de madre soltera, nace en Roma en 1880 y adopta la nacionalidad de su progenitora: polaca dentro del imperio ruso. Las dificultades económicas llevan a la familia de un país a otro en busca de sustento. A los 15 años se instalan en Niza, donde Wilhelm, como lo llama su madre, destaca como alumno y comienza a escribir poemas en francés. Con la determinación de convertirse en poeta francés, adopta pronto un nuevo nombre de pluma. Escoge Guillaume como nombre de pila, y Apollinaire, por Apolón, dios mediterráneo y de la poesía. Este cambio tendrá una gran importancia en la creación de su identidad. Uno de sus caligramas lo confirmará más tarde. En “Cœur couronne miroir” (“Corazón corona espejo”), el espejo lleva, al centro, su nombre de pluma, alrededor del cual se lee:

En este espejo estoy

encerrado vivo y verdadero

como se imagina a los ángeles

 y no como son

los reflejos[1]

El poeta se encierra por voluntad propia en una identidad elegida y verdadera; para desnudarse se pone una máscara y para mostrarse utiliza el lado oculto del espejo.

Apasionado de las letras y las artes, se instala en París en 1989. Ahí comenzará a publicar artículos con los que ganará cierto reconocimiento como crítico de arte; lo caracteriza una visión optimista sobre la vanguardia y un gusto por el arte primitivo. Durante este periodo conoce y mantiene relaciones cercanas con artistas como Matisse, Picasso, Duchamp y Picabia. En 1913 aparece por fin su primer libro: Alcoholes, que lo consagrará como poeta parisino.

 

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Uno de los caligramas de “Poème du 9 février 1915.” Imagen: Wikisource.

La guerra sublimadora

La Primera Guerra Mundial estalla apenas unos meses después de la publicación de Alcoholes; hombres de todas las edades y condiciones son llamados al frente. Apollinaire, consiente de su compromiso con la patria que ha adoptado, se alista en el Ejército. Su nacionalidad de nacimiento le merece el rechazo, sin embargo, una segunda tentativa compensará su sentido patriótico: a finales de 1914, Apollinaire se alista y pide la naturalización francesa. Del periodo de incertitud, antes de su aceptación, data el caligrama “La colombe poignardée et le jet d’eau” (“La paloma apuñalada y el surtidor”), que representa una paloma y un ojo-fuente del que manan lágrimas. El poema es un cuestionamiento afligido sobre el paradero de sus amantes y sus amigos.

La guerra, con sus limitaciones y urgencias, atiza el fuego creativo del poeta, quien durante ese periodo escribe prolíficamente y con una particular intensidad. En Niza conoce a la condesa Louise de Coligny-Châtillon, Lou, a quien dedicará más de 200 cartas, poemas y caligramas. El “Poème du 9 février 1915″ es de una belleza excepcional. En él aparecen seis elementos: un espejo, un cañón, un monumento, un sable, un retrato (de Lou) y una naranja. Un ex voto enamorado compuesto por pequeñas frases escritas a mano y alineadas minuciosamente para formar figuras breves y delicadas.

Reconócete

Esta persona adorable eres tú

Bajo el gran sombrero canotié

Ojo

Nariz

tu boca

Aquí está el óvalo de tu rostro

tu Cuello exquisito

Y aquí la imagen imperfecta

de tu busto adorado

visto como a través de una nube

un poco más abajo está tu corazón que late[2]

El poeta, consiente del valor de su obra, le pide a su amante que guarde cuidadosamente su correspondencia en vistas de una futura publicación. Esta petición se renovará más tarde con Madeleine, con quien vive un amor carnal e idealizado durante poco más de un año. Los encuentros con ella rescatan el candor de las Once mil vergas; sus epístolas y “poemas secretos” son eróticas llamas de amor ardiente.

Otros gramas

Con el tiempo el poeta explora otras formas de “invadir” la página, así aparecerán entre su obra poemas donde son los espacios los que dibujan figuras, como en “Les Cigalles” o “Pablo Picasso”. Otros poemas incluidos en la antología no se dibujan con formas, pero recurren a una estética que rompe con el verso tradicional y el orden canónico de la página.

Cien años después de su publicación, los Caligramas de Apollinaire resultan aún modernos y necesarios. Son una vuelta hacia lo esencial, hacia el sentido primigenio de la palabra escrita, que es representar la realidad.

Mariana Marsal - Escritora, editora y consultora en innovación educativa.


[1] Traducción libre de la autora del artículo.

[2] Traducción libre de la autora.

 

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