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Marco Aurelio Carballo in memoriam

Foto: Especial

Marco Aurelio Carballo (Tapachula, Chiapas, 1942 – México, D.F., 2015) falleció justo cuando la novela que estaba escribiendo llegaría a su centésima entrega. Una última entrada en “Diario de un reportero neuras”, su blog desde 2008, informa como un epitafio virtual, que tras rebasar la línea de los cien posteos, la página desaparecerá. Así, el destino de los escritos de Marco Aurelio, sus crónicas, reseñas y cuentos, quedará en manos de sus editores y de quienes conviertan en libros su copiosa labor escrita.

Nacido en Tapachula, la vida de Carballo estuvo ligada a las tradiciones chiapanecas pero su talento sería reconocido en la Ciudad de México. Apodado como el Vargas Llosa chiapaneco por su estilo de escritura, el cuidado artesanal de la prosa, y el constante regreso a la ciudad natal, Carballo escribió cuentos como los de  La tarde anaranjada (1976), La novela de Beethoven y otros relatos (1986), Los amores de Maluja y otros cuentos  (1994).

Su labor más reconocida como escritor fue la de periodista. Carballo participó en algunos de los proyectos editoriales más relevantes de su época (él mismo ganó el Premio Nacional de Periodismo en 1997, y el de crónica en 1998). Desde sus inicios en revistas como Época, Punto y Aparte, en periódicos como La Prensa, hasta su colaboración con el diario unomásuno, Carballo se hizo una reputación como cronista, reseñista y entrevistador.

En Morir de periodismo relata la vida cotidiana y secreta del periódico unomásuno, periódico que se distinguió, entre otras cosas, por su suplemento cultural sábado (ambos titulados con minúsculas), que reunió a las mejores plumas, a un editor legendario como Huberto Batis y a críticos distinguidos como Federico Patán.

También escribió novelas que se cruzan con el periodismo como Soconusquense, Polvos ardientes de la segunda calle (1990), Crónica de novela (1992); y también crónicas como En letras se rompen géneros (1993), Un perro en el metro y otras crónicas (1996), y Mamá estaba loca y otras turbocrónicas (2005).

Este último título es de especial importancia por las “turbocrónicas”, fragmentos en donde se cruza el diario, la columna de opinión, la reseña literaria, los aforismos o lo que se le presentara en su momento a Carballo. Este género dentro de su obra, que también aparecían con los nombres de “Garbanzos de a libro” o “Figuras de la semana” en diversos diarios, fue el que conformó las fase final de su escritura.

Las entrevistas que le hizo a personajes como Juan Rulfo, Julio Cortázar, Jaime Sabines o Gabriel García Márquez fueron reunidos en De Quijotes y Dulcineas, un volumen que sintetiza mucho de lo que fue la vida y la obra de Carballo. Tanto por el nombre, una referencia a la centralidad de Cervantes el canon de la literatura panhispánica, y por el placer de narrar.

 

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