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Martín Lutero y los 500 años de la Reforma Protestante

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Monumento a Lutero en su ciudad natal, Eisleben, Alemania. Foto: Frank Mary/AP Images.

También a mí me concierne lo que dijo Homero: No procedo de encinas ni de rocas sino de hombres.

Platón, Apología de Sócrates, 34d

El ser humano puede definirse como el animal que tiene religión. Pasa su vida ejercitándose en alabar e invocar a su Dios y construye su vida a través de la fe. Con el triunfo del monoteísmo, y el colapso del mundo pagano en Occidente, inicia la historia del gobierno de la piedra sobre la cual se edifica la Iglesia Cristiana (Mateo, 16:18). [1]

Desde entonces el cristianismo entendió la religiosidad de los hombres como dos caminos. O se elige la vida del anacoreta en el desierto o se elige el enclaustramiento monacal en Iglesias y Universidades. Es ésta última sobre la que el pensamiento medieval trabajó pacientemente para unir la fe y la razón, conciliar la devoción con la salvación y gobernar desde la Iglesia.

En continuidad a los esfuerzos individuales —entre ellos, los del Cardenal Cisneros, Nicolás de Cusa, Tomás de Kempis, Groote, quienes mediante sus escritos rebatieron la univoca interpretación de las Escrituras— que desde el siglo XIV se diseminaron por diferentes países cristianos, a inicios del siglo XVI un conjunto de padres albergaron la convicción de que la palabra de Dios debía extenderse entre los fieles y transformarse la auctoritas de la Iglesia romana. Al final de la Edad Media, un hombre de fe, propició y aceleró la transformación de la Iglesia.

Dr. Martinus Luther —como firmaba las cartas— nació en el seno de una familia dedicada a la industria minera. Su padre, Hans, tenía intenciones de que su hijo estudiase derecho. Sin embargo, producto de un episodio de conversión, Lutero se dedicó al estudio de la teología y se ordenó sacerdote en la Orden de San Agustín en Erfurt (1507). Después de pasar un periodo corto en Roma, se instaló en la modesta Universidad de Wittenberg al norte de Alemania, donde culminó su doctorado en Teología e inicio su labor como profesor. Ahí se dedicó al aprendizaje de las lenguas hebrea, griega y latina además de avocarse a la lectura atenta de las Escrituras.

Antes de la fecha crítica de 1517, Lutero estaba sumergido en preocupaciones por el estado de su alma. No era un académico en el sentido robusto de la palabra, sino un monje profundamente sumergido en una lucha consigo mismo. Su vida, entre 1505 y 1515 estuvo marcada por la indagatoria de la piedad y misericordia de Dios. Antes de convertirse en profeta y reformador, fue un místico que practicaba el ayuno, como afirma Lucien Febvre en Martín Lutero, Un Destino.

Ante esa situación de quietud en el alma, la prédica del padre dominico Johannes Tetzel autorizado por el Papa León X, causó irritación en el alma de Lutero. Tetzel anunciaba el perdón de los pecados y la obtención del Cielo a todo aquel que por un sentido arrepentimiento comprase una indulgencia. Entre 1516 y 1517, el sacerdote agustino, escribió diferentes cartas y sermones denunciando la venta de indulgencias como medida recaudatoria corruptora de Roma y como medio que facilitaba el arrepentimiento, eludía el acto de la confesión y obtenía la salvación del alma sin una profunda meditación interna. Estas aparentes pequeñas divergencias con la Iglesia central de Roma resultaron en breve tiempo insalvables.

Si seguimos la tradición narrativa más difundida sobre el origen del protestantismo en Occidente, la noche previa al día de Todos los Santos, el 31 de octubre, Lutero clavó en la puerta de la Iglesia de Wittenberg sus 95 tesis. Lo más seguro —afirma Lyndal Roper en Martín Lutero, Renegado y Profeta— es que independientemente del acto de clavar las Tesis, Lutero le envío las afirmaciones al obispo Alberto de Brandenburgo para que fijara su postura con respecto a la venta de las indulgencias como medio para ganarse la salvación y el perdón de los pecados. La tardanza en la respuesta por parte del obispo más poderoso de Alemania y la amplia difusión que lograron las 95 tesis por todo el territorio alemán aceleró la escalada de la polémica en conflicto.

Las 95 afirmaciones están escritas en latín y están enunciadas como proposiciones. Fueron traducidas al alemán y gracias a la imprenta, tecnología inventada tan sólo un siglo antes, se difundieron con facilidad entre la población. Las tesis donde habla de las acciones recaudatorias del Papa en Roma son algunas de las más severas. Por ejemplo, la tesis quinta: “El papa no quiere ni puede remitir culpa alguna” que obligue a la compra de una indulgencia para el perdón de los pecados. La confesión cristiana consiste en una labor de purificación al señalar los pecados que tiene cada hombre consigo mismo, hacia el prójimo y hacia Dios.

El pensamiento de Lutero era riguroso con la aplicación de la Sagrada Escritura. La proposición más severa, con respecto a la venta de indulgencias, es la 21, dice a letra: “Yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto […] a causa de las indulgencias del Papa”, ya que ni el arrepentimiento de la pena y la culpa son exclusivas de las indulgencias como después afirma en la máxima 36. Lutero estaba convencido de que uno de los deberes de la Iglesia debía ser la enseñanza de la lectura de las Escrituras. Para leer la Biblia la población debía saber las lenguas en las que estaba escrita, el griego o el latín, pero la mayoría de los feligreses era analfabeta.

Las 95 tesis no son el texto base de la Reforma. La escisión de Lutero con respecto a la Iglesia Católica es visible a partir de tres textos del año 1520 donde presenta la propuesta de un modelo alternativo de Iglesia, cuyos títulos son: A la nobleza cristiana. La cautividad  babilónica de la Iglesia y Acerca de la libertad cristiana. Los tres escritos corresponden a la respuesta de Lutero a la curia romana de 1519 que lo demandaba retractarse de sus creencias.

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Fragmento de las 95 tesis impresas como pancarta en Nuremberg en 1517, actualmente conservada en la Biblioteca Estatal de Berlín. Imagen: Wikipedia.

El 12 de agosto de 1520 se publicó A la nobleza cristiana, un éxito inaudito en la historia de la imprenta alemana. En una semana se agotó la edición de 4,000 ejemplares y se comunicaron los postulados con singular ímpetu entre la población.

La primer sentencia que da constancia del desafío y separación de la teología luterana frente al poder en Roma dice así: “Ya ha pasado el tiempo del silencio y ha llegado el tiempo de hablar, como dice el Eclesiastés” (Eclesiastés, 3:7). La respuesta de Lutero no aclaraba su postura, sino que elaboraba una construcción teológica para los verdaderos creyentes de la fe. Entre sus afirmaciones más destacadas encontramos la prescripción de una Iglesia invisible en vez de una Iglesia visible. Negaba la autoridad episcopal y papal —Lutero consideraba el título de Papa como el Anticristo— y honraba a cada cristiano como sumo sacerdote. Estas posiciones, naturalmente, incomodaron al poder romano. Cobra relevancia que estos primeros escritos delinean el perfil de Lutero idealista, decidido, mordaz y astuto que con el tiempo madurarán para definir al Lutero reformista.

Estos escritos radicales, en el sentido que tiene el adjetivo de cambiar de raíz los cimientos sobre los que está construida la Iglesia romana,  delinean el perfil de un Lutero, idealista y profeta, escribano y amigo del humanista Erasmo de Rotterdam. Su tarea más acuciante en esos días fue la de defenderse de las acusaciones provenientes de la alianza del Emperador Carlos V con el Papa. Bajo la emisión de una bula papal se conminó a Lutero al arrepentimiento en un plazo de 60 días. La fecha límite para presentar su arrepentimiento era el 12 de Diciembre. La reacción de Lutero fue quemar la bula. La respuesta papal no se hizo esperar. Para enero de 1521, en audiencia frente a la Dieta Imperial de Worms, se solicitó al sacerdote retractarse de sus escritos y pensamientos. Lutero se amparó en Dios y en la fuerza de la fe y se declaró preparado para soportar el castigo por la libertad de creer en Dios. El Papa León X, en consecuencia, lo declaró hereje.

En cinco meses, de agosto de 1520 a enero de 1521, Lutero trastocó a la Iglesia romana y encabezó la Reforma Protestante. Su carisma de hombre de letras se extrapoló en sus postulados reformistas. Lutero nunca abandonó sus convicciones de aterrizar la palabra de Dios en el corazón de los fieles y eliminar las jerarquías eclesiásticas en la comprensión de Dios.

Declarado hereje, Lutero permaneció bajo el resguardo de Federico el Sabio en su castillo de Wartburg, y dedicó su tiempo a la traducción de las Sagradas Escrituras a la lengua alemana. Con esa titánica labor consiguió que el pueblo alemán leyera de manera directa la palabra de Dios y, además, logró marcar el inicio de la construcción de una nación prospera, trabajadora e industrializada.

Por otra parte, en Wittenberg, el padre Philipp Melanchton, junto a otros sacerdotes, comenzó a reunir a la población y enseñar las revelaciones de la Escritura bajo la asesoría de Lutero, con quien se comunicaba por medio de cartas. Estas acciones marcan el rompimiento con la perversa autoridad romana y el nacimiento de la religión evangélica luterana. Y así como en el frontispicio había escrito Platón que se mantuviera alejado todo aquel que no fuera un espíritu matemático, así podría escribirse sobre la energía luterana clavada en la Iglesia de Wittenberg: manténgase alejado quien no se haya regocijado en la fe de Cristo.

Con las disposiciones teológicas de 1520 que iban desde el reconocimiento de dos sacramentos (el bautismo y la Cena, solamente) hasta la construcción de la autoridad secular del 1523 (Sobre la autoridad secular. Hasta dónde se le deba obediencia), pasando por la disminución de la jerarquía eclesiástica y la reasignación de la labor sacerdotal, Lutero propició el movimiento protestante que desembocó en la división de Europa y dio paso a la transformación del poder de la Piedra en al poder de la Tesis (como Letra clavada que después fue masificada por la imprenta) en diversos países.

La velocidad de la historia nos ha hecho olvidar un dato importante. No fue sino hasta el 1529, cuando en la Dieta de Spira aparece por vez primera la palabra protestante. Para ese entonces, el desacato de Lutero ante la Iglesia Occidental era definitivo. Lutero, aunque seguía siendo sacerdote cristiano, estaba casado con Katharina von Bora y tenía descendencia.

Los abusos de la autoridad eclesiástica romana generaron un hervidero de esfuerzos destinados a reconsiderar los fundamentos más íntimos del cristianismo. En la figura de Lutero convergen la fe en tanto que inteligencia, la vida en tanto que historia, la protesta en tanto que propuesta, el lector en tanto que traductor. No existe separación de conceptos, no puede ser un hombre de fe e inteligente, lector y traductor: es ambas cosas al mismo tiempo. Y lo es porque su vida es inseparable de la historia como su fe inseparable de la teología.

La enseñanza de Lutero es profunda: nadie puede desechar su pasado, y menos aún, las instituciones. Ni siquiera san Agustín se atrevió a olvidar su pasado al recordarlo en sus Confesiones. Hace más de 500 años, el 10 de Noviembre de 1483, nació Martín Lutero, a quien concierne la misma antropología que anuncia Homero: no procedo ni de encinas, ni de rocas, (ni del cielo), sino de hombres.

Fabián Martínez Becerril – Escritor.


[1] Mateo:16:18: Yo también te digo, tu que eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia (Et ego dico tibi quia tu es Petrus et super hanc petram aedificabo ecclesiam meam et portae inferi non praevalebunt adversum eam).

 

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