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Noir: A la caza de la literatura negra

Una breve historia de la novela negra en torno al Festival Huellas del Crimen 2017
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Una de las viñetas de la nueva versión ilustrada de “El complot mongol” de Rafael Bernal, con guión de Luis Humberto Crosthwaite y dibujos de Ricardo Peláez Goycochea. Ilustración: Fondo de Cultura Económica.

Basta con que narremos los elementos que se encuentran en un cuadro de Edward Hopper para que empecemos a ver cómo se dibuja frente a nuestros ojos la trama de una novela negra. Es de noche en una cafetería norteamericana, lo que popularmente se denominaría un dinner. En la barra se encuentran tres individuos ensimismados: una mujer vestida de rojo y dos hombres. Parece que son una pareja y que el tercero los observa. Frente a ellos se encuentra el barista. Reina el suspenso.

El término “noir” que se traduce como “negro” u “oscuridad”, se ha usado desde hace casi dos siglos para denominar eso que Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares denominaban como “policial” y otros como “policial negro”. Desde que Edgar Allan Poe escribiera su trilogía del detective Auguste Dupin -compuesta por “Los crímenes de la Calle Morgue”, “El asesinato de Marie Rogêt”, “La carta robada”- el género policiaco ha retratado la parte más explícita de la oscuridad y la maldad terrenales. Arthur Conan Doyle terminaría de perfilar este género al dotarlo de sus tres componentes clásico: un detective privado con pasiones exóticas (encarnado en Sherlock Holmes) , un crimen aparentemente insoluble y una solución racional que excluye elementos sobrenaturales. Desde ese entonces la novela negra se ha movido a través, alrededor y en contra de ese núcleo narrativo.

Un segundo ciclo evolutivo comenzó en el siglo XX, donde el género adquirió su representativo argot callejero, directo y crítico, es decir se tiñó de negro. Tras la Primera Guerra Mundial, las editoriales francesas Série Noire y de la revista Black Mask fueron campos de experimentación para obras de lenguaje que se vuelve coloquial y directo, hard boiled. Se ha perdido la fe en el orden y los límites entre lo justo e injusto se desdibujan. Gobierna la criminalidad brutal y la corrupción es la ley. Sobresalen pulsiones freudianas de violencia y sexualidad. Es posible argumentar que el núcleo crítico no es la resolución del crimen sino una radiografía de la sociedad. Sus héroes son antihéroes, personajes que a pesar de que socialmente podríamos clasificar de fracasados y nihilistas; son solitarios y la vida los ha desencantado. Pocos consideran que un héroe que se deja la barba más de tres días y toma de una taza whisky-pocas veces café- pueda triunfar. Empero la novela negra nos invita a ponernos en los pies de estos personajes cuya brújula interna los impulsa a buscar los imposibles y triunfar en terrenos que a otros les derruiría el sistema nervioso. Se puede decir que las plumas que caracterizan esta época son Dashiell Hammett y Raymond Chandler.

Explica el editor James Ellroy a la revista The New Yorker: “la mayor parte de la ficción de misterio se centra en el detective, la ficción negra se enfoca en el villano; los protagonistas en la novela noir son oscuros y condenados, son los perdedores; pesimistas y sin esperanzas. Si tienes un ojo privado, éste es el héroe; y va a resolver el caso atrapando al villano. Es un final feliz, pero no es un final noir”.

La evolución del estilo sigue una estructura zigzagueante, mas siempre en crescendo. Pasa de la resolución del crimen, a la crítica incluyendo temas que rompen las barreras sociales tales como el feminicidio. Actualmente ha brincado de las tierras anglosajonas y francas a dos sociedades geográficamente dispares, pero con un acercamiento a la realidad fronterizo: las sociedades latinoamericanas y nórdicas.

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“Nighthawks” (1942) de Edward Hopper, óleo sobre lienzo. Imagen: The Art Institute of Chicago.

Llegados a este punto. ¿Qué depara la literatura negra para los lectores del siglo XXI? Por un lado, el de nuestro continente, el boom latinoamericano de la novela negra se encontró con una prosa que aborda temas cada vez más heterodoxos, de acuerdo al autor Horacio Convertini, caminos que vibran en la realidad de la región, como son el espionaje, el narcotráfico, la violencia cotidiana y la corrupción. En la voz latina se integran la crónica, la denuncia y exploración de las motivaciones detrás de los crímenes que se leen día a día en los diarios de la nación. Entre los autores más populares están el cubano Leonardo Padura, el brasileño Rubem Fonseca, los mexicanos Paco Ignacio Taibo II y Élmer Mendoza, así como los argentinos Osvaldo Soriano y Mempo Giardinelli.

El autor Carlos Cortés explica al diario La Nación que una de las diferencias del género en esta zona es que “tiende a revertir completamente los valores. Ya no se trata de la búsqueda de la verdad ni de valores identificados con la justicia, sino todo lo contrario. El crimen sí paga y los malos terminan ganando, de alguna manera”.

Un ejemplo del estilo escandinavo es la obra de Stieg Larsson, Jo Nesbø, Camilla Läckberg e Yrsa Sigurðardóttir. A los nórdicos se les atribuye una prosa clara, directa y realista. El tema de la mujer en la novela negra es uno de los múltiples cambios que se han notado. Tradicionalmente el género ha representado a la mujer como femme fatale, presentándola como un elemento peligroso. Si el héroe es oscuro, la mujer mucho más. Novelas como las de la serie Millenium de Stieg Larsson introducen historias en las que se busca construir personajes femeninos multidimensionales y otorgan un papel que va más allá de la sexualidad. Otro tema que se entreteje en la narrativa escandinava es la crítica al sistema político y la falta de integración de los migrantes. Pareciera que los autores quisieran decir que lo único blanco en sus tierras es la nieve

La literatura negra invita a descubrir qué se esconde detrás de la sociología de cada nación, sorprendiendo una y otra vez con el hecho que en el arte las fronteras geográficas pocas veces son absolutas. No es sorpresa alguna por lo tanto que su camino se entrecruce con el cine. Disfruta de un análisis crítico y multicultural al género en el segundo Festival Internacional de Novela Negra Huellas del Crimen, que organizan en conjunto la Secretaría de Cultura del Gobierno Federal y el Gobierno del Estado de San Luis Potosí, y que se lleva a cabo del 1 al 3 de septiembre.

Myhrra Duarte - Comunicóloga especializada en cultura.

 

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