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Páginas de Espuma: una familia del aire

Una conversación con el editor Juan Casamayor
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El editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor. Foto: (c) Lisbeth Salas-Páginas de Espuma.

Hace casi 20 años, la militancia de Juan Casamayor y Encarnación Molina por abrir nuevos espacios a los lectores cristalizó en Páginas de Espuma, proyecto editorial abocado a publicar autores clásicos, consagrados y emergentes, cuyo punto en común es hacer literatura que queda dentro de los márgenes del género del cuento. Este año reciben el Premio al Mérito Editorial que otorga la FIL Guadalajara, el encuentro más importante de la industria editorial hispanoamericana. Los organizadores de la feria otorgan el galardón a Páginas de Espuma porque “ha logrado vincular escritores y lectores de ambas orillas del Atlántico”.

Para Juan Casamayor, la mitad de Páginas de Espuma que aparece con mayor frecuencia para atender a la prensa, su editorial ha sido el punto medio del puente en que se encuentran dos intereses que tienen como epicentro al lector: por un lado, un momento creativo y saludable del género del cuento en Latinoamérica; por otro, una mirada novedosa desde una pequeña parte de la industria editorial española hacia la región, que procura entender las realidades de 19 países que comparten geografía e idioma, pero cuyas notas particulares los convierten en universos distintos.

Juan Casamayor y su familia estuvieron hace apenas unos meses en México, donde acompañaron al tapatío Antonio Ortuño para promover el volumen de cuentos La vaga ambición (V Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve). Siempre que visita nuestro país, Juan cosecha y devuelve el cariño que le tienen escritores, editores y libreros.

Con motivo del anuncio del premio, llamamos a Juan a su casa-oficina de Madrid, un día antes del temblor que sacudió a la Ciudad de México. Ya de vuelta a la normalidad en nuestra ciudad, recuperamos esa conversación con uno de los editores más relevantes del panorama de nuestra lengua.

Quienes otorgan el Premio FIL dicen que Páginas de Espuma “ha logrado vincular escritores y lectores de ambas orillas del Atlántico”. Este proyecto editorial está por cumplir 20 años y es ya un referente en la industria editorial de Hispanoamérica. ¿Se pensó en esa posibilidad al inicio?, ¿se abre un nuevo panorama ahora?

—Al principio no hubo ese objetivo, no porque no se pusiera encima de la mesa, sino porque cuando una editorial da sus primeros pasos, en ese gatear torpe uno no se pone a pensar en hacer un espacio lector entre dos orillas, ni mucho menos ser un factor entre muchas otras iniciativas editoriales. El compromiso latinoamericano se ha construido con un progresivo acercamiento desde los dos lados. Nosotros nos hemos aproximado a partir de un catálogo que reúne escritores latinoamericanos, sobre todo sustentados por una lectura previa de la literatura de esa región; posteriormente los viajes, las estancias y las conversaciones, no sólo con interlocutores editoriales, sino también con libreros, taxistas, meseros… Los puentes no se construyen sólo de un lado, porque se irían abajo. Se empiezan a construir de ambos lados y llegan a un punto de encuentro. Somos una editorial que ha conseguido un papel activo dentro de un panorama donde unos pocos editores se oponen a que todo sea de una sola manera. Lo que definitivamente explica que un proyecto sea hispanoamericano es que su catálogo respire literatura de dos orillas, no sólo geográficas, sino de concepto.

Los escritores latinoamericanos se acercan cada vez más a las editoriales españolas, que aun miran el mercado de nuestra región de un modo diametralmente opuesto al concepto de Páginas de Espuma. ¿Cómo percibes tú esa mirada que tiene la industria española hacia países como México?

—El discurso que predomina en la industria española es el de no ver. Para empezar, quiero decir que yo quiero trabajar y tener lectores en Latinoamérica. Para un editor español promedio, Latinoamérica no existe, o existe de una manera equivocada. Creer que se puede entrar a ese mercado desde un despacho es inverosímil, por no decir increíble. Latinoamérica, para un editor, debe ser 19 realidades distintas y parejas radicalmente, eso la engrandece y la dificulta a la hora de circular y mover catálogos, libros y autores. La industria española no ve esas diferencias y no profundiza en cada uno de los países. Creo que esa es una obligación ineludible de cualquier agente cultural que desee relacionarse con un ámbito geográfico donde sí hay una nota en común que es el idioma, pero hay muchas más notas que nos diferencian. Páginas de Espuma trabaja y subraya ese esfuerzo. El premio que nos da la FIL subraya una plenitud, un esfuerzo de trabajo con Latinoamérica. Creo que esta posición de ser una especie de catalizador de la literatura latinoamericana hacia la industria editorial española se debilitará en la medida en que haya una explosión de editoriales independientes, como las del Cono Sur o de México, y cuando las editoriales de España aprendan a convivir con esa nueva realidad editorial, para verla con sus lectores, sus librerías y todas sus políticas culturales. No es fácil, pero ese es el esfuerzo que se debe acentuar y prodigar.

Para explicar tu trabajo como editor de cuento recurres a la palabra “militancia”, que en tu caso te ha llevado a emprender trabajos titánicos, como reunir y clasificar los cuentos completos de Chéjov, Zola, Pessoa o Balzac. En ese nivel de militancia, ¿se piensa en los lectores o en el mercado editorial?

—Como bien lo dice una colección de nuestra editorial que se llama Pequeñas Resistencias, proyectamos una militancia a favor del cuento, no desde un punto de vista literario, porque Páginas de Espuma no ha venido a enriquecer literariamente al género, que ya de por sí es muy grande. Yo veo que Páginas de Espuma ha venido a engrosar esa riqueza con nombres contemporáneos, de trayectoria, del aquí y el ahora, en nuestro idioma, cosa que me parece un compromiso ineludible de un editor: comprometerse con los creadores con los que te ha tocado vivir.

Si pensáramos únicamente en el mercado editorial no nos habríamos embarcado en traducir 5 mil páginas en ruso, editarlas en cuatro volúmenes con una inversión titánica, que ponía en juego a la editorial. Quizá hubiera sido más fácil sacar una bonita antología de los mejores cuentos de Chéjov, que se hubiera podido vender muy bien, pero el lector en español nunca había tenido a Chéjov completo y ordenado cronológicamente. Ahora sabemos cómo y cuándo escribió Chéjov, cosa que no sabíamos sus lectores en español. Eso se alía más con el ideal de crear un espacio lector en torno al cuento que con el de vender. Sabemos que Chéjov y Poe son marcas y se pueden vender bien, pero hemos visto pasar otros proyectos tan comprometidos como los que han hecho Mauro Armiño detrás de Balzac, Schwob, Zola o Maupassant; o Paul Viejo detrás de Chéjov. Sigue siendo un compromiso literario con el cuento lo que nos empuja.

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De izquierda a derecha: Juan Casamayor, Antonio Ortuño y Ana García Bergua durante la entrega del Premio Ribera del Duero en la Ciudad de México al libro de cuentos “La vaga ambición”. Foto: Correo del Libro.

Veinte años pueden ser pocos para el ritmo con el que se mueve la literatura, sin embargo ¿percibes características que dominen o marquen al cuento contemporáneo en español?

—En primer lugar quisiera decir que el cuento en español está pasando por un momento extraordinario. Partimos de que hay un buen momento creativo. Es verdad que 20 años es poco para hacer una valoración, porque el tiempo es en definitiva el gran juez de la literatura. Pero podemos albergar la esperanza de que hay más lectores de cuento hoy que los que había a finales de los años 90. Eso es una realidad que un editor no se atrevería a negar. También creo que ahora los escritores merodean más las posibilidades del género. Estamos en un momento en que al cuento le han estallado las costuras. Hay escritores de muchas zonas geográficas que exploran formas que se aproximan a la novela, o que son conjuntos fragmentados de microcuentos, o que están ordenados como diccionarios, eso por hablar de un tema meramente de arquitectura. Llama mucho la atención que en estos primeros años del siglo XXI el cuento está muy vivo.

Luego hay otra irrupción que a ver a dónde nos lleva, que es la de la mujer que escribe cuentos. Esto es un elemento que se ve en países latinoamericanos y también aquí en España. Se podría decir que todas de algún modo distorsionan lo cotidiano para llevarlo a un punto de la escala de lo fantástico. Esto es una nota que se ve en varias escritoras y me interesa. La última característica que mencionaría es el cuento que ha eliminado la narración o la acción, el cuento sinestésico, que no sucede sino que se siente o percibe. Ese cuento también está revalidando su espacio en la narrativa breve en español. Me quedaría pues con ese interés estructural por descubrir nuevas facetas del cuento, esa nota de género que es muy destacable. El último libro del escritor español Eloy Tizón, único y tremendo, se llama Técnicas de iluminación, y tiene que ver con esa nueva investigación. El cuento es una técnica de iluminación después de todo.

Para un lector que no está familiarizado con la FIL Guadalajara y el entorno de la industria editorial, ¿qué le dirías sobre el género del cuento?

—Le diría que el cuento es cierta suerte de juego de complicidades entre la lectura que hace el lector y la escritura que hace el cuentista. Y en ese umbral está el placer de leer, de leer los cuentos.

¿Cómo le explicarías qué es Páginas de Espuma?

—Páginas de Espuma es un montón de cariño que hay dentro y fuera de estas paredes que albergan a la editorial. Te aseguro que eso es lo que el premio nos reconoce: todo el cariño de lectores que no conozco, de escritores del catálogo, de gente que trabaja en la editorial, de escritores magníficos a los que he tenido que decir que no, porque quizá no era el momento o me gustaba más otro libro. El mundo de la prensa, las librerías, los distribuidores, se han volcado para impulsar este proyecto. Tenemos un libro magnífico de un periodista, construido a partir de entrevistas a cuentistas españoles importantes que se titula La familia del aire. Esa es una buena definición de Páginas de Espuma: somos una familia del aire.

Carlos Rojas Urrutia – Gerente de mercadotecnia de Educal

 

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