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Philip K. Dick: La ciencia trascendental de la ficción

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PKD, un androide diseñado por artistas, programadores, ingenieros y académicos literarios con el propósito de crear un robot tamaño humano capaz de emular en voz y discurso a Philip K. Dick. Foto: Hanson Robotics.

Más allá de la pluma y la máquina de escribir o, en términos contemporáneos, la computadora, el escritor tiene como principal herramienta de trabajo la palabra, lo que la gnosis cristiana llamaría el “logos”, o el hinduismo, el primordial “Om”. Philip Kendrick Dick (Chicago, 16 de diciembre de 1928 – Santa Ana, 2 de marzo de 1982), prolífico escritor de ciencia ficción, aclamado por la crítica internacional como uno de los mayores exponentes del género en el siglo XX, hizo de la mezcla sutil de realidad e invención la base para crear obras que hoy parecen profecías del mundo contemporáneo.

A Philip K. Dick le fascinaban los tiempos posibles. El enclaustre de su obra en el tema de la realidad y lo que constituye a un auténtico ser humano dio como resultado novelas como Ubik (1969), que trata de un hombre a quien le roban y le borran su identidad, poniendo sobre la mesa una idea: “¿quiénes somos más allá de nuestras credenciales y nombres?”

Dick estaba entregado por entero a la escritura de ciencia-ficción, con ello a lo largo de su vida publicó un total de 44 novelas y 121 historias cortas, la mayoría de ellas en cómics o revistas como The Magazine of Fantasy and Science Fiction (1955), donde publicó su primer cuento: “Lotería solar”.

Un total de ocho de sus relatos cortos y cinco de sus novelas se adaptaron cinematográficamente, desde 1999 hasta 2017. La más famosa de todas fue ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968), cuya versión fílmica se estrenó en 1982 bajo el nombre de Blade Runner, dirigida por Ridley Scott. La cinta tuvo tanto éxito que Philip K. Dick fue  señalado por la crítica cinematográfica —y también por la literaria—, como el nuevo gran exponente de la ciencia ficción contemporánea. Paradójicamente, Philip había fallecido ese mismo año, tres meses antes del estreno de la película, convirtiéndolo en sujeto de una inesperada fama póstuma.

La obra de K. Dick es muy amplia, para adentrarse en ella Gregg Rickman, uno de sus biógrafos, proponía dividir la vastedad de la obra de Philip en tres etapas: La primera (1951-1960), la fase política, que abarca desde los primeros cuentos hasta Confesiones de un artista de mierda; la segunda (1962-1970), la metafísica, donde se ubican obras como El hombre en el castillo y Fluyan mis lágrimas, dijo el policía; para terminar con la etapa mesiánica (1974-1981), desde la experiencia VALIS (1981) hasta la publicación de Exégesis (2011).

Sin ahondar en sus influencias filosóficas producto de sus estudios (truncados) en la Universidad de Berkeley, la manera más adecuada de acercarse al trabajo de Philip es ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, parte fundamental y puente entre su primera etapa como escritor con tintes políticos, y los toques metafísicos dentro de la novela que después darían paso al periodo mesiánico.

Dick nunca dejó de abordar dilemas de la conciencia humana y la realidad a lo largo de su obra, en gran medida los frutos de sus estudios en Berkeley, pero también por su estudio de la teología y la teosofía, gracias a los cuales logró adentrarse en la gnosis cristiana, una doctrina filosófico-religiosa que se adentró en el pensamiento cristiano en los tres primeros siglos de nuestra era, y que afirmaba que la fe y el perdón no bastaban para salvar al ser humano.

Desde esta perspectiva, el ser humano habría nacido independiente de sí y con la autonomía para salvarse a sí mismo por medio de la anamnesis —término que significa básicamente “olvidarse de olvidar”—, adquirir un conocimiento superior y transgredir el velo de la realidad para entrar en gracia con lo divino.

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“La experiencia religiosa de Philip K. Dick”, de Robert Crumb. Imagen: Especial.

Ese es el trasfondo de su tercera etapa de su carrera como escritor, que iniciaría con lo que el propio Philip K. Dick denominaba  los 2-3-74, una serie de episodios ocurridos después de que le administraran un potente analgésico para el dolor causado por una muela del juicio. Cuando regresó a casa después de la cirugía el dolor no cesó, su esposa llamó a la farmacia y pidió un analgésico a domicilio.

Cuando llegó la medicina, en la puerta lo esperaba una mujer con un collar cuyo símbolo llamó la atención de Philip. Se trataba de un pendiente de pez usado por los antiguos cristianos que guardaba su símbolo más importante. Y cual si fuese sacado de un cuento borgesiano, Philip comenzó a alucinar y ver los alrededores de su California de 1974, cual si fuese el imperio romano del siglo I. Él era un cristiano perseguido junto con la mujer del pendiente y tenía la urgencia de esconderse. En los días venideros, siguió teniendo más alucinaciones, desde revelaciones de un rayo de luz rosado que le salvó la vida a su hijo, hasta episodios de xenoglosia, en los cuales podía expresarse en lenguas antiguas como el sánscrito, el hebreo y el griego antiguo.

Después de esta ensoñación que consignó en 2-3-74, Philip consagró su tiempo entero a discernir qué es lo que le había sucedido. Él mismo se burlaba de sus alucinaciones y decía que su abuso de drogas lo había vuelto loco. Consagró los últimos tres lustros de su vida a escribir un par de obras que tienen un duro carácter autobiográfico.

VALIS (Vast Active Living Intelligence System) fue el nombre que le dio a la novela donde relata lo sucedido bajo el visor de la ciencia ficción. Publicada en 1981, fue prácticamente su última obra (su compendio de diarios, Exégesis, se publicaría de manera póstuma con un grosor de más 8 mil páginas donde exponía a detalle sus ideas y experiencias después de 2-3-74).

Su vida estuvo llena de sucesos extraños que este ensayo ya no tiene espacio para abordar, pero en su fecha de nacimiento y de muerte hay un deje de esta naturaleza. Para algunos un auténtico esquizofrénico, para otros un mero escritor adicto a las drogas y para unos más, los menos, un auténtico místico contemporáneo como no lo ha habido en mucho tiempo.

Andrés Durán Moreno - Ensayista.

 

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