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Profesor Sartori

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¿Debe consentir una democracia la propia destrucción democrática? Es decir, ¿debe consentir que sus ciudadanos voten a favor de un dictador? Es la reflexión que nos deja como herencia Giovanni Sartori (1924-2017), quien vio en la figura del “gran hermano” de Orwell una realidad fatídica antes que una ficción.

Nacido en Florencia, Italia, Sartori dedicó su vida a la investigación y poseía, según palabras de la politóloga Blanca Heredia, una mente que combinaba de manera inusual el rigor lógico, la crítica exigente y la creatividad a borbotones. Fue profesor emérito de ciencias políticas en las uiversidades de Columbia (Nueva York) y de Florencia. También ejerció como profesor de filosofía moderna, lógica y teoría del Estado en las universidades de Yale, Stanford y Harvard. El también periodista de Corriere della Sera recibió nueve «laureas honoris causa», siendo una de ellas otorgada por la Universidad Nacional Autónoma de México. Asimismo fue galardonado con la Orden del Águila Azteca, por ser la “máxima referencia mundial en materia de ingeniería institucional”; con el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, por su compromiso con las garantías y las libertades de la sociedad abierta, además de contribuir al debate contemporáneo de la ciencia política, y con las medallas de oro por el Mérito Cultural y Educativo de Italia, entre otros.

Revistar los textos de Sartori significa una invitación a la reflexión sobre el Estado democrático actual, el sistema de partidos y la ingeniería constitucional. Su obra, traducida a más de 30 idiomas, pesa lo mismo en Europa que en América, declararía Manuel Fraga, presidente de la Xunta de Galicia en la entrega del premio Príncipe de Asturias. Entre sus trabajos destacan: Ingeniería constitucional comparada, ¿Qué es la democracia?, La sociedad multiétnica: pluralismo, multiculturalismo y extranjeros, y Homo videns: la sociedad teledirigida.

La pluma de Sartori es referente para la crítica del multiculturalismo, el Estado del terrorismo internacional y la influencia de los medios masivos en la sociedad. ¿Sobreviven al paso del tiempo las reflexiones del académico? “Lo que está bien escrito, con lógica bien pensada debe durar por lo menos 2 mil años”, responde su discípulo Carlos Ugalde.

Sartori profundizó en la democracia como ideal, realidad, procedimental y principios en su obra magna publicada en dos volúmenes: La teoría de la democracia, donde busca conciliar el aspecto teórico de la democracia con los elementos necesarios para construir una infraestructura en la que sea posible que la democracia prospere en el occidente contemporáneo. Es decir, propone un concepto que actúe como punto de encuentro entre las teorías prescriptivas y descriptivas (el ideal y lo real).

Además argumenta que al emplear la palabra democracia como un todo, ignoramos las diferentes definiciones que ésta misma ha tenido a lo largo de la historia. Es por ello que fija la democracia liberal como el único concepto cuya connotación y denotación es válida y realista para la sociedad occidental contemporánea. En este vocablo se reúne un gobierno que incluye a minorías políticas y entidades políticas representativas.

En su libro Ingeniería constitucional comparada (2008), Sartori retrataría conceptualmente el régimen del PRI como “autoritarismo presidencial”. Ergo, es a él mismo a quien le corresponde la autoría del término “partido hegemónico”. Sartori argumentaría que el régimen priista no fue dictatorial porque “el jefe del Ejecutivo se retiraba de manera espontánea cada seis años. No es una dictadura por definición… los dictadores jamás se retiran, mueren en su cama dentro del poder y con el poder en la mano”.

A raíz de numerosas visitas a territorio mexicano, definió la situación del país como el “excepcionalísimo mexicano”, declarando que “México ha llegado a ser para mí, por muchas razones, un país al que sigo de cerca, que está en mi corazón y sobre el que apuesto. Por naturaleza no soy optimista, pero sobre el futuro de México sí lo soy”. En entrevistas con diferentes medios, Sartori destacó, entre otras cosas, la necesidad de formalizar la burocracia mexicana y combatir el crimen organizado y la corrupción política mediante la aplicación de penas de mayor tenor. “Debería ser aplicado el código militar, que contempla el fusilamiento, porque se trata de una auténtica guerra y los narcotraficantes pensarían dos veces antes de seguir delinquiendo”.

Al ser un ferviente devoto de la democracia, Leo Zuckermann argumentaba que fue natural que el académico estudiara a sus principales adversarios y modificadores: los medios de comunicación masiva y fenómenos emergentes como el multiculturalismo. El hombre que bautizó al gobierno mediático de Berlusconi como “el sultanato” propone como tesis central en Homo videns… que el consumo televisivo hace que el hombre pierda la capacidad de abstracción, transformándose así de homo sapiens en homo videns, cosa que sacude los pilares de la democracia, ya que si el hombre ahora construye su realidad a través de imágenes, ¿cómo va a comprender aquello que no puede ser explicado visualmente? Como es el caso de una Constitución. Se puede mostrar un libro en pantalla, pero eso no es envolvente de la terminología de libertad o de justicia. Es un referente aleatorio que excluye en su representación elementos que son por naturaleza abstractos. Al construir su realidad mediante lo que ven sus ojos, la audiencia se vuelve susceptible a la manipulación de quien controla lo que aparece y cómo aparece en pantalla.

Empero, no por ello debemos renunciar a la televisión. Al contrario, es el medio más efectivo para comunicar y educar a la sociedad. Sartori dijo que la televisión cultural es la única forma de que la intelectualidad esté presente en el campo de batalla, porque “los ausentes nunca tienen la razón”. En esta misma línea plantea que a pesar de que por naturaleza este formato depende del rating en que se materializan ganancias pecuniarias, en el caso de la cultura la ganancia es lograr crear productos de calidad e informativos en los que convivan el homo sapiens y el homo videns en síntesis armónicas, ya que la televisión es un medio que permite que comprendamos el mundo en el cual vivimos, lo cual es necesario para controlarlo y posiblemente mejorarlo.

Giovanni Sartori se caracterizó por su tono polémico, nombrando lo innombrable tanto en papel como frente a la prensa. Su última aproximación al multiculturalismo y declaraciones al respecto provocaron tanto reflexión como aplomo. Rechazaría el multiculturalismo, señalando que bajo el estandarte de la pluralidad y la aceptación el resultado inequívoco será el aniquilamiento de la democracia. El académico cuestionaba hasta qué punto se debían de tolerar las variables culturales de los refugiados, tales como la ablación del clítoris (eliminación parcial o total de tejido de los órganos genitales femeninos) y los gobiernos religiosos: “El pluralismo está obligado a respetar una multiplicidad cultural con la que se encuentra. Pero no está obligado a fabricarla. Y en la medida en que el multiculturalismo actual separa, es agresivo e intolerante, en esa misma medida el multiculturalismo en cuestión es la negación misma del pluralismo”.

Sartori rompió los límites del lenguaje, de lo correcto y lo temporal. Empleó las palabras para despertarnos a la realidad política que habitamos, para incomodar de tal forma que nos atreviéramos a pensar en lo impensable. En su figura se encontraron el rigor académico, pero también la pulsión de vida. Y esa pulsión es la que logró que emergiera una generación de discípulos, crítica, ávida para cuestionar y construir de manera lógica y concreta nuevas realidades. Con su muerte nos hereda una sola responsabilidad: no dejar de pensar. Aunque el rating sea bajo. Aunque sólo unos pocos escuchen. Si callamos, habremos perdido la batalla en la que se juega el futuro.

Myhrra Duarte - Comunicóloga especializada en cultura.

 

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