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Un evento llamado Arthur C. Clarke

100 años del autor de '2001: odisea del espacio'

Arthur C. Clarke, circa 1965. Foto: Wikimedia Commons.

Arthur C. Clarke (Minehead, Inglaterra, 16 de diciembre de 1917-19 de marzo de 2008, Sri Lanka), divulgador científico y escritor británico con aficiones diversas, inició su interés por la ciencia en las inmediaciones de la granja donde se crió; recolectaba del suelo lo que él creía que eran fósiles y leía revistas de ciencia ficción americanas.

Diversas fueron las influencias de C. Clarke: la lectura de publicaciones como Amazing Stories en 1929, The Last and First Men, de Olaf Stapledon (1930) y The Conquest of Space, de David Lasser (1931); su afición a los dinosaurios y las tarjetas que en ese entonces venían junto con el paquete de cigarrillos que su padre solía comprar para acompañar su jornada en la granja.

Cuando era apenas un adolescente decidió unirse a la Junior Astronomical Association, donde publicó sus primeros textos gracias a Marion Eadie, quien aceptó agregar la sección de astronáutica sugerida por él, en la cual escribía sobre naves y viajes espaciales.

Tiempo después se inscribió como profesor en el Board of Education, un grupo de docentes que debatían y dirigían los planes de estudio en comunidades pequeñas de Inglaterra. Durante ese tiempo lo apodaron “Ego” debido a la gran capacidad de retención que tenía en temas de su interés; sus amigos escritores y compañeros de cuarto llamaron a su habitación la “Ego Chamber”.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Arthur ingresó a las fuerzas armadas británicas. Su ingenio y carácter como hombre de ciencia evitaron que terminara en el campo de batalla y fue enviado a la Royal Air Force como encargado y especialista en el radar de rastreo del territorio británico; estas vivencias se mostrarían en la novela Glide Path (1963).

Al finalizar la guerra, dedicó su tiempo a estudiar matemáticas en el King’s College, donde trabajó en Physics Abstracts, una base de datos encargada de recabar información sobre artículos científicos y literatura técnica que después se publicaba bajo el sello del Instituto de Ingeniería y Tecnología. Después sirvió dos periodos en la presidencia de la British Interplanetary Society (de 1946 a 1947 y de 1951 a 1953).

Durante este periodo hizo su mayor aporte científico: el concepto de órbita geostacionaria, publicado en Venus Equilateral, mismo que sirve hoy en día para conseguir telecomunicaciones más veloces. En honor a este descubrimiento, la Unión Internacional Astronómica llamó a la órbita donde están estos satélites de telecomunicaciones “La órbita Clarke”.

En 1956 decidió mudarse a Sri Lanka, país donde viviría hasta el día de su muerte. En ese lugar formó parte de un club de buceo y en una de sus incursiones descubrió las ruinas del antiguo templo de Koneswaram.

Entre las muchas distinciones que mereció en vida –incluido el nombramiento en la Orden del Imperio Británico-, su memoria vivirá por la obra como autor de medio centenar de libros de ciencia ficción. Sus cuentos cortos aparecieron por primera vez en la Outstanding Science Fiction Magazine, misma revista en la que Phillip K. Dick, Isaac Asimov y otros tantos grandes de la ciencia ficción dieron sus primeros pasos.

Pero más allá de sus actividades como figura pública, sus documentales y libros académicos, a Arthur C. Clarke se le recuerda por sus novelas, sobre todo 2001: A Space Odyssey, libro de ciencia ficción metafísica que  sería la inspiración de una película no menos importante, dirigida por Stanley Kubrick. Menos conocido es el hecho de que Odisea del espacio, como se le conoció en español, tuvo tres secuelas, cada una dedicada a un año distinto: 2010, 2061 y 3001

Después de 2001: Space Odyssey publicaría la que quizá sea su mejor novela, El centinela (1948); a la que seguiría un libro de corte autobiográfico, Childhood’s End (1953), donde retrata sus experiencias en la niñez y lo paranormal.

El tiempo —aunque también el contacto con extraterrestres, la imaginación tecnológica y hasta la política en el espacio exterior— es el verdadero tema de estas odiseas del espacio, mismo que continuaría acaparando su interés en libros como Time’s Eye (2003), Sunstorm (2005) y Firstborn (2007), serie que coescribió con Stephen Baxter, ingenierio-matemático.

Ese mismo continuo de materia y espacio, el tiempo, se manifestaría el 19 de marzo de 2008, fecha de la muerte de Arthur C. Clarke, cuando una carga de rayos Gamma (evento astronómico denominado GRB 080319B) golpeó la tierra, convirtiéndose en el objeto más lejano jamás observado a simple vista desde la Tierra. El punto luminoso fue visible durante 30 segundos y fue llamado “The Clarke Event”; justo lo que fue su autor: un acontecimiento.

Andrés Durán Moreno – Ensayista.

 

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