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Una cinta de seda alrededor de una bomba: Carmen Boullosa

La escritora Carmen Boullosa. Foto: Borzelli Photography.

Carmen Boullosa (Ciudad de México, 1954) afirma que nunca publica lo último que ha escrito: “siempre me protejo con una [novela] inédita, para aguantar el golpe sentimental de ver el texto ya dentro del libro, lo cual me causa horror, además, me da una ansiedad espantosa no tener un libro inédito que me proteja de los demás”. Porque la escritura es, ante todo, una necesidad: “Es posible que mi oficio de escribir no haya tocado mis áreas volitiva y racional simplemente porque carezco de ellas. Soy un atado de bajas pasiones proclive a la gran aventura que es escribir”.

De ahí la fertilidad de esta escritora que cosechó halagos de, por ejemplo, Carmen Alardín, quien decía que Boullosa es “uno de los pocos casos en que se dan felizmente la dramaturga y la poeta. Y aunque su teatro tiene mucho de poético, su poesía es esencial, escueta, y nada tiene de drama”. Ya en los 80, cuando Boullosa comenzaba, José Ramón Enríquez escribía en Proceso: “Dijo algún día Breton: ‘la obra de Frida Kahlo es una cinta de seda alrededor de una bomba’; en el caso de Carmen Boullosa, establecidas las diferencias, cabe decir lo mismo”.

Boullosa rechaza tajantemente la idea de individuo: el autor no escribe necesariamente desde su intimidad, porque “desde nuestra más profunda intimidad somos parte de los otros, hechos de los otros (…) Mi piel son ustedes y lo que la ha formado. Fuera de los otros me desintegro, estallo como la masa en el vacío”. Bien lo sabe quien en la adolescencia perdió a su madre y a su hermana María José. Desde los 15 años sentía que era escritora. Escribía muchos versos, algunos con canciones, mismos que destruyó porque “eran malísimos”. Carmen Boullosa hizo estudios de lengua y literatura hispánica en la Universidad Iberoamericana y en la UNAM, pero no terminó la carrera en ninguna de las dos. En la universidad sentía que no tenía nada que estar haciendo allí, que más bien tenía que escribir.

Cuando le mostró sus escritos a un maestro, él le aconsejó dejar la licenciatura y dedicarse a escribir. “Lo que a mí me interesaba era escribir, un poco a lo etéreo, sin pensar en publicar ni en hacer una vida profesional, una carrera de la escritura. No pensaba en eso. Tardé en darme cuenta que libro que se publicaba, libro que se leía y se criticaba”. En su opinión, todo aquel que escribe lo hace “porque no puede escoger otro tema, si es auténtico. No es para obtener dinero. Uno escribe o se muere”.

Como se decía más arriba, Boullosa ha sobresalido en poesía, teatro y novela. Ella, que considera a Ramón López Velarde su padre poético, publicó libros como La memoria vacía (1977), El hilo olvida (1978), Ingobernable (1979), La salvaja (1987), La bebida (2002), en fechas más recientes: Salto de mantarraya (2004), La patria insomne (2012), Corro a mirarme en ti (2012), Hamartia o Hacha (2015) y La impropia (2017).

Como dramaturga, muchas de sus obras han sido emparentadas con el teatro del absurdo, aunque la autora rechace estar dentro de esa tradición en piezas como Trece señoritas (1983), Cocinar hombres (1985), Los totoles (1985), Mi versión de los hechos (1987), Propusieron a María (1987), Jardín Elíseo (1996); y es coautora de XE Bululú (1984).

Su producción de narrativa es aún mayor. Mejor desaparece (1987) fue su primera novela. La elaboró con una beca que le concedió el Centro Mexicano de Escritores en 1980. La estructura de esta obra es fragmentaria, y en ella se cuenta el deterioro de la familia. Para Josefina King, es “la historia secreta del pacto suicida llamado ‘familia feliz’”.

A esa primera novela le han seguido El médico de los piratas (1992), Llanto (1992), La milagrosa (1993), Cielos de la tierra (1997), De un salto descabalga la reina (2002), La otra mano de Lepanto (2005), que es una reformulación de La Gitanilla de Cervantes, El Velázquez de París (2007), La virgen y el violín (2008), El complot de los románticos (2009), Las paredes hablan (2010), Texas (2013) y El libro de Ana (2016).

De toda esta producción sobresale Antes, que en su propia opinión es la novela de todas sus novelas. Por ella recibió el premio Xavier Villaurrutia en 1989. Aunque “es una obra que se comió mis recuerdos”, explica que la protagonista del libro no es Carmen Boullosa: “Por un acto de posesión literaria, el personaje sin nombre que es protagonista y narradora de Antes, tomó mi fecha de nacimiento, mi casa y un miembro de mi familia (mi abuela) para contar su historia, una historia que no es la mía (…)”.

Además de escribir de manera entre compulsiva y disciplinada, Carmen incursionó en la disciplina de los libros de artista, con los que ha participado en exposiciones en el Museo Carrillo Gil, el de Arte Moderno de la Ciudad de México y la Sala Pablo Ruiz Picasso de Madrid, sitios que han exhibido sus piezas hechas de manera artesanal con prensas planas de tipo móvil y papel de alta calidad, en tirajes menores a los 100 ejemplares. Aprendió el oficio con Juan Pascoe, en el Taller Martín Pescador, donde se publicó su primer poemario: La memoria vacía (1977).

¿Es toda esta labor de escritura una búsqueda interior?: “Si soy escritora nunca fue para buscarme a mí misma. Siempre he tratado de escapar de mí, me caigo muy mal, no me gusta estar en mí”. Boullosa se horroriza de sí misma cuando reconoce que se pasó la vida peleando por la libertad de las mujeres, para terminar haciendo vida de monja; porque escribir “es como ser monja, un oficio de tiempo completo”.

Para ella, “los textos literarios son seres vivientes y comen, como el vampiro, sangre fresca”. Aunque esta emoción no es contradictoria con su producción literaria: “me parece que en los escritores hay siempre una máxima que les dicta: ‘fáltate al respeto a ti mismo’. Esta es una necesidad de la vocación del escritor. A él no le pertenecerá ya más ni su intimidad, ni su memoria, todo será parte del archivo con que trabajará para armar sus páginas, todo será material de trabajo, materia prima por decirlo así. El autor se usará irrespetuosamente”.

Este martes 31 de julio de 2018, Carmen Boullosa recibirá el reconocimiento del INBA como protagonista de la literatura mexicana, en el Palacio de Bellas Artes. La autora tendrá, seguramente, un libro bajo la manga para perpetuar su vocación.

Adriana del Moral Espinosa – Editora y periodista.

 

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