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Violeta Parra, que vivas 100 años más

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Violeta Parra. Fotografía: Especial.

Violeta Parra es uno de los íconos de América Latina. Su curiosidad la adentró en un mundo que, aunque propio y cercano, era ajeno a las esferas urbanas de la sociedad chilena del siglo XX. Su legado no se limita a la canción, pues fue también poeta, artista plástica y folclorista. Sus letras son himnos que cantan a la justicia, el amor y la humanidad. Su canto resuena aún por la reivindicación de la otredad y de lo popular, en la reafirmación de testimonios que antes de ella no habían sido recuperados.

Violeta nació el 4 de octubre de 1917, en la comuna de San Carlos; hija de Clarisa Sandoval y Nicanor Parra; hermana de nueve: Hilda, Roberto, Eduardo, Lautaro, Elba, Caupolicán, Olga, Óscar y el antipoeta centenario Nicanor Parra. Compuso sus primeras canciones al inicio de su adolescencia, pero fue hasta 1952, cuando tenía 38 años, que su hermano Nicanor la impulsó a rescatar, reunir, escuchar y reconstruir las historias que se cantaban en la música folclórica chilena. Una versión de su vida cuenta que salía de casa con hijos y grabadora en mano, para visitar de casa en casa ese canto profundo de la periferia y el campo, al que luego ella daría nueva vida y voz.

El año en que se conmemora el centenario de su nacimiento es un buen punto de partida para reflexionar sobre su legado y preguntarnos: ¿dónde resuena ese canto esencial hoy?, ¿qué dicen las coplas que acompañan la música que consumimos? El legado de Violeta Parra es una ventana para mirar la realidad: ella, que cantaba a los mapuches chilenos, supo entonar el ritmo de la diferencia, tan humana, que nos integra.

Que viva tu nacimiento,

bello botón de rosal.

Por la voluntad del cielo,

¡que vivas 100 años más!

(“En el día de tu cumpleaños”)

Durante 2017, su natal Chile preparó un recorrido musical para celebrar el paso de Violeta por el mundo, con el objetivo de visibilizar y difundir su obra artística, política y humana. En su país, el día de la música se convirtió en su homenaje: artistas como Anita Tijoux, Gepe, Tita e Isabel Parra se unieron en un concierto en el Palacio de la Moneda, en Santiago. Los festejos fueron tan diversos como el del proyecto Cordel, un taller al aire libre que intervino plazas públicas con poesía popular y artes gráficas que invitaron a revisar las décimas de Violeta como relatos de vida, para llevar la métrica de su poesía a las vidas íntimas de sus escuchas.

Cuándo será ese cuándo,

señor fiscal

que la América

sea sólo un pilar.

(“Los pueblos americanos”)

La obra plástica de Violeta Parra incluye arpilleras (piezas textiles hechas de una estepa de aspecto grueso y áspero, conocida como yute, que se emplea en la confección de sacos para transportar mercancías). Ese soporte fue utilizado por la artista para plasmar testimonios de vida, en un acto de creatividad frente a un material que tenía el significado del uso común: en 1962, durante un viaje a Europa, Violeta elaboró la arpillera “Contra la guerra”, una pieza artesanal cargada de simbolismo y con un mensaje de paz (hay una escopeta que apunta a la paloma blanca, una mujer indígena chilena, Violeta misma y su mentora, que también forman parte de la obra); un trabajo que para Jorge Montealegre, investigador de la obra de Violeta, representa su preocupación por la crisis de los misiles en Cuba y los problemas fronterizos entre Chile y Bolivia.

Al medio de Alameda de las Delicias,

Chile limita al centro de la injusticia.

(“Al centro de la injusticia”)

El canto de Violeta dibujó el círculo para encontrar la unidad del pueblo chileno, que como ella, tenía un origen común y campesino. Violeta supo admirar y tocar las hebras que nos son a todos comunes, el canto de todos, que es el mismo canto, esa realidad compartida de la región latinoamericana, profunda e intensa.

Para olvidarme de ti,

voy a cultivar la tierra,

en ella espero encontrar,

remedio para mi pena.

(“La jardinera”)

En 1970, Salvador Allende establece que no hay revolución sin canciones y son las coplas de los cantores las que abren una posibilidad de ser distinto en Chile. Quilapayún, Víctor Jara, Ángel Parra (hijo de Violeta), Cúncumen y muchos otros son el motor del nuevo espíritu que cree y crea otro Chile, todos integrantes del movimiento de la nueva canción, que tiene como precursores a Violeta Parra y Atahualpa Yupanqui, con sus versos cargados de búsqueda de verdad y vida.

 

Su música observa y busca, lleva como columna vertebral el canto por la justicia y las causas sociales, da voz a esos cruces invisibles y es ahí donde radica su vigencia, la de una realidad desigual y opresora de las minorías latinoamericanas y del mundo entero. La producción artística de Violeta crea un mosaico que se asocia a la construcción de lo popular para poder ver el mundo desde la vida cotidiana de los vencidos, que no lo son del todo, sino que forjan paso a paso, la fuerza de su propia voz.

Las hileras de casuchas

frente a frente sí señor

las hileras de mujeres

frente al único pilón

cada una con su balde

con su cara de aflicción.

Y arriba quemando el sol

(“Arriba quemando el sol”)

Violeta es la voz de la mujer de su época. Se casó dos veces, primero con Luis Cereceda y luego con Luis Arce. Ningún matrimonio perduró. Su obra habla también de la sumisión del rol femenino y pone en duda con su propia vida el destino de tener que cumplir esos cánones.

¿Qué he sacado con la luna

que los dos miramos juntos?

¿Qué he sacado con los nombres

estampados en el muro?

(“¿Qué he sacado con quererte?”)

Realizó diversos viajes a Europa y vivió algunas temporadas en París y Ginebra. En 1964, Violeta fue la primera artista hispanoamericana que tuvo una exposición individual en el Museo del Louvre, donde expuso sus arpilleras, óleos y esculturas. Un año después publicó Poesía popular de los Andes y a mediados de ese 1965 regresó a Chile, donde moriría un par de años después; ese acto de morir, natural en los seres vivos, tomó la forma del suicidio para quien, paradoja inmortal, compuso el famoso canto que agradece a la vida.

–Violeta, usted es poeta, es compositora y hace tapicería y pintura. Si tuviera que elegir un solo medio de expresión, ¿cuál escogería?

–Yo elegiría quedarme con la gente.

Violeta hizo eso: se quedó con la gente; se quedó en el canto que busca dignidad y verdad, y sigue aquí después de un siglo. Una buena recomendación para acercarse a su vida desde diversas miradas es el documental Violeta se fue a los cielos (2011) de Andrés Wood, además de la serie de TV del mismo director. Escuchar detenidamente sus letras será siempre un reto que alimentará el alma de quien lo haga.

En los jardines humanos

que adornan toda la tierra

pretendo hacer un ramo

de amor y condescendencia.

(“En los jardines humanos”)

Karla Sofía Pita Vidal – Abogada y promotora cultural.

 

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