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Eduardo Matos Moctezuma: La revelación del mundo mexica

Para Eduardo Matos Moctezuma hay un único sitio arqueológico y se llama México. Este explorador del pasado se ganó su fama con las excavaciones que revelaron mucho de lo que sabemos sobre el Templo Mayor de Tenochtitlan y, por ende, de la civilización y la cultura mexicas. En esta conversación el arqueólogo nos habla sobre algunos de sus temas preferidos: el culto de la vida a través de la muerte de los antiguos mexicanos, la misión científica e histórica de su disciplina, los sedimentos del pasado que pueblan nuestra lengua y algunos de nuestros símbolos y, sobre todo, la relación de nuestra cultura con el tiempo y el espacio.

 

Eduardo Matos Moctezuma (Ciudad de México, 1940) es uno de los investigadores más importantes de las culturas precolombinas en México, lo mismo por los incontables documentos que ha escrito que por su participación activa en el rescate de sitios arqueológicos en todo el país, como son el Templo Mayor, Tlatelolco, Teotihuacan, Tula, Bonampak y Comalcalco. En 2007, fue reconocido con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía.

Más allá de los datos duros, para entender la apuesta vital del doctor Matos Moctezuma es mejor conversar con él y acceder así al formidable conocimiento que ha reunido sobre los mitos, organización económica, artes y estructura política de nuestros pobladores más antiguos. A lo largo de su vida, ha impulsado la recolección y sistematización de información relativa a las culturas prehispánicas; en particular, los elementos vinculados a la muerte en la cosmovisión de aquellos habitantes: “no recordamos ningún otro pueblo que haya representado la muerte en forma tan obsesiva como en algunas de nuestras culturas prehispánicas. ¿Culto a la muerte? Más bien culto a la vida… a través de la muerte”, reflexiona el antropólogo.

Miguel León-Portilla, experto en materia del pensamiento y la literatura náhuatl, describió a Matos Moctezuma como un “maestro de fácil pluma y también venturoso expositor de viva palabra”, quien en sus libros muestra que “para acercarse al mundo indígena a través de su evolución de milenios, hay que conjuntar los hallazgos de la arqueología, lo que nos dicen los códices y los textos indígenas, el contenido de las crónicas y también los datos de la etnología”.

Matos Moctezuma se graduó como maestro en ciencias antropológicas, con especialidad en arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y en la UNAM. También es fundador de la maestría en arqueología de la ENAH y miembro honorario del Archeological Institute of America. Ha desarrollado investigación sobre los hallazgos de Coatlicue, Coyolxauhqui y la Piedra del Sol, además de significativas aportaciones producto de la coordinación del Proyecto Templo Mayor, cuyo centro es la excavación del recinto sagrado destruido por los españoles.

Ha curado más de 100 exposiciones que dan a conocer la cultura mexica por todo el mundo, entre las que se encuentran Dioses del México Antiguo, Descubridores del pasado en Mesoamérica, Aztecs e Isis y Quetzalcóatl. Es autor de decenas de libros, entre los que destacan Muerte a filo de obsidiana, Vida y muerte en el Templo Mayor, Aztecas y La muerte entre los mexicas.

Matos Moctezuma, refiriéndose a su labor, asegura: “el arqueólogo tiene en sus manos el poder de dar vida a lo ya muerto y encontrarse frente a frente con lo que fue. Es así como llega a confrontar el rostro de la muerte para darle vida”. La del doctor Matos Moctezuma ha sido una mirada global en torno a las complejidades de los pueblos de Mesoamérica. En la entrevista que concedió a Correo del Libro en su oficina del Museo del Templo Mayor, despliega la riqueza de conocimientos que posee en torno a los mexicas y otros pueblos antiguos.

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    Los ecos de la gran Tenochtitlan

    Para los mexicas, si el sol se alimentaba con corazones iba a detenerse, con lo cual vendría un cataclismo, vendría la muerte y destrucción general.

    Háblenos de los trabajos de investigación antropológica en la Ciudad de México…

    Tenemos dos proyectos de excavación vigentes. El primero fue el proyecto Templo Mayor, que dio inicio en 1978. Ya vamos casi para 40 años de trabajar constantemente aquí. Ese proyecto surgió a partir del hallazgo accidental de la escultura de la Coyolxauhqui, por obreros de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, ocurrido el 21 de febrero de 1978. En aquella ocasión primero intervino rescate arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), para hacer los primeros sondeos alrededor de donde estaba la escultura y después, el 20 de marzo, inició lo que denominé el Proyecto Templo Mayor, que ha permitido penetrar en el recinto, pero también en algunos edificios aledaños. Esto ha aportado una cantidad enorme de información acerca de los mexicas.

    Háblenos de los trabajos de investigación antropológica en la Ciudad de México…

    Tenemos dos proyectos de excavación vigentes. El primero fue el proyecto Templo Mayor, que se inició en 1978. Ya vamos casi para 40 años de trabajar constantemente aquí. Ese proyecto surgió a partir del hallazgo accidental de la escultura de la Coyolxauhqui por obreros de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, ocurrido el 21 de febrero de 1978. En aquella ocasión primero intervino el equipo de rescate arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), para hacer los primeros sondeos alrededor de la escultura y después inició lo que denominé el Proyecto Templo Mayor, que ha permitido penetrar en el recinto, pero también en algunos edificios aledaños. Esto ha aportado una cantidad enorme de información acerca de los mexicas.

    Antes de nuestros trabajos, hubo intervenciones arqueológicas, pero muy localizadas dentro de la Ciudad de México, aunque con el Proyecto Templo Mayor pudimos penetrar en el corazón del edificio principal de los mexicas, porque el Templo Mayor representaba para ellos el centro del universo, y de la gran plaza de Tenochtitlan partían los cuatro rumbos universales, marcados por las grandes calzadas de la urbe: la de Tacuba hacia el poniente, la de Tepeyac hacia el norte, la de Iztapalapa hacia el sur y otra pequeña hacia el oriente.

    En 1991, debido a las fracturas que sufrió la Catedral Metropolitana, pudimos excavar debajo de ella, con las obras que hacían los ingenieros para tratar de controlar su hundimiento diferencial. Es el momento en que establecí el Programa de Arqueología Urbana (PAU). Se empezaron a obtener datos muy significativos de lo que se encontraba debajo de la Catedral: edificios, canales, ofrendas, una cantidad de información muy rica, y parte del juego de pelota que estaba ubicado en la sección posterior del templo, debajo de la calle Guatemala. Al frente del PAU está el arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez, quien ha encontrado el mayor número de edificios importantes de Tenochtitlan. Él ha localizado, y sigue trabajando actualmente, sobre la principal zona de juego de pelota, pues había varios. También continuó con los trabajos en el Calmécac, la escuela de nobles que está detrás de Catedral y debajo de la casa del Centro Cultural de España, en la calle Guatemala. También excavó parte de lo que era el recinto ceremonial, debajo de un actual recinto universitario, a un lado del Museo del Templo Mayor. Además, excavó parte de uno de los edificios más interesantes: el sitio donde al parecer enterraban a los tlatoanis mexicas. Actualmente está trabajando en el Huey Tzompantli, el tzompantli principal, una estructura de postes de madera y cráneos atravesados en las varas usada para ceremonias.

    Por otra parte, el Proyecto Templo Mayor continuó y ahora es coordinado por el doctor Leonardo López Luján. Le pedí que se encargara de la deidad de la tierra, Tlaltecuhtli, para que analizara desde una perspectiva científica todo lo relacionado con su hallazgo ocurrido en 2006. Esta enorme escultura la trasladamos al interior del Templo Mayor y eso permitió excavar debajo de ella, así se han encontrado varias ofrendas y esculturas que han dado una información impresionante sobre los mexicas.

    ¿Cómo se ha desarrollado el conocimiento sobre el mexica en el último siglo?

    Antes de 1978, cuando se hace el hallazgo de la Coyolxauhqui, los datos de la arqueología que se habían obtenido eran pocos, aunque algunos muy significativos. Por ejemplo, en 1900 Leopoldo Batres hace el rescate de la calle Guatemala, atrás de Catedral, con motivo de la construcción de un drenaje. Logra rescatar objetos que actualmente están en el Museo Nacional de Antropología e Historia. Después, en 1913 y 1914, don Manuel Gamio, gran arqueólogo del Templo Mayor, excava la esquina suroeste pero ya no se puede extender y ese espacio queda como un pequeño centro arqueológico que se podía visitar. Todo queda así hasta el hallazgo de 1978, porque ya podíamos penetrar en el corazón de Tenochtitlan, el Templo Mayor, donde estaban sentados dos de los dioses principales: Tláloc, dios del agua y todo lo relacionado con la producción agrícola, y Huitzilopochtli, relacionado con la imposición militar sobre otros grupos, es decir, el tributo. La base económica de esa sociedad se establecía precisamente en la producción agrícola y el tributo impuesto a los grupos conquistados. Esto se pudo conocer más ampliamente gracias a las fuentes escritas de los siglos XVI y XVII, por cronistas-soldados como Bernal Díaz del Castillo, Hernán Cortés; las crónicas de frailes como Bernardino de Sahagún, Diego Durán y muchos otros, o los cronistas civiles, que nos hablaban en el siglo XVI de diversos aspectos de la sociedad mexica, pero ahora la arqueología entraba con gran ímpetu para proporcionar una información muy rica de lo que era la sociedad mexica o azteca.

    Ahora conocemos a través de análisis modernos cómo era, por ejemplo, el zoológico de Moctezuma, que fue un lugar de ocio para el tlatoani y sus invitados, pero además era un gran reservorio de plantas y animales, muchos de los cuales hemos encontrado en las ofrendas del Templo Mayor. Hemos encontrado pumas, jaguares, lobos, águilas reales, halcones, culebras, serpientes, tortugas, peces, cocodrilos, en una abundancia enorme.

    Sobre la declaración del presidente de Radio y Televisión Española (RTVE), José Antonio Sánchez, que equiparaba al imperio azteca con el nazismo, ¿qué piensa? En realidad, ¿cómo estaba organizada la sociedad mexica?

    Las declaraciones de este funcionario son una expresión de ignorancia infinita. Este individuo es de la extrema derecha española y eso me hace pensar que fue un franquista muy desarrollado, que compara a los mexicas con los nazis y con eso le da un buen llegue al generalísimo Francisco Franco, puesto que parece que no conoce mucho la propia historia española reciente: los nazis apoyaron al franquismo y bombardearon diversos pueblos españoles, mataron a parte del pueblo español. Hay que recordar que el bombardeo y la masacre de Guernica, pueblo que inmortaliza Picasso en su mural, estuvo a cargo de la aviación nazi.

    Dejando a un lado las absurdas declaraciones de este personaje, puedo comentar que la sociedad mexica había establecido una ciudad lacustre, para lo cual había tenido que aplicar una serie de conocimientos para ganar espacio al lago y asentar sus casas y templos. Tuvo que cimentar muy bien lo que iba a ser la plancha de la ciudad, meter pilotes, aplicando su conocimiento de ingeniería para poder controlar el agua. Una producción que asombró a los conquistadores, quienes admiraron la arquitectura de los edificios, cómo estaban adornados con pinturas los palacios y sus jardines, cómo en el palacio de Moctezuma había artesanos que estaban ahí fabricando diferentes productos. A través de la arqueología y de las fuentes mismas hemos podido ver que los mejores orfebres y artesanos se los llevaban al palacio para que estuvieran produciendo estos elementos.

    Hay un dato muy interesante: cuando se envían piezas de la recién conquistada Tenochtitlan a Europa, Durero, el gran pintor y grabador, se admira y dice que él no sabía que al otro lado del océano hubiera individuos que hicieran cosas tan preciosas; o sea, un artista de ese calibre reconoce y alaba sus labores sobre el oro. Además, tenemos la poesía náhuatl, en el que podemos apreciar una sensibilidad enorme. Así podríamos seguir enumerando muchísimas cosas. Como una religión que también tenía conocimiento del movimiento de los astros y de la cuenta de los días. No sólo el calendario ritual dedicado a los dioses, sino también el anual de la siembra y la producción agrícola. Todo esto era muy importante.

    Dentro de ese aspecto religioso tenemos, entre muchas otras cosas, la presencia de sacrificios humanos. Hay que entender culturalmente por qué se dieron. Para ellos, si el sol no era alimentado con corazones y no se ofrendaba con lo más preciado, el hombre, iba a detener su andar, con lo cual vendría un cataclismo y la muerte y destrucción general. Era una forma de mantener en movimiento todo el engranaje universal. Cabe recodar algo muy importante: muchos pueblos, sobre todo de índole agraria, practicaban el sacrificio humano. Lo hubo entre griegos, romanos, en China, en el Perú antiguo, en Mesoamérica. La mexica era una sociedad expansionista, agrícola y comercial, que se ejercía con diversos pueblos mesoamericanos. A veces había imposición, a veces lazos de amistad.

     

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    Trascendencia del mundo mexica

    El águila, el símbolo pagano prehispánico representaba la pureza de la religión católica. Es la reivindicación de los dioses. El símbolo de Huitzilopochtli.

    ¿Existe una continuidad entre  la tradición artesanal y de los conocimientos artísticos prehispánicos con el presente?

    En todo el panorama de lo que era la antigua Mesoamérica vemos todavía en algunos pueblos indígenas o mestizos cierta trascendencia de elementos prehispánicos, pero ya muy relacionados con técnicas europeas que entraron a partir del siglo XVI. Por ejemplo, los tejidos que se dan en diferentes pueblos indígenas actuales. En la gran mayoría de la población, que ya es mestiza, difícilmente encontramos rasgos prehispánicos, más bien es ya una presencia occidental. A veces no nos damos cuenta que en nuestra habla cotidiana, en nuestro castellano, utilizamos una gran cantidad de términos de las lenguas indígenas, ya no digamos en la Península de Yucatán donde el maya todavía es muy utilizado, o Oaxaca o Chiapas donde hay unas 68 lenguas indígenas, una riqueza que habría que proteger de alguna manera para extender su conocimiento.

    En la Ciudad de México, área urbana moderna, escuchamos cotidianamente una buena cantidad de términos cuyo origen es náhuatl: “Pásame el mecate”, por ejemplo; el término “mole” que viene del náhuatl. Inclusive el nombre de nuestras delegaciones: Azcapotzalco, es el nombre de una ciudad prehispánica, así como Tlalpan, Iztapalapa y Tlatelolco; Churubusco, derivación de Huitzilopochtli. En las líneas del Metro se encuentra una impresionante cantidad de nombres en náhuatl. Y en nuestra habla cotidiana está siempre “chocolate”. Y así podemos enumerar muchos más nahuatlismos que utilizamos cotidianamente.

    Mencionaba la relación de los aztecas con otros pueblos…

    El aspecto militar tenía una presencia fuerte. Se controlaba buena parte del centro de México e inclusive áreas de las dos costas. Llegaron a extenderse hasta el Soconusco, en la frontera entre Chiapas y Guatemala. La presencia mexica era muy fuerte desde el punto de vista de la tributación que los pueblos sometidos tenían que pagar periódicamente a Tenochtitlan. También se establecían nexos de tipo matrimonial o de otro tipo, pero lo que predominaba era la imposición a través del tributo o de la utilización de la mano de obra en beneficio de Tenochtitlan.

    En los siglos posteriores ocurrió la utilización del legado mexica, por ejemplo tras la Independencia, cuando se usó para crear una idea de unidad nacional. ¿Se construyeron otros mitos de ese tipo?

    Los mitos resultan muy importantes porque son la versión que los pueblos dan de determinados hechos importantes. Un ejemplo: desde la primaria se nos ha enseñado que Tenochtitlan se fundó en donde los aztecas vieron el signo de su dios Huitzilopochtli: el águila parada sobre un nopal. En realidad, el mexica nunca vio el águila parada sobre un nopal. El área donde asentaron Tenochtitlan fue determinada por el señor de Azcapotzalco, Tezozómoc, quien tenía el control de parte del centro de México; se los dio a cambio de que ayudaran al imperio tepaneca en sus guerras de expansión y le pagaran tributo. Después, como ocurre con muchos pueblos a lo largo de la historia de la humanidad, los mexicas trataron de crear un relato originario en el que su dios les asignó el lugar de la construcción de Tenochtitlan. Y se creó ese mito porque el águila es la presencia de Huitzilopochtli, tiene una connotación solar, pues es el ave que vuela más alto, al igual que el sol. Luego vemos representaciones del águila donde no trae nada en el pico, como en la escultura mexica del Teocalli de la Guerra Sagrada. Nos muestra el águila parada en un nopal en medio del lago, pero lo que sale del pico es el símbolo de la guerra. También tenemos el Códice Mendocino donde el águila está parada pero no tiene nada en el pico. Después vienen otras, sobre todo en fray Diego Durán, en que se muestra al águila devorando pájaros. Y en otra lámina vemos cómo está ahí con una serpiente en el pico. Esta es una de las pocas imágenes prehispánicas que van a trascender.

    En la Colonia vemos la presencia del águila y la serpiente en varios documentos coloniales, inclusive en conventos agustinos y franciscanos del siglo XVI, en algún lugar se le representa. Esa águila va a poder volar desde el mundo prehispánico hasta el momento actual en que ya es símbolo nacional. ¿Por qué ocurrió eso? Porque el águila también tenía una representación muy importante en el catolicismo del siglo XVI, pues representa a uno de los evangelistas. Es el símbolo, también, del poder español, el águila bicéfala de Austria. Tiene presencia desde Roma en las culturas occidentales.

    El águila va a continuar su presencia hasta que en la Independencia se convierte en el emblema nacional, tanto en el escudo como en la bandera. Agustín de Iturbide establece originalmente la bandera en los primeros años de la Independencia, entre 1821 y 1822, con bandas diagonales. Es interesante ver cómo el rojo, el verde y el blanco van a formar parte del emblema, cada uno con su significado. El blanco, por ejemplo, representa la pureza de la religión católica. Es un hecho curioso que el águila, que metafóricamente venía volando desde el mundo prehispánico, va a quedar plasmada en el color blanco de la bandera.

    ¿Por qué se escogió al águila en los primeros años de la Independencia como el símbolo que debería quedar en ese color blanco? Porque era muy importante para los insurgentes poder relacionar al México naciente, libre de la tutela española, con el mundo indígena que había sido destruido por España, buscaban ese cordón umbilical que los uniera con el pasado prehispánico. Era el símbolo de Tenochtitlan: el águila parada sobre el nopal devorando a una serpiente.

    Lo curioso es que queda en el color blanco el símbolo pagano prehispánico, sobre el emblema que representaba la pureza de la religión católica. Yo diría que es la reivindicación de los dioses. El símbolo de Huitzilopochtli plasmado ahí. Claro que pasaron toda una serie de vicisitudes con las cuales el carácter prehispánico de ese símbolo se fue transformando, de tal manera que en Tenochtitlan tenía un carácter de sacrificio, de guerra, porque era el corazón de Copil, destruido por Huitzilopochtli, arrojado en medio del lago de Texcoco. Tenía un contenido especial dentro del mundo mexica, que después se fue perdiendo y adquiriendo símbolos cristianos relacionados con el águila, con la serpiente, que es la vencida. La virgen María, por lo general, pisa a la serpiente, que es representación demoniaca. Y al final va a estar presente la mezcla de esos elementos prehispánicos con los del cristianismo.

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    El tiempo de un arqueólogo

    En alguna ocasión un periodista me preguntaba cuántos sitios arqueológicos había en México. Le dije: “hay uno solo, se llama México”.

    ¿Cuál es su visión personal de la arqueología?

    La arqueología es una disciplina que forma parte de la antropología, o sea, el estudio del hombre. La antropología, en México por lo menos, se concibe a partir de varias disciplinas y cada una de ellas tiene su particular tema de investigación. Por ejemplo, la lingüística analiza las lenguas antiguas, inclusive las modernas. La etnología atiende la investigación de los grupos indígenas actuales. La antropología física analiza al hombre como ente biológico. Y la arqueología estudia al hombre en todo su devenir a lo largo del tiempo; desde esa perspectiva tiene como finalidad dar una visión integral del desarrollo de las sociedades antiguas, para ver cómo han ido evolucionando y las características de estas sociedades: si eran, por ejemplo, de cazadores recolectores, pertenecientes al neolítico, cuando se establecieron las primeras aldeas permanentes. Se analizan también los comienzos de la arquitectura hasta el momento del establecimiento de los grandes centros urbanos, como en el caso de Mesoamérica done hay una ciudad como Teotihuacan, quizá la más extensa y habitada de la región. Podríamos mencionar muchos aspectos económicos, sociales, de organización social, tecnológicos y religiosos.

    ¿Por qué eligió esta profesión como camino vital?

    Me interesó mucho la arqueología a partir del bachillerato, no sabía yo lo que iba a estudiar y cayó en mis manos un libro que fue fundamental: Dioses, tumbas y sabios, de C.W. Ceram, que marcó mi interés por la arqueología pero a través de Egipto, y esto me atrajo de una manera enorme y decidí que estudiaría arqueología. Esto ocurrió en 1958. Decidí inscribirme al año siguiente en la ENAH, donde obtuve la maestría en 1965.

    ¿Cómo aborda se aborda el tiempo desde la arqueología?

    Hay dos categorías que son aplicables a casi todas las ciencias: tiempo y espacio. En el caso de la arqueología, toman una importancia fundamental al relacionarse con la cultura. O sea, el sello que el hombre deja en tiempo y espacio. Entendemos el espacio como el territorio que en un momento dado va a controlar una sociedad. Son las categorías fundamentales para la comprensión del devenir humano en general.

    ¿Qué ha ocurrido desde la aparición del hombre hasta ahora, que se trabaja en revelar a las culturas antiguas?

    Hay toda una arqueología histórica e inclusive una arqueología industrial que ya analizaba situaciones desde el siglo XIX y XX. La arqueología no se detiene, en el caso de México, en el mundo prehispánico. También existió la arqueología histórica, correspondiente al momento en que se establece la Colonia, en lo que va a ser la nueva España. Aquí, en Templo Mayor hemos podido conocer y trabajar algunos contextos de esa etapa, inclusive el Museo del Templo Mayor, en su sala número 8, donde se muestra esa presencia colonial y los hallazgos que hicimos en el siglo XX, para dar esa idea de continuidad y que la gente comprenda que no solamente es el estudio de lo prehispánico, sino lo que vino después y cómo se fue dando en el área en que estamos trabajando.

    ¿En qué situación está ahora la arqueología mexicana en su conocimiento del pasado?

    México es un país de una riqueza arqueológica enorme y las directrices de las investigaciones arqueológicas recaen en el INAH y en el Consejo de Arqueología. La UNAM tiene el Instituto de Investigaciones Antropológicas, la Universidad Veracruzana tiene su escuela de antropología. También hay presencia de escuelas en el norte del país, en Oaxaca y en Yucatán. Todas estas instituciones, además de las extranjeras, y los investigadores del INAH tienen que presentar sus  investigaciones al Consejo de Arqueología, conformado por especialistas en materia que analizan cada proyecto que se quiere realizar para ver si es viable, si cuenta con las características metodológicas indispensables básicas. Es una entidad que vela para para que los proyectos aceptados aporten algo significativo a la historia de nuestra nación.

    ¿Qué falta por conocer?

    Falta todo. Hemos avanzado muchísimo pero en el país tenemos más de 200 mil sitios arqueológicos de todo tipo. Desde sitios prehistóricos, con rastros del hombre cazador y recolector, trashumante, hasta sitios del neolítico con la presencia de villas y sociedades complejas urbanas. Falta muchísimo por conocer, por lo tanto, la arqueología sigue dando y aportando conocimientos sobre el pasado, pero también falta por investigar muchísimo. En alguna ocasión un periodista me preguntaba cuántos sitios arqueológicos había en México. Le dije: ‘hay uno solo, se llama México’. Eso te da una dimensión, no es una frase solamente. Porque donde excavas, encuentras algo: un tepalcate, un elemento lítico, etcétera. Hay una riqueza enorme que está por investigarse porque no podemos agotar ya un sitio arqueológico. De Teotihuacan, donde se han llevado a cabo muchas investigaciones arqueológicas desde el siglo XVII, por ejemplo, lo que conocemos es a lo mucho 20 por ciento de la ciudad, o quizá menos, imagínate lo que falta por conocer de muchos otros lugares.

    R. Martínez T. –Comunicólogo.