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José Gordon: La inconcebible imaginación

José Gordon parte de la idea de que el asombro no es patrimonio ni del arte ni de la ciencia, sino su hilo conductor. De ahí que un cuento de Borges pueda llegar a los mismos senderos que los teóricos de la mecánica cuántica. Pues el libro del Universo es inconcebible, pero legible a través de ecuaciones y versos que unen a poetas como Walt Whitman, Octavio Paz y a científicos como Einstein y Juan Martín Maldacena. Tal ha sido la tarea de José Gordon como autor, conductor de televisión y científico, cuyo tesón se transmite en esta entrevista: aunar los límites de la belleza científica y la inteligencia artística.

 

Para esta entrevista, José Gordon (Ciudad de México, 1953) llega al punto de nuestro encuentro con un libro en sus manos y una sonrisa. Lo primero que hace es decirnos que no es un texto cualquiera, sino una recopilación de cuentos de uno de sus autores de cabecera: Isaac Bashevis Singer.

Nos comparte además la trama del cuento de ese autor que marcó su adolescencia. Es el idilio de un hombre con una mujer que habita en sus sueños. El romance se ve truncado cuando él la encuentra en la calle y ella le informa que debe dejar de soñarla porque está casada. La historia, en apariencia desconectada del motivo de nuestra reunión, revela al final de la entrevista que con Pepe Gordon, nada es accidental. Cada una de sus frases forma parte de una unidad, una especie de “entrelazamiento cuántico”.

Nuestra conversación transcurre en un plató de televisión vacío; la charla se convierte rápidamente en una especie de versión científica y moderna de las Cartas a un joven poeta de Rilke. Tras sus ojos cristalinos se esconde el brillo de una mirada que encaja mejor con un niño que con un hombre adulto.

José Gordon lanza citas, canta, cuenta chistes, juega con el fotógrafo para lograr fotos cargadas de joie de vivre. Es mediante ese vaivén que nos lleva al mundo que construye en su libro más reciente: El inconcebible Universo (Sexto Piso, 2017).

Cuando hablamos de ciencia, tendemos inmediatamente a excluir de la ecuación la imaginación y el arte. Pepe Gordon demuestra a través de la conexión de la física cuántica y la literatura que no hay vínculo más fuerte que el de la ciencia con el arte, pues ambas comparten un sueño: entender cómo se conectan los diferentes fenómenos que componen la realidad.

En la obra de este periodista, ensayista y traductor, la idea que domina es la imaginación como agente de cambio. José Gordon es reconocido por sus columnas de ciencia y arte en diversos medios de comunicación, por sus laureadas cápsulas televisivas del proyecto Imaginantes y por sus programas donde el arte y la ciencia se tocan y confluyen en una unidad. Además de El inconcebible Universo, ha publicado los libros de ensayos: Tocar lo invisible (1995), El libro del destino (1996), El novelista miope y la poeta hindú (2002), Revelado instantáneo (2004) y El cuaderno verde (2007).

Para iniciar nuestra conversación, José Gordon rememora su iniciación en los misterios del universo: “Me recuerdo a los ocho años, en la playa, de noche, mirando las estrellas y el oleaje. En esa oscuridad sentía el pulso de la vida y me hice mi primera pregunta de índole científica: ¿por qué existe algo en vez de que no exista nada? Anular el “yo” y cuestionarse por qué hay algo en vez de nada es una pregunta que da un mareo cósmico. Esa pregunta me ha acompañado en diferentes momentos de mi vida”.

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    El sueño cuántico del arte

    Tenemos el sueño de poder comunicarnos al nivel de nuestra vida cotidiana. La buena noticia es que por lo menos al nivel de partículas subatómicas sí ocurre.

    Hay un sueño que está presente en el arte pero también en la ciencia, que es el de que en el fondo todos somos uno y lo mismo. Aparece en la mente de los más grandes poetas. Aparece en Walt Whitman, Borges u Octavio Paz, pero también en la mente de científicos como Einstein, Edward Witten o Juan Martín Maldacena, físicos que exploraron si más allá de la diversidad existe un nivel unificado de todo lo que vemos. La poesía lo plantea de una manera luminosa. Es el nivel que ha buscado Borges en “El Aleph”: un punto como un holograma cósmico que contiene todos los puntos del Universo.

    Ese sueño aparece también en la ciencia, nada más que se vuelve muy evasivo. Einstein soñó con la idea de un campo unificado de todas las fuerzas de la naturaleza, pero el problema es que no logró explicarlo. Cuando ya todos pensaban que el sueño se estaba abandonando, llegaron ciertos científicos a plantearnos que tal vez sí hay ese nivel en la naturaleza: Stephen Hawking y la teoría del todo; la teoría de cuerdas que desarrolla Juan Martín Maldacena… en términos de ciencia, todavía no hay evidencia experimental; sin embargo, existen indicios fascinantes que nos hablan de la correlación que tenemos. Uno de los fenómenos de esta interrelación es el del “entrelazamiento cuántico”: las partículas subatómicas, que han interactuado entre sí, si son separadas a distancias lejanas, siguen reaccionando una en función de la otra. Uno podría pensar que esto no puede ser comprobado en términos experimentales. De hecho, Einstein decía que este fenómeno implicaría una comunicación fantasmal a distancia. Sin embargo, en 1982 el físico Alain Aspect hizo los primeros experimentos que demuestran que es un fenómeno real. En México tenemos una canción que nombra este fenómeno, un bolero cuántico: “dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esta razón…” Tenemos el sueño de poder comunicarnos al nivel de nuestra vida cotidiana. La buena noticia es que por lo menos al nivel de partículas subatómicas sí ocurre.

    Otros fenómenos muy interesantes que están dándose hoy tienen que ver con la teoría de cuerdas, que persiste en ese sueño de ver si en el fondo todo está entrelazado. En la ciencia hay una tendencia conceptual hacia la unidad, pero topamos de repente con pared porque no se pueden unificar todas las fuerzas de la naturaleza; sin embargo, la teoría de cuerdas lo logra, pero a un precio muy alto. Su problema es que matemáticamente es muy hermosa, pero no tiene capacidad predictiva. No obstante, sigue habiendo esfuerzos muy importantes que está haciendo uno de los más grandes teóricos de esta hipótesis, el físico Juan Martín Maldacena, de la Universidad de Princeton, que empieza a descubrir algo fascinante: que la teoría de cuerdas, que trataba de explicarnos una unidad vertical de las fuerzas de la naturaleza, tiene también otras posibilidades de conexiones que implican el descubrimiento de una unidad horizontal; por unidad horizontal entiendo lo que entiende la poesía en términos de metáfora, la que conecta una parte de aquí con una parte de allá.

    La metáfora hace eso, es una especie de mudanza, en su origen griego esta palabra quiere decir “mudanza”. En ciencia esta mudanza se lleva a cabo a través de ecuaciones, que conectan zonas muy distantes y distintas de la naturaleza. Maldacena señala que hay varias entradas para conectar el modelo de la teoría de cuerdas con el lenguaje de las partículas, y una de esas entradas nos dice que el entrelazamiento cuántico podría ser idéntico a lo que se conoce como agujero de gusano, es decir, el fenómeno de partículas subatómicas es un fenómeno microscópico y los agujeros de gusano es un fenómeno macroscópico. Estamos hablando de que en los espacios cósmicos hay dos agujeros de gusano que están de alguna manera comunicados a través de una especie de puente y que saltan las distancias de una manera maravillosa.

    La lejanía no tiene que ver tanto con el hecho de que estés distante físicamente, sino porque no estás entrelazado es que hay lejanía. Lo que llamamos lejano y cercano cambia por completo. Implica una especie de dualidad en donde lejanía y cercanía son las dos caras de la misma moneda. Esto es una paradoja que ya había explorado la poesía. Walt Whitman decía: “me contradigo, qué bien; me contradigo, soy tan vasto que en mí caben multitudes”; sin embargo, en el lenguaje de la ciencia, llegar a la paradoja era un poquito más difícil. Empezamos a ver más claramente el lenguaje de la paradoja, que ya ha empezado a explorarse en la física. Es extraordinario, porque desafía las nociones con las que entendemos nuestro mundo y nuestro universo. Nos plantean el reto de ese sueño que tiene la ciencia de saber si en el fondo estamos entrelazados.

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    Las partículas de la realidad

    Quedamos fascinados con las investigaciones de frontera que se están dando en la física, con un relato que surge del estudio de la ciencia, pero que rivaliza en intensidad de imaginación con lo que nos está planteando la literatura.

    Hay un relato fascinante que nos empieza a dar la ciencia moderna donde la realidad puede comportarse como partícula y puede asumir además diferentes caminos de una manera simultánea; comportamientos cuánticos donde las partículas funcionan como en un coro en vez de nada más una sola voz. Borges también se hace una pregunta similar en el cuento “El jardín de senderos que se bifurcan”, donde habla del problema que tenemos cuando hemos tomado una opción y se nos cierran todas las otras alternativas. Él se pregunta si podríamos tomar todas las alternativas simultáneamente y vivir una especie de universos paralelos.

    La idea de que uno podría estar aquí y al mismo tiempo estar leyendo un libro, y al mismo tiempo ir de viaje a otro lugar, todas esas posibilidades que uno quisiera mantener vivas, tal vez están en la opción de la literatura, de vivir varios mundos paralelamente. En la física, esta interpretación de los diversos mundos paralelos se le llama mecánica cuántica. Resulta que, por ejemplo, para modelar el paso de los fotones en la fotosíntesis, se hace un estudio muy importante para avanzar en términos del entendimiento de la energía solar. Para ello se modela el camino del fotón hacia el centro de la planta, donde se realiza la función de fotosíntesis. Se descubrió que la mejor forma de modelarlo era mediante el camino de múltiples senderos simultáneos. Así funciona la naturaleza. Estos principios son clave para tratar de lograr otro sueño de la ciencia, que tiene que ver con computación cuántica. Siempre que hacemos computación tenemos un “cero” o un “uno”, pero si pudiéramos tener diferentes posibilidades al mismo tiempo, podíamos hablar de un cero y un uno.

    Cuando los físicos leen un relato como “El jardín de senderos que se bifurcan”, se preguntan si no es que Borges ya había estado influido por la ciencia, o por alguna lectura de este tipo de conceptos, pero Borges planteaba que no, pero no le sorprendía que se pudieran espejear la imaginación científica y la imaginación literaria, porque al final del día ciencia y arte tienen un elemento común: el despliegue de una creatividad y una imaginación que nos lleva más allá de los sentidos. Por eso quedamos fascinados con las investigaciones de frontera que se están dando en la física, con un relato que surge del estudio de la ciencia, pero que rivaliza en intensidad de imaginación con lo que nos está planteando la literatura. De esa manera descubrimos poesía y belleza en la ciencia, misterio, inteligencia, creatividad, formas que se saltan los límites de lo que solíamos apreciar.

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    Ensanchar los muros de nuestra mente

    El mundo está ahí para plantearte los retos del misterio y del asombro que produce el estar vivo y el estar en contacto con lo que nos rodea.

    Los artistas muchas veces se adelantan a lo que viene. T.S. Elliot decía que el ser humano no puede soportar tanta realidad y es por ello que tratamos de modularnos para ver el fragmento que nuestros sentidos pueden apreciar. Pero aquí y allá hay poetas que ensanchan la mirada y se empiezan a salir de los límites, que se nos vuelven un reto enorme porque no estamos acostumbrados a apreciar una realidad mucho más vasta, imaginativa. Está ahí el arte, la mirada de Cortázar, de Borges, de nuestros grandes poetas, que siempre van ensanchando nuestros límites y nos invitan a imaginarnos mucho más allá de lo que solemos apreciar. Eso se vuelve fascinante, porque descubres que el mundo está ahí para plantearte los retos del misterio y del asombro que produce el estar vivo y el estar en contacto con lo que nos rodea. A veces pensamos que ya lo entendimos todo, y eso es una de las partes más terribles de la educación. Uno de los retos más importantes que nos hacen tanto científicos como artistas, es de verdad asomarnos a algo que nos invita a conocernos y conocer al otro.

    Estamos ante un problema de cómo escapar de las prisiones mentales en las que nos quieren poner los otros, cosa que implica cambiar paradigmas. En ciencia, esto quiere decir cambio de modelos de cómo vemos la realidad. A veces los muros son externos, a veces internos, pero a veces cuando vienen de afuera el problema es no dejarnos atrapar por ese límite, tratar de pensar otro tipo de salidas. Bernard Shaw platicaba que en alguna ocasión le llegó una hoja de papel en donde simplemente aparecía la palabra “imbécil”. En vez de comprarse la idea de definirse o no en esos términos, él simplemente dijo lo siguiente: “yo he recibido muchas cartas sin firma, es la primera vez que recibo una firma sin carta”. Eso es lo que quiere decir la creatividad y eso es lo que necesitamos en nuestro país como nunca. De verdad apostar por aquellos científicos, artistas, educadores, niños, jóvenes, que tienen pasión por entender y darle la vuelta a un mundo donde estamos siempre delimitados en la misma cárcel perceptual.

    La ciencia y la literatura siempre nos han invitado a abrir los ojos. William Blake, el gran poeta, decía que si limpiáramos las ventanas de la percepción, veríamos la realidad como es, infinita; pero, claro, el problema es que estamos delimitados en nuestra pequeña cárcel y la clave entonces es cómo compartir conocimiento. Si nos vamos conectando a esos niveles es cuando nos emociona el arte, nos damos cuenta de que es una forma de leernos a nosotros mismos, de tener un espejo para entender nuestro Universo. Juan José Millás, en Dos mujeres en Praga, comienza con un anuncio de ocasión que aparece en un periódico y dice: “usted pone la vida, nosotros le escribimos su novela”. Lo que se plantea ahí es que todos mereceríamos tener una novela de nuestra vida para tener un espejo de la realidad en la que nos movemos y poder entenderla más ampliamente. No podemos tener una novela para cada uno de nosotros, pero la buena noticia es que las buenas películas y las buenas novelas son un espejo de nuestras propias vidas, donde podemos apreciarnos de una manera más amplia y salir de los límites en que nos movemos. Sentir una interconexión, una comunión que es uno de los frutos más hermosos de la comunicación y del arte.

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    La comunión del arte y la ciencia

    Si queremos sobrevivir como especie humana, tenemos que voltear la vista hacia nuevas ideas. Lo que se requiere es un cambio que surge desde los niveles más profundos de la educación.

    Tenemos una visión como de caballos percherones, que nada más ven lo que quieren ver, o lo que está marcado en los límites. El siglo XXI nos está invitando a la multidisciplina, no por una cuestión arbitraria sino porque mientras más amplios son nuestros mapas para entender lo que nos rodea, más interconexiones encontramos que nos permiten ver vínculos y salidas a problemas que en la estrechez no se pueden ver. Las distintas disciplinas nos dan mapas que amplían nuestra mirada, nuestra visión, nuestros modelos para tratar de resolver problemas, por eso la inspiración del arte y la literatura puede estar presente también en la ciencia. Uno no puede decir cuántos gramos de Cortázar son necesarios para que haya un avance en términos de un nuevo paradigma científico, pero sabemos que uno de los libros favoritos de Einstein era Los hermanos Karamazov, de Dostoievski, donde uno de los personajes centrales hablaba del problema de imaginar espacios, geometrías no eucleadianas, donde dos curvas pudieran llegar a tocarse. Es muy claro que la imaginación científica de Einstein está nutrida por esa imaginación que aparece en las novelas. Mientras más puntos de contacto se puedan dar entre ciencia y arte, esa división tan terrible debería de abolirse.

    Ante los grandes retos que vivimos, el problema es que tenemos soluciones que son repetitivas, y que no son soluciones. Lo decía muy bien Abraham Maslow: cuando nuestro único instrumento es un martillo, todo lo vemos en forma de clavos. Si queremos enfrentar los problemas que vivimos, si queremos sobrevivir como especie humana, es muy claro que tenemos que voltear la vista hacia nuevas ideas, nuevos elementos de creatividad que nos permitan resolver los problemas. Lo que se requiere es un cambio que surge desde los niveles más profundos de la educación.

    Hay una historia que mí me impresiona mucho, que tiene que ver con un experimento que se hizo con unos gatos, cuando apenas acababan de nacer. Lo hicieron dos científicos que a la postre ganaron el premio Nobel. Cuando los gatos apenas acaban de nacer no tienen desarrollados los nervios ópticos. Es muy importante mirar para desarrollar la mirada en esos primeros días. No están todavía las terminaciones ópticas completamente desarrolladas y el proceso de ver termina de realizar las conexiones que se requieren. Los científicos hicieron un estudio un tanto cuanto cruel, porque colocaron a los gatitos en unas cajas donde solo había líneas horizontales justo cuando acababan de nacer. Cuando salen de las cajas, los gatitos siempre se tropiezan con las patas de las sillas de las mesas porque no pueden ver lo vertical, lo único que han tenido es el desarrollo de sus circuitos para ver lo horizontal. A mí esto me deja pensando: ¿qué es lo que ha ocurrido con nuestra educación? ¿En qué tipo de cajas nos hemos metido, que nada más nos permiten ver una zona de la realidad y no otras cosas? ¿Qué tantas limitaciones tenemos? La forma de hacer boquetes dentro de esa caja, para salir, tiene que ver precisamente con los estudios que nos da la ciencia y que nos da el arte. Es vital, porque si vivimos encerrados en esa caja, simplemente nuestro futuro está condenado.

    Detrás de las grandes crisis que vivimos, económicas, sociales, políticas, que afectan a los corporativos, a los estudiantes, a los que caminamos de pie por nuestras ciudades, la más profunda es la crisis de la imaginación, de no pensar con amplitud suficiente para resolver problemas. Estamos capturados en una forma de historias que pensamos que son nuestras únicas posibilidades. Sin embargo, aquí y allá todos hemos tenido una probadita de lo que quiere decir cuando de repente todo iba en una mala dirección y con un poquito de creatividad y de imaginación, una mirada un poquitito más fresca, cambiar la mirada por un milímetro, tiene consecuencias maravillosas. La mala noticia es que a veces los muros los construimos nosotros mismos. La buena es que tenemos formas de minar esos muros y esto implica un salto de imaginación.

    De esto es lo que se trata, de alguna manera, el esfuerzo que hemos hecho al tratar de condensar este tipo de historias y de relatos en El inconcebible Universo, ilustrado maravillosamente por Patricio Betteo, y en una edición de Sexto Piso, que la verdad, aprecio profundamente. Diego Rabasa como editor se atrevió a dar ese salto de imaginación para plantear que no tenemos que quedarnos con la idea de los libros que siempre podemos concebir, sino que a veces también podemos imaginar el inconcebible Universo como libro.

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    Resonar con-ciencia

    Me encanta compartir inteligencia, belleza e imaginación. Lo que siempre concebí es que para hacer una labor de comunicar teníamos que utilizar los mismos instrumentos del arte.

    A mí me encanta compartir inteligencia, belleza e imaginación. Lo que siempre concebí es que para hacer una labor de comunicar teníamos que utilizar los mismos instrumentos del arte. Siempre me ha preocupado la calidad narrativa y literaria del trabajo mismo de comunicación, no es nada más la información y las ideas, sino la forma de narrarlos, que nos puedan plantear una historia fascinante, que conmueva y que está cuidada en el lenguaje, en su delicadeza, como si estuvieras haciendo una especie de novela u obra de arte. Así es como concibo mis proyectos: responder al arte con el arte, y en este caso, responder a la ciencia con el arte, con una narrativa que haga honor a los grandes mentores que tenemos en la escritura; uno de ellos es para mí muy cercano, íntimo: Isaac Bashevis Singer, quien precisamente plantea que en los encuentros que tenemos entre los seres humanos, cuando de verdad hay una comunicación y una comunión, hay un elemento telepático. Es precisamente porque están ahí jugando las neuronas de la empatía a todo lo que da; estamos imaginando al otro, y el otro nos está imaginando. Esto creo que es clave hoy en día, porque como decía Carlos Fuentes, destruimos al otro cuando somos incapaces de imaginarlo.

    En los lugares que he trabajado, siempre me han acompañado una fotografía de Singer y un cuadro maravilloso, donde yo vi un cuento de Italo Calvino: “La distancia de la luna”, de Las cosmicómicas, donde Calvino juega con la hipótesis de que hubo un tiempo, cuando la Tierra estaba muy cerquita de la Luna, en que en las noches la gente salía a pasear en el mar en una barca y con una pequeña escalera, daba un salto y estaba en la luna. Había un hombre enamorado de la mujer que estaba subiendo la escalera para estar en la Luna. Cuando ella sube, el hombre trata de ver si por fin puede dar el salto y empieza a subir la escalera, pero en ese justo momento la Luna empieza a despegarse de la órbita que tenía en ese momento, para colocarse en la que tiene actualmente. El hombre vive un momento de indecisión, entonces la Luna se escapa con la mujer amada para siempre. Esa es la razón, dice Italo Calvino, por la que los perros ladran en las noches de luna llena, recordando el amor de aquel hombre por aquella mujer. Para mí era emocionante ver que en un solo cuadro se había encerrado todo un universo. Ese fue el primer “Imaginante” que hice, basado en esa idea: das el salto de la imaginación, estás con la mujer amada en la Luna; no das el salto de la imaginación, te quedas aullando para siempre.

    Autores como Bashevis Singer o Italo Calvino, personajes de la ciencia y de la investigación en la frontera del cerebro, nos invitan a explorar lo que quiere decir la creatividad y hasta dónde puede llegar nuestra mirada. Ése es el propósito de este ejercicio de comunicación. Comunicarlo con la misma sustancia de lo que estamos comunicando, al arte se le responde con arte y quisiera pensar que a la ciencia se le puede responder con arte, sin perder los rigores metodológicos de cada uno. Cada una de estas disciplinas tiene su propio rigor, su propia metodología, eso no se puede confundir. Lo que sí se puede es descubrir la imaginación que flota en el mundo de la ciencia y la imaginación que flota en el mundo del arte. Cuando descubrimos esto, hay una transformación en la realidad que casi podría parecer mágica. Arthur C. Clarke decía: “toda tecnología suficientemente desarrollada es indistinguible de la magia”. A ese nivel nos está acercando la ciencia y a ese nivel, en la verdadera magia, nos acerca la literatura que nos comunica y nos pone en sintonía, en comunicación profunda entre uno y otro.

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    Antídoto contra la desilusión

    Una parte fantástica y fascinante de la comunicación es cuando descubrimos que somos una soledad acompañada, que somos silencios que están comunicados profundamente.

    Decía el poeta Luis Rius que no se puede vivir como si la belleza no existiera. Cuando la descubres no hay vuelta atrás. Cuando veo, por ejemplo, la calidad de ciencia y de imaginación en físicos como Miguel Alcubierre, en la UNAM; como Gerardo Herrera, en el CINVESTAV; como Alberto Guijosa, en el Instituto de Ciencias de la UNAM; cuando veo el tamaño de la imaginación de Fernando del Paso, o hacia donde nos lleva la ironía y el humor de Salvador Elizondo, empiezo a encontrar espejos en los que podemos modelarnos con una creatividad que verdaderamente sí puede incidir en la realidad. Ahí es donde verdaderamente nos damos cuenta de la importancia de sostener estas visiones, pero tenemos que encontrarlas. La buena noticia es que están ahí, milenariamente esperándonos en libros, en el pensamiento de gente audaz, que ha roto los límites de la imaginación, así hayan sido escritos hace 300 años, pero que también están vivas el día de hoy, en gente que está tratando de luchar contra los problemas de discriminación por género, contra los problemas de injusticia económica y social. Ese cambio en la sociedad no es imaginable si no se sostiene de una visión que nos nutra por dentro.

    Uno de los elementos fundamentales es descubrir con quiénes resonamos e ir creciendo el círculo. Así como estamos viviendo algunos de los momentos límite más importantes de la historia, también estamos al mismo tiempo rompiendo las barreras de la historia de una manera que jamás habíamos pensado. Las comunicaciones que se están dando con las redes sociales, que tienen sus claroscuros, nos permiten saltar límites de censura y de comunicación de ideas que antes nos aprisionaban. Creo que cuando encontramos visiones genuinas de conocimiento, esto siempre te invita a conocer más.

    El verdadero conocimiento y la verdadera imaginación capturan a las mentes y los corazones que están listos para eso. Siempre les echamos a la culpa a los niños, que tienen falta de atención, que están dispersos y creo que el problema es no reflexionar sobre qué es lo que nosotros no estamos haciendo bien para comunicar lo que tenemos que comunicar. Más bien, el peso del problema está en los que tenemos que narrar los sueños y las historias de la tribu, las pesadillas que vivimos y las posibilidades de remontarlas. No creo que se puedan resolver los problemas haciendo caso omiso a la realidad y no tratando de ver lo que estamos viviendo: problemas de corrupción, de injusticia, económicos, graves y muy serios. Al mismo tiempo, lo que nos está faltando es apostar por eso que nos nutre en términos vitales.

    Una parte fantástica y fascinante de la comunicación es cuando descubrimos que somos una soledad acompañada, que somos silencios que están comunicados profundamente. Si hacemos una imagen que nos conecte de nuevo con el mundo de la teoría de cuerdas, lo que tenemos es una especie de vasos comunicantes, agujeros de gusano en donde a través del arte y de la ciencia descubrimos que estamos más interconectados de lo que imaginamos.

    Myhrra Duarte - Comunicóloga especializada en cultura