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Comunidad terapéutica

Iveth Luna Flores


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Editorial: Fondo Editorial Tierra Adentro-Secretaría de Cultura-DGP

No. 570

Año: 2017

Páginas: 92

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Iveth Luna Flores en la librería Educal “Cineteca de Nuevo León”, en Monterrey, N.L. Foto: cortesía de la autora.

Comunidad terapéutica es un libro, cuya autora, Iveth Luna Flores (Monterrey, 1988), declara pronto: “hay imágenes que no merecen ser traducidas a metáforas”. De esa manera, los poemas aquí presentes hablan sobre el dolor colectivo y personal, la agresión y la terapía, el cuerpo femenino como terreno del discurso clínico y estético.

Las composiciones poéticas de Iveth Luna Flores se reúnen en cuatro apartados («Sala de agudos», «Comunidad terapéutica», «Terapia individual» y «Alta médica»), recorren situaciones que conmueven y horrorizan a individuos, casi siempre mujeres, en un país como es el México contemporáneo.

En unas cuantas líneas, Iveth Luna captura los grandes dramas que viven los habitantes del microcosmos que crea, que lo mismo refleja la realidad actual del norte de México que la violencia hacia las mujeres. A propósito del libro Comunidad terapéutica, por el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2016, entrevistamos a su autora:

—Iveth, ¿cuándo y cómo surgió tu interés por la poesía?

—En la casa de mis padres no había libros, cuando cursaba la primaria me gustaba mucho releer un librito extra que nos daban en la escuela, además del libro de español, que contenía fábulas y poemas prehispánicos. En la secundaria transcribía las letras de mis canciones favoritas, cuando cumplí los 14 años mi padre me llevó a mi primera feria del libro y pedí que me comprara un libro: Cómo leer y escribir poesía, de Hugo Hiriart. Me llamó la atención el título, no le entendía del todo al libro, pero a partir de ahí comencé a escribir intentos de poemas.

—Además de escribir, ¿a qué te dedicas en Monterrey?

—Ahora tengo dos trabajos: soy creadora de contenido para una agencia de publicidad en redes sociales y también corrijo libros para la UANL. El resto del tiempo soy madre de cuatro gatas: Paquita, Salvia, Bárbara y Memita, y de un gato, Güero.

—¿Por qué escribiste Comunidad terapéutica y de dónde surgen temas del libro como la locura, la violencia contra las mujeres, el desamor, la separación de los amantes?

—Comencé a escribir algunos poemas del libro hace seis años. Creo que, en general, me he inclinado por temas fuertes y violentos, a raíz del núcleo familiar en el que crecí. Fui educada, como muchos mexicanos, bajo un régimen de represión de las emociones y de violencia hacia los cuerpos. Reproduje este patrón durante toda mi adolescencia y parte de mi juventud, después me di cuenta que todo esto se encontraba también afuera. Comunidad terapéutica es la culminación de varias etapas ligadas al desarrollo de mis relaciones interpersonales y a mi salud emocional.

El libro abre con “Poema a 1.5 interlineado”, que contiene imágenes muy duras que evocan un parricidio, ¿qué reacción esperas del lector?

—Este poema está basado en una nota roja. Pasaba por un proceso de confrontación demasiado doloroso y cansado para mí. No sé qué reacción esperaba, mi idea era escribir, luego de la rabia, varios poemas basados en notas rojas. Pero me harté muy pronto, quizá porque la fórmula comenzaba a volverse tediosa y replicaba la misma voz en todos mis poemas. Abandoné el “proyecto”. Varios de los poemas del primer capítulo del libro están basados en notas rojas.

Una de las ilustraciones Edna Suzana Gutiérrez, autora de la imagen en portada de “Comunidad terapéutica.” Imagen: Especial.

—En la sección «Comunidad terapéutica» llama la atención que se muestra una faceta diferente de los médicos y hospitales que atienden a personas con trastornos emocionales.

—Creo que hay un tono que demanda y confronta a los médicos y a las instituciones de salud mental respecto al lugar que ocupan los pacientes: se vuelven individuos, objetos de estudio que están en la mira de los psicoterapeutas. Una como paciente entrega su historial mental y ellos se abocan a escuchar y diagnosticar, pero también creo que en los poemas se muestra, quizá poco, el lado empático de los mismos médicos: su vocación y paciencia para escuchar y acompañar a quienes están dentro del caos emocional.

—Al final del libro, en «Alta médica», viene “Apoptosis”, pieza que cuenta la historia de una pareja, aunque no es la clásica historia rosa de amor…

—Este poema lo escribí a partir del mismo proceso que mencioné anteriormente. Creo que en él están todas esas interrogantes que me angustiaban respecto al concepto del amor y de lo que se espera en una relación de pareja. Una crece bajo varios estereotipos que aprendemos viendo cómo se aman o se odian nuestros padres, lo que nos dicen las películas y las canciones románticas, y algunos poemas. Después traes todo eso a tus propias relaciones amorosas y termina siendo un caos porque no embona, nos han vendido una idea del amor bastante inalcanzable y toxica. Hay clásicas historias de amor, sí, pero siempre podremos adaptarlas al mundo real y de acuerdo a lo que podemos ofrecer y lo que nos ofrece el o la otra. Supongo que este poema habla del momento en que me di cuenta de todo esto.

¿Qué tanto de ti misma se encuentra plasmado en el libro?

—Mucha de mi corta vida. Todavía soy esa Ivet Luna Flores, pero creo que en menor medida. Menos tóxica y violenta conmigo misma y el exterior: mi familia, las personas que quise y las que me rodean ahora.

¿Por qué crees que Comunidad terapéutica se hizo acreedor al premio nacional de poesía joven Francisco Cervantes Vidal?

—Creo que cumplió con ciertos parámetros, es decir, tiene la típica fórmula que exige un concurso nacional de poesía. Pero también creo que cuenta con la suficiente fuerza como para captar a un lector promedio. Y, en general, los temas que toca son bastante frecuentes en la literatura actual de nuestra cultura.

—¿Qué es lo que más te gusta de Comunidad Terapuéutica? ¿Y lo que menos?

—Ya no me gusta la primera mitad del libro, quizá porque me disgusta el tono aleccionador al que recurrí varias veces en mis poemas, y que ahora odio en la poesía. Todavía me gusta el último capítulo, pero quiero intentar -cuando tenga tiempo- otras formas de acercarme a la literatura.

José A. Rogerio Girón – Periodista y redactor de Correo del Libro

Sobre la autora

Imagen: Especial

Iveth Luna Flores (Monterrey, 1988).          Fue miembro del Seminario Permanente de Literatura Francisco José Amparán, de la ciudad de Saltillo, Coahuila. En 2016 fue becaria del Centro de Escritores de Nuevo León.