Home»De camino al faro junto a Jazmina Barrera

De camino al faro junto a Jazmina Barrera

Cuaderno de faros

Jazmina Barrera


linea-verde

Editorial: Fondo Editorial Tierra Adentro-Secretaría de Cultura-DGP

No. 567

Año: 2017

Páginas: 122

linea-verde

bolsitaCómpralo aquí

cuadernofarosinter

Jazmina Barrera. Foto: Correo del Libro / José Antonio Rogerio Girón

“No conocía los faros, pero ya había soñado con uno cuando era niña”, recuerda Jazmina Barrera. Sería durante un reciente viaje a Portland en Estados Unidos, y motivada por Al faro (To the Lighthouse), de Virginia Woolf, cuando decidiría estudiar estos edificios a través del ensayo.

Los faros son famosos desde la Antigüedad y aún en tiempos del posicionamiento global por satélite siguen siendo un símbolo de la cultura universal. Jazmina Barrera (Ciudad de México, 1988) en Cuaderno de faros recoge sus impresiones personales, plasmadas en este pequeño gran libro, sobre estas edificaciones alrededor del mundo.

-Jazmina, ¿cómo comenzó a gestarse Cuaderno de faros?

-A raíz de la visita que hice a un faro en Oregon, mientras leía Al faro (To the lighthouse), de Virginia Woolf. Esa experiencia de lectura y de viaje fue lo que me llevó a investigar más sobre faros, a interesarme en el tema y empecé a escribir más, a acumular historias, faros y anécdotas, hasta que fue surgiendo poco a poco el libro. Quería escribir en paralelo, yendo a un faro y leyendo el libro de Virginia Woolf. Deseaba hacer un ensayo sobre eso únicamente, pero se fue expandiendo, porque conforme fui leyendo acerca de faros, me fue fascinando el tema; la historia de los faros, los faros en la literatura, la arquitectura, el mar y su relación con los faros. Todo eso me empezó a absorber y se volvió un tema mucho más amplio de lo que me imaginé.

-Es un texto muy bien documentado. Lo único que yo le agregaría serían fotografías de los faros que mencionas…

-Sí, también creo que es un libro muy visual, pero esta vez opté por concentrarme en la colección de los faros, y no en los faros en sí, porque sería otra estética, pero sería factible reeditarlo con fotos a todo color.

-Para escribir, ¿combinaste la experiencia del viaje y la información de diversas fuentes, como el internet por ejemplo?

-Sí, uno de los temas del libro es precisamente la imposibilidad de agotar la colección de viajes y de anécdotas, al tocar un tema como éste. Hoy podía seguir escribiendo todavía el libro.

-Luego de hacer el recuento, ¿cuál sería tu faro favorito?

-Es difícil porque todos son muy hermosos. Me costaría mucho trabajo decidir. Hay algunos a los que les tengo un cariño especial. Por ejemplo, el Jeffrey’s Hook, mejor conocido como The Little Red Lighthouse, que está en la punta de Manhattan, en el extremo norte, en el Hudson. Es un faro muy chiquito, rojo, con una historia que me parece encantadora. Resulta que un montón de niños trataron de salvarlo cuando lo quisieron vender porque ya no servía para nada. Al final no fue vendido y se mantiene en el mismo lugar, el faro rojo que es encantador y se ve muy pequeño junto a los rascacielos de Manhattan. Frente a todo lo monumental de aquella ciudad, luce pequeñísimo y da mucha ternura.

-¿Y el que menos te gustó?

-De los que aparecen en el libro, hay uno que aunque no me parece el peor, es un faro que está del otro lado de Manhattan, en una isla llamada Blackwell Lighthouse, que pude visitar, y es un faro muy sombrío, que está en una zona que mucho tiempo fue un asilo para enfermos mentales. Es un faro muy abandonado, solitario, gris, oscuro.

19427407_1443558232334142_414202236_n

Parte de la colección de faros y objetos alusivos que tiene Jazmina Barrera. Foto: Jazmina Barrera.

-Tu libro se enriquece cuando hablas de temas relacionados, como la figura de los faros en la literatura, en la mitología, los tratados sobre faros, incluso haces una analogía con la Torre Latinoamericana de la Ciudad de México, pero lo más curioso es que formaste tu colección de faros…

-Efectivamente, en todo este tiempo me han regalado de todo: encendedores, pins, imanes, piezas de cerámica y figuritas de faros de todo tipo. Yo he comprado también, pero me han dado muchos. Las personas se enteran que está uno obsesionada con un tema y empiezan a contribuir.

-¿Tienes un lugar especial para tu colección?

-Me acabo de mudar y tengo un rincón especial. Por cierto, las fotos que se incluyen en el libro fueron tomadas de mi colección.

-Cambiando un poco de tema, ¿qué representa para ti la publicación de Cuaderno de faros?

-Mucha alegría de que exista y poder compartir estas historias, estos lugares, así como las anécdotas que encontré.

-¿En lo profesional?

-No lo sé, ya veremos… Bueno, siempre es complicado publicar ensayo, en ese sentido sí fue un reto. Pero el programa de Tierra Adentro es una cosa maravillosa, es el último reducto meritocrático que queda para los escritores jóvenes en este país. Me encontré con un lugar maravilloso con muy buenos editores.

-¿Qué sigue para ti?

-Acabo de hacer una maestría en Nueva York en literatura creativa en español, que me permitió terminar Cuaderno de faros, y que comencé en México cuando estaba en la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de ensayo, con la tutoría de Vicente Quirarte, para terminarlo con la tutoría de Antonio Muñoz Molina. Para mí no es un proyecto escribir, es una forma de estar en el mundo.

-¿Seguirás por el camino del ensayo?

-Me cuesta trabajo pensar en términos de género los libros, yo pienso sólo en libros y depende mucho de lo que esté escribiendo, la forma que vaya adquiriendo; a veces se parece más a lo que la gente entiende como un ensayo y en otras más a narrativa, o a otras cosas. Ahora estoy escribiendo algo que la gente llamaría una novela, pero para mí es un ensayo porque tiene todo el espíritu de la palabra ensayo, que significa experimento, algo inacabado, en proceso, lo que a mí más me interesa.

-Volviendo al tema de los faros, no podrás negar que no cualquiera escribe sobre esto…

-Es bastante usual la obsesión por los faros, hay muchos locos por los faros y gente que colecciona figuras. Ahora estoy escribiendo sobre los museos de historia natural y en particular sobre el Museo de Historia Natural de la Ciudad de México.

cuadernofarosinaster

Jazmina Barrera. Foto: Correo del Libro / José Antonio Rogerio Girón

-¿No es brusco el cambio?

-No es tan lejano, porque hay una conexión muy clara. Cuando estuve haciendo el de los faros, leí mucho sobre colecciones, coleccionismo, lo cual por supuesto me lleva a museos, etc. Además, tengo un vínculo particular con el Museo de Historia Natural de la Ciudad de México, porque mi abuelo fue de los fundadores, mi padre trabajó ahí cuando yo era niña, así que pasé mucho tiempo en ese lugar, y es un tema que me interesa. Parecerían dos temas muy lejanos, pero en realidad hay un puente.

-¿Has pensado en quién te va a leer, en quién te puede leer?

-Sí, por suerte mucha gente me leyó mientras escribía Cuaderno de faros. Creo que su escritura fue un proceso menos solitario. Aunque el libro habla mucho de la soledad, pues los faros son el lugar solitario por excelencia. La atmósfera de la soledad está muy presente, sin embargo fue un libro absolutamente colectivo, que comencé a escribir cuando estaba en la Fundación para las Letras Mexicanas, tenía una tutoría de ensayo donde estaba con otras cinco ensayistas fabulosas y que aportaron mucho, que leyeron el libro, me dieron ideas, me proporcionaron información, me recomendaron otros escritores. Y después lo continué en la maestría de escritura creativa en Nueva York, donde estuve en varios talleres con escritores de Latinoamérica, que igualmente se entusiasmaron y me ayudaron. Me llevaron a ver faros, me acompañaron a fotografiar faros, entonces en realidad es un libro muy colectivo.

-Por cierto, en el libro hay una mención especial para Robert Louis Stevenson…

-Sí, el autor de La isla del tesoro y El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, entre otras, fue nieto del hombre que revolucionó los faros en el Reino Unido, Robert Stevenson, y que comenzó a construir faros por toda la costa de Escocia, junto con su hijo Thomas. Ellos fueron pioneros. Construir faros es una cosa complicadísima. Parece fácil pero se hacen en lugares muy remotos, de clima extremo, con tempestades, etc. Y en esa época sin la ingeniería que tenemos ahora, ni la infraestructura, era por supuesto complicado. Hay grandes anécdotas respecto a estos dos hombres; además resulta que conocían muy bien a sir Walter Scott, otro escritor inglés, que viajó con ellos y documentó sus viajes para hacer faros, algo de lo que retomo en mi libro.

-A propósito de autores, ¿quiénes son tus preferidos?

-Sería una larga lista. Por supuesto, muchos son de los que aparecen en el libro: Virginia Woolf, James Joyce, Robert Louis Stevenson. De México: Rosario Castellanos, Josefina Vicens. Y podríamos seguir con el japonés Yasunari Kawabata… Mucho del espíritu de Cuaderno de faros tiene que ver con Pascal Quignart, Joseph Brodsky, Anne Carson.

-¿Y qué haces cuando no estás escribiendo?

-Tengo una editorial, Ediciones Antílope, junto con varios amigos. Somos cinco socios. Es un proyecto que me encanta y disfruto muchísimo, me llena de satisfacciones. Creo que editar y escribir son dos trabajos que se complementan muy bien porque uno es más bien solitario, más bien personal y el otro muy colectivo, comunitario, maravilloso. Siempre en torno al libro. Hasta el momento tenemos cinco libros publicados, estamos por sacar otros cuatro. Tenemos apenas dos años y no ha sido fácil. Nuestro catálogo incluye de todo: jóvenes escritores mexicanos, novela, ensayo, poesía y traducciones. Todos circulan en la red nacional de librerías Educal.

Por José A. Rogerio Girón-  Periodista y redactor de Correo de Libro.