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Ensayo de orquesta

Laura Baeza


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Editorial: Fondo Editorial Tierra Adentro-Secretaría de Cultura-DGP

No. 572

Año: 2017

Páginas: 109

Ilustrador de portada: Laura Ferro

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Laura Baeza en la cafetería de la librería Educal María Félix, ubicada en la Cineteca Nacional. Foto: José Rogerio Girón / Correo del Libro.

Ensayo de orquesta, de Laura Baeza, contiene 22 cuentos breves (y una playlist al final) sobre la vida de mujeres y hombres que forman parte de una orquesta sinfónica narrativa: las cuerdas, los instrumentos de aliento, las percusiones y hasta instrumentos como una batuta que primero es de plástico y se convierte en una de madera de Pernambuco gracias a las notas de la novena sinfonía de Beethoven.

Originaria de Campeche, Laura llega puntual a la cita para la entrevista teniendo como testigos las mesas y estantes de libros (en su mayoría especializados en cine y temas relacionados), a la venta en la librería Educal María Félix, dentro de la Cineteca Nacional. Para conocer un poco más a la ganadora del Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2017, comenzamos por el principio:

Laura, ¿cuándo surgió tu interés por la literatura?

—Yo era muy pequeña. Curiosamente en mi casa no había libros, así que comencé a leer en revistas, después mi formación lectora se dio en las bibliotecas públicas. Parte de mi infancia la pasé en Veracruz, donde leía lo poco que había en la casa y luego en Campeche, a través de las bibliotecas, a donde iba una o dos veces por semana. Como a mi hermana mayor le gustaba mucho leer, me recomendaba algunas lecturas, y así fui conociendo autores hasta que me enganché con algunos. Recuerdo que jugaba a que tenía una biblioteca. Nunca jugué a que yo era doctora, maestra o algo así, jugaba a que yo vendía libros o que prestaba libros. Eso me gustaba mucho.

¿En tu familia nadie se dedica a las letras?

— Mi mamá cuando estaba embarazada de mí leía mucho, así como en sus primeros años de casada, pero eso lo supe mucho después de que comencé en esto. En mi casa no se acostumbra la lectura y los libros, pero sí hay mucha cultura y mucho arte. Mi familia materna, con la que crecí a partir de los 8 o 9 años, es asidua a la música. Mi abuelo fue director de orquesta, tengo varios primos que son músicos profesionales. Toda mi infancia y parte de mi adolescencia la pasé con ellos haciendo música o yendo a eventos musicales. Después fui encontrando amigos, entre los que había escritores y grandes lectores y eso también me orientó mucho en la adolescencia.

— Ensayo de orquesta es tu tercer libro, cuéntanos cómo nació.

— El proceso fue bastante curioso porque hace ya varios años, como unos ocho o diez, una persona muy cercana me dijo que debería escribir sobre música, pero la idea no tomaba forma. Hice un par de cuentos acerca de músicos, o incluso sobre un instrumento que tiene dificultades para ejercer su música, pero quería hacer un libro como éste. Mañosamente, porque no conozco un libro solamente de cuentos acerca de instrumentos musicales.

Sí hay de cuentos sobre músicos, no tantos acerca de músicos de orquesta sinfónica, y menos que estén compilados en un solo volumen. Siempre quise hacer un libro de músicos sinfónicos porque estuve una década tocando en una orquesta sinfónica y me sigo dedicando a la música, dando clases de violín para niños. Y el año pasado, cuando estaba pasando por un momento complicado, dije: “es hora de ponerme a escribir”. El libro lo escribí en aproximadamente dos meses, lo corregí, no se lo di a leer a nadie, porque sentía que nada más era un libro para mí, y lo metí al concurso porque se adaptaba mucho a la convocatoria del Julio Torri de cuento breve.

¿Y luego qué pasó?

— Salió premiado. Honestamente, no esperaba que saliera premiado. Lo mandé, pero uno siempre envía a concursos como tirar botellas al mar porque puede que sí, puede que no, y cuando me avisaron fue una sorpresa total. En el primer intento quedó. Ya había ganado un premio de poesía, del cual se hizo libro también, pero en narrativa, a lo que le dedico más tiempo y el que más me gusta de todos los géneros literarios. Es la primera vez, así que le tengo mucho cariño.

Profesionalmente, ¿qué significa este reconocimiento?

— Muchos dicen que los premios no importan, que eso no determina nada, pero creo que en mi caso sí importa porque gracias al premio tuve la publicación y estoy teniendo la oportunidad de llevar el libro a distintos lugares. De lo contrario, hubiera batallado mucho más porque sé lo que es entregar un manuscrito y que te lo rechacen en todas partes. El premio me abrió las puertas, primero para la publicación y la distribución nacional, luego para llevar el libro a lugares donde probablemente no hubiera llegado de otra manera. En Fondo Editorial Tierra Adentro (FETA) han hecho mucho, tanto por mi libro como por otros que después han conseguido una segunda publicación en otras editoriales, pero ya la trayectoria estuvo un poco trazada a través de FETA.

¿Por qué se considera que el cuento breve no es un género muy comercial que digamos?

— De por sí el cuento es difícil. Es complicado que te acepten un libro de cuentos en una editorial, casi siempre es a través de concursos porque requiere mucha pericia a la hora de leer, no es como una novela que puedes leer y leer páginas, saltarte páginas y le vas a seguir entendiendo. El cuento no; requiere resetear el cerebro a cada rato para tener nueva información. Y la exactitud del lenguaje, también asimilarla. El cuento breve es aún más complicado porque en este caso la convocatoria pedía cuentos de no más de tres cuartillas, entonces armar una historia y todo en tan pocas páginas, para mí fue un gran reto.

 

“Moneda de cambio”, la historia de un grupo de músicos que viaja a un poblado al interior del país, pareciera que tiene un final abierto, porque termina muy sutil y pone a prueba al lector

— Claro, también hay que poner pistas, para que no sea nada más “fin”, sino ir poniendo pistas y decir: “ah, bueno, entonces aquí era el final, entonces aquí se quedó y ésta es otra cosa. También sucede como en el cine, en que a veces tenemos el final a mediados de la película o un poco después; lo que sigue es parte de otra cosa aunque tiene que ver con todo.

¿De ninguna manera puede haber finales abiertos?

— No, porque si no ya no funcionarían, no serían los cuentos que intenté hacer. Quería que fueran cuentos bastante redondos. Es como en la música, las canciones no pueden terminar abruptamente, tiene que haber un desenlace de cualquier tipo, pero el desenlace tiene que ser armónico y responder a la estructura de la pieza.

Todas las historias se disfrutan por igual, aunque hay algunas dramáticas como “Música en la mañana” y otras muy divertidas como “Televisiones”.

-A propósito, si lees “Televisiones” entiendes por qué tengo una tele gigante en mi cuarto: es el más autobiográfico de los cuentos, nada más que yo toco violín, no pícolo como la protagonista. Cuando me dijeron que la televisión por la que había pagado no estaba en la tienda, sí me hubiera gustado tener una bomba molotov por lo menos y dejarlos limpiando un rato. Es el único cuento que tiene un exabrupto de esa magnitud por parte de alguno de los músicos. Traté de que hubiera cuando menos uno o dos que tuvieran ese pico dentro de la totalidad de los cuentos.

En el caso de “Moneda de cambio”, que trata del asalto que sufren los integrantes del coro, es la soprano la que entra en pánico, aunque al final ella misma se logra controlar.

-Claro, el chiste está siempre en poner personajes insoportables, como la gente que uno ve y te caen mal porque de entrada es insoportable. Luego vas descubriendo quiénes son las personas horribles, como en muchos cuentos el director, que puede ser terrible.

¿Qué nos dices del relato “Libertad”?

— Curiosamente fue el primero que escribí y es el único donde el protagonista no es un personaje de carne y hueso, sino un objeto.

¿Qué diferencia hay entre el cuento corto y el cuento largo?

— A mí me gusta también el cuento largo. Vengo de escribir esa clase de relato, pero aquí encontré mucha comodidad. Dentro de lo que me pedía el cuento breve, que era: economía del lenguaje, manejo de imágenes y respetar una estructura, al final cuando pude manejar eso me sentí bastante cómoda. Se me hizo más sencillo seguir escribiendo. Me ha servido haber conocido una gran cantidad de músicos a lo largo de mi vida, eso me sirvió a la hora de escribir. Hay mucho de mí y de otras personas en cada cuento.

¿Quiénes son tus cuentistas favoritos?

-Antes de escribir Ensayo de orquesta estuve leyendo mucho a Etgar Keret, Rubem Fonseca y Samanta Schweblin. Es probable que me hayan influenciado. Sobre todo Keret, por la brevedad de sus cuentos.

¿Qué viene para ti después en el plano de la escritura?

— Espero pronto publicar mi primera novela, estoy haciendo correcciones, para enviarla a dictámenes, a ver qué tal le va. Y otro libro de cuentos que también ganó el año pasado y que se llama Época de cerezos. Ese es un compromiso editorial que tengo que responder este año. Seguiré escribiendo, es lo que me gusta.

José A. Rogerio Girón – Periodista y redactor de Correo del Libro

Sobre la autora

Laura Baeza (Campeche, 1988) estudió la carrera en Literatura en la Universidad Autónoma de Campeche y realizó estudios de Narratología y Literatura Comparada en la Universitat Autònoma de Barcelona. Su libro de cuentos Margaritas en la boca fue publicado por la editorial Simiente (Cuernavaca, 2012). En el 2013 ganó los Juegos Florales Nacionales Universitarios con su poemario Al fondo se ve en mar, publicado en 2013 por la UAC en Campeche. En el 2017 ganó el Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri convocado por Tierra Adentro, con el libro Ensayo de orquesta (FETA, 2017) y el Premio Nacional de Narrativa Gerardo Cornejo, con el libro Época de cerezos. Varios de sus textos han sido publicados en revistas y antologías en México y el extranjero.