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Pierre Herrera: entre el plagio y la originalidad

Dafen: dientes falsos

Pierre Herrera


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Editorial: Fondo Editorial Tierra Adentro-Secretaría de Cultura-DGP

No. 564

Año: 2017

Páginas: 112

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Tres instantáneas de Pierre Herrera en el Centro Cultural Elena Garro. Fotos: José Rogerio Girón / Correo del Libro.

Después de leer Dafen: dientes falsos de Pierre Herrera (Morelia, 1988), ya no se puede ver de la misma manera un óleo o una acuarela. Este ensayo desarrolla la noción de autenticidad y la originalidad, centrándose en el caso de Dafen, villa China de falsificadores profesionales.

 

En sus poco más de 100 páginas, con texto espaciado y formado en la página como si se tratara de un poema, Herrera expone las implicaciones del plagio y la originalidad porque, como se lee en la cuarta de forros, “las consecuencias del acto de copiar atañen lo mismo a la economía política que a nuestros esquemas metafísicos, legales o literarios, e incluso a las estructuras psicológicas y la creación de la identidad”. Para redondear su ensayo, el autor relaciona el fenómeno de las réplicas de obras de arte que se venden en casi todas las ciudades del mundo con los seres humanos, particularmente con la dentadura y los dientes postizos. A continuación, la entrevista que tuvimos con Pierre Herrera en el Centro Cultural Elena Garro.

Uno nunca se imagina lo que va a encontrar al leer Dafen: dientes falsos.

—Es importante que lo veas primero. El golpe visual es uno de los aspectos más interesantes. Primero parece que se trata de un poema, pero descubres que es otra cosa. Por cómo funciona y su intención, es un ensayo.

Cuéntanos sobre qué idea te basaste al escribirlo.

—En 2012 leí a un autor llamado David Markson, que escribió novelas que eran únicamente datos, líneas de información, comandos de la vida de artistas que se mezclan y donde el autor nunca habla. Sólo expone y acomoda esos datos, lo cual por otra parte, es demasiado, llega a ser asfixiante. Yo quería hacer algo parecido. Lo intenté como dos años y nada. Hasta que una amiga me platicó de una villa en China donde falsifican óleos. Busqué en internet y encontré Dafen. Con el explorador abierto, mirando el cotidiano arte de reproducir óleos, surgió la idea de escribir sobre este tema. En cuanto a la forma, cuando comencé a investigar, descubrí que había un pintor que se especializó en hacer reproducciones de Van Gogh, concretamente cuadros de Los girasoles; y pensé que ese podría ser el eje del libro y que el texto podría ir centrado en las flores. El hecho de que esté cortado, como si fueran versos, se debe a que quería tener control sobre la lectura. Pensé que si escribía fragmentos de cuatro o tres renglones, estos tendrían que cortarse, aleatoriamente la mayoría de las veces, porque el texto es un tipo de masa textual virtual que se puede acomodar a diversos montajes. Lo que hice yo fue hacer esos cortes, decidir dónde termina la idea, dónde hacer repeticiones, dónde jugar con el lenguaje. Que el libro físico fuera parte de la obra y no un instrumento de transmisión de datos.

¿Y respecto a tu intención?

— Quería hacer un libro, no sólo escribirlo. Antes ya había escrito algunos textos que se habían convertido en dos libros. Este lo pienso más como un dispositivo textual, una pieza ensayística que habla de la materialidad de la escritura y la edición. Obviamente, estoy hablando de algunas de las ideas de Ulises Carrión, a quien también había conocido por la época en la que leí a Markson. El libro como tecnología es tan eficiente que suele pasar desapercibido el trabajo que hay detrás de cada uno. La edición del texto, la corrección, la impresión y distribución. Quería hacer un libro que tratara estos problemas, un libro que ensayara estos procesos: un ensayo de libro. Por eso creo que es un ensayo. Incluso para su distribución numeré los 100 ejemplares que me dio FETA como autor y les taché mi nombre. Es un gesto minúsculo, pero lo hice para que se piense algo que en verdad pasa, aunque olvidamos: cada libro es una pieza única, cada libro tendrá una vida única de lectura, relectura y olvido. Cada libro es un microcosmos de papel.

Para que quedara así me imaginó que hubo mucho trabajo de edición…

—Este libro tiene dos versiones y muchas correcciones. Cuando lo llevé a FETA a dictamen abierto y fue aceptado, lo primero que me hizo notar su editor, Jorge Solís, fue que la caja de los libros que edita no es la misma caja de un archivo de Word. Le sugerí que podía hacer una nueva versión adecuada para la caja de los libros de Tierra Adentro. Volví a hacer algunos cortes de los fragmentos para que encajara perfecto. Así que puedo decir que el texto que encontrarás en Dafen… está hecho perfectamente para esta edición. ¿El texto perdió con este nuevo corte y disposición? No, al contrario, se hace consciente de su espacio, y al hacerlo hace consciente al lector de su disposición. Creo que el verso es una de las técnicas más efectivas que existen, y es más antigua que el libro, y claro no sólo es de la poesía sino de todo lo escrito.

Además de que te documentaste, imagino que el tema te gusta.

—Así es. Aquí entré por dos vías: una investigación de maestría y luego comencé a leer cosas sobre cómo María Kodama había demandado a varios autores por hacer réplicas de libros de Jorge Luis Borges, también leí mucho sobre plagio.

¿A alguien como tú qué tanto le pueden interesar temas como la piratería?

—Por eso mismo, yo he convivido toda mi vida con cosas piratas. En México se convive mucho con cosas piratas, y para muchas personas eso no está bien, pero en China lo original no tiene valor. Allá la copia, la variación, la posesión de cualquier cosa y hacerla más barata es parte de la vida. Es normal, claro, y más en tiempos en que nuestra comunicación es tanta por redes sociales que con dos clics podemos copiar y pegar muchas cosas. Me interesaba ver cómo ese modo de comunicación que tenemos hoy puede llevarnos a otro tipo de cosas. El copy-paste se ha vuelto una herramienta más.

En tu libro mencionas que ahora se vuelto imprescindible comprobar la autenticidad de las obras de arte.

—Desde luego, aunque ahora también se dice: ¿y qué tiene que sea una copia si tiene el mismo efecto?

Y ahora resulta que todo está sujeto a imitación…

—Algunas de las preguntas que más me he hecho con este libro es: ¿qué pasaría si Van Gogh viviera ahora?, ¿de verdad podría un artista como él competir con el mercado de copias? Creo que tendría que haberse adaptado.

¿Y qué te llevó a la cuestión de los dientes y la dentadura?

—Sabía que no podía quedarme en el discurso teórico nada más. Tenía que aterrizarlo de alguna manera, y fue preguntándome qué parte de nuestro cuerpo es falso, y a menos que tuvieras el corazón falso, los dientes son los que pueden ser sustituidos por una prótesis. Pensé en dientes porque son una de las prótesis que muchas personas tienen y son algo naturalizado, ideológico, porque nos hacen creer que una sonrisa blanca y perfecta es igual a una vida igual de pulcra y perfecta. En realidad las cosas son distintas, pero nos piden sonreír ante todo: como en los comerciales de moda, de Lifestyle: todos sonríen pero sabemos que esa sonrisa es falsa. Como todo constructo social, como el gusto y nociones de moral, son sólo ficciones como tantas.

¿Qué opinión tienes de la situación actual?

—Aunque vivimos en una sociedad donde la escritura se ha vuelto el instrumento indispensable de comunicación, los escritores que siguen escribiendo como hace 50 años no se dan cuenta que la literatura ya no puede monopolizar la atención del público, esa atención la tiene ahora el cine y las series. Netflix es el equivalente a una librería, donde escoges lo que quieres leer y lo haces cuando quieres y puedes. A mí, como a toda mi generación, me tocó vivir en un mundo análogo que se extinguió y dio paso a una era digital. Somos la generación que creció con cintas magnéticas de VHS, pero comenzó a trabajar en entornos digitales. Vimos crecer y morir a redes sociales y dispositivos de comunicación. Vivimos la transición a una hipertecnologización basada en el lenguaje, que lo mismo nos llevó a crear redes de conexión más grandes y diversas con otras personas del mundo, que hizo evidente la zanja social y económica que existe en México. Ahí es donde se parecen México y China: en las maneras en que se salta esa zanja y una de ellas es la piratería, shānzhài, le dicen en el Lejano Oriente: ropa pirata, zapatos chafas, juguetes no originales, tianguis y mercados de pulgas es nuestra manera de hacer democráticos los avances tecnológicos; lo mismo que copiándolos y haciendo productos más baratos. En ese gesto hay más democratización que en cualquier supermercado y oficinas de gobierno.

También está la parte social.

—Detrás de la industria pirata y la industria legal hay trabajadores, hombres y mujeres con sueños enormes, tan grandes como sus horarios de trabajo, con poco tiempo libre y dinero extra. Trabajadores que sobreviven, que viven ganando dinero, para existir para el Estado. Eso es uno de los aspectos más interesantes de Dafen: allá también hay personas con trabajos ilegales pero que son permitidos por el gobierno porque no hay trabajo suficiente. Los pintores de Dafen, en 90 por ciento, son trabajadores fantasmas que copian óleos de otros artistas para regularizarse. La literatura se adapta como el arte; aprende nuevas maneras de contar tal vez los mismos problemas, que son los problemas de la vida, y que son problemas sin solución.

¿De qué forma recomendarías tu libro?

—Creo que los libros deben ser ejemplares, y no me refiero al texto sino al libro, como pieza. La experiencia debe ser ejemplar porque estamos rodeados de libros, estamos rodeados de discursos. Una novela equis la hay en todos lados, y un libro de cuentos, un libro de poesía, hay en todos lados. Es difícil llegar a la ejemplaridad. Lo puedes hacer copiando y pegando, o reescribiendo. Sin buscarlo, puedes llegar a hacer cosas ejemplares. Creo que mi libro es otra cosa. Aunque dice que es un ensayo, el hecho de que esté en verso, esté centrado, tenga imágenes y combine varios discursos, dialogue con diferentes tradiciones literarias mexicanas, etcétera, consigue un amalgama que puede ser divertida.

José A. Rogerio Girón - Periodista y redactor del Correo del Libro.