Home»‘La Monalilia’ de Nazul Aramayo

‘La Monalilia’ de Nazul Aramayo

La Monalilia y sus estrellas colombianas

Nazul Aramayo


linea-verde

Editorial: Fondo Editorial Tierra Adentro-Secretaría de Cultura-DGP

No. 560

Año: 2017

Páginas: 112

linea-verde

bolsitaCómpralo aquí

Nazul1a

Nazul Aramayo. Foto: Mayra Franco.

Nazul Aramayo (Torreón, 1985), quien ya en 2012 publicó la novela Eros díler (Jus), acaba de presentar su volumen de cuentos, La Monalilia y sus estrellas colombianas. Nos habla aquí sobre los procesos creativos que lo llevaron a escribir su libro más reciente.

 

-Nazul, ¿qué significa para ti La Monalilia y sus estrellas colombianas?

-Yo ni pensaba escribir cuentos ni abordar el tema de la familia. Y ahora tengo un libro sobre eso. Resulta curioso: quise que estos relatos fueran más honestos y personales, y resultaron textos con más imaginación y en los cuales el narrador no es el protagonista, sino un testigo. Mi mamá me dijo que es un libro horrendo. Bueno, no dijo esa palabra, sólo que se enojó al ver reflejada a la familia. Y sospecho que vernos reflejados a veces no es agradable, sobre todo en las mañanas cuando acabamos de despertar y estamos todos curiosos, hinchados, con la babita seca, greñudos, chamagosos. No estoy seguro de lo que signifique este libro. Publicar en Tierra Adentro es importante: autores que ahora leo en otras editoriales los empecé a leer en FETA. Supongo que significa un buen paso. Por otro lado, mi novela salió hace cinco años, así que en el mejor de los casos debe significar mi alegre regreso a la pasarela literaria nacional.

-¿Dónde se ubica este nuevo libro respecto a tu trabajo anterior, la novela Eros díler?

-El cuento que da nombre al libro, “La Monalilia…”, es una especie de continuación de Eros díler. Al menos lo es de una manera muy personal y libre, pues no continúa el final de la novela, sino que retoma al personaje de Yoselyn y la ubica en otro contexto. Cuando terminé esa novela (y cuando se terminó aquella relación que sirvió como punto de partida para narrar Eros díler), seguía escuchando a ese personaje. Sonará a locura. Pero así me sucedió. En la película El sexto sentido, el morrillo ve gente muerta y se asusta. Luego el psicólogo le dice que intente escuchar y ver qué quieren los fantasmas. Hago esa analogía porque algo así me pasaba con el personaje. Yoselyn venía a mí y yo sólo quería olvidar eso: el dolor, los errores, los daños que uno provoca. Ese personaje me insistía en que contara más de ella, que fuera honesto. Entonces empecé a escribir. Nacieron más imágenes y personajes, volvieron sueños y recuerdos y, así, empezó a funcionar la imaginación. Porque lo que escribí no es mi vida, es la vida de esos personajes, que sí se nutrió muchísimo de mis anécdotas, pero no es una calca de lo que he vivido.

- ¿La Monalilla… representó algún desafío en especial?

-Empecé a escribir a ciegas, de manera impulsiva. Cuando acabé el cuento “La Monalilia…” me di cuenta de que había más personajes, más historias. Entonces le seguí. Y cada cuento representó un desafío distinto. Creo que no sé contar una historia. Quiero decir, en los cuentos de La Monalilia… hay muchos personajes y muchas pequeñas historias además del triángulo amoroso o la aventura principal. Me propuse, ya que no podía contar una historia o narrar un buen cuento como se debe, escribir historias donde los personajes se desarrollaran. Creo que eso tiene el libro: más que historias, tiene personajes. Quizá por eso la brevedad representó un desafío. Y el ritmo. Quise mantener el ritmo de la novela: acelerado, vertiginoso, que el lector vaya en chinga. Y también jugar con las voces: que entren los diálogos sin avisar, dejar que los personajes actúen y se desarrollen a partir de lo que dicen, hacen y callan.

-Llaman la atención algunos personajes, que por cierto aparecen en varios cuentos…

-Escribo de lo que conozco. O de lo que me enloquece. Escribí el cuento de “La Monalilia…” porque le dije a la morra con la que andaba: voy a escribir un cuento de cómo nos conocimos. No me iré con ambigüedades: me basé en alguien que sí existe. Pero el personaje de los cuentos no abarca todo lo que es esa persona. O lo que fue durante unos años para mí. Los otros personajes también están basados en personas cercanas a mí: mis primos, mis papás, mis tías, mis amigos, ex novias. Pero no quiere decir que haya contado los secretos de la familia, no, sino que tomé los rasgos de sus personalidades y lo que hemos vivido para contar otras historias. O algunas anécdotas que sí ocurrieron de verdad, pero que los personajes en el libro vivieron a su manera. Me gusta creer que soy honesto. Pero también soy honesto cuando no cuento la verdad, cuando no narro las cosas que pasaron, sino cuando habla el inconsciente y aparecen los sueños, los miedos, los deseos, las obsesiones. Escuché a los personajes y me dejé caer.

-En el cuento que da nombre al libro hay un triángulo amoroso. ¿Es pura ficción?

-En cada cuento hay algo de verídico y hay mucho de ficción. O de imaginación. Y creo que eso es otra forma de conocimiento. Qué importa si ocurrió o no lo que está ahí narrado. Lo importante es que el texto tenga alma, que los personajes estén vivos. Creo que lo chingón es que percibas como lector que en cualquier momento, después de leer el libro, puedes encontrar a una Monalilia que te enloquezca. Que identifiques a tu familia en los personajes, que encuentres una historia que no sabes si la viviste o la leíste o la soñaste.

-¿Es válido recrear la realidad de esa forma?

-No sé cómo escribir de algo que no conozca. Y, claro, mi conocimiento es parcial. Lo que me impulsa es el deseo. Escribo por curiosidad porque soy un adicto. Y no sé vivir de otra manera. Quiero llegar hasta el fondo, a ver qué pasa. Hay que entregarse. Válido o no, ya lo hice.

-¿Qué buscas provocar en tus lectores?

-Mientras escribo no pienso en algún lector. Escribo y ya. Cuando reviso es cuando pienso. Aunque partí de una certeza: quiero que estos cuentos tengan vida, humor, amor, deseo y mucha velocidad, quiero exigirle al lector que si se va a sentar a leer, va a ir en chinga. Y luego pienso: me gusta leer algo que te golpee, que te saque de ti mismo, que te llene de éxtasis. No sé si eso suceda. No sé ni cómo sucede. No sé si haya algún mecanismo literario para lograrlo. Intuyo que tiene que ver con que en los cuentos palpite la vida. Y eso suena muy esotérico, muy místico. Espero no sonar hippie… porque me gusta el punk.

-¿Reconoces alguna influencia literaria?

-Este libro le debe mucho a Élmer Mendoza. La agilidad de su prosa es increíble. Quise lograr algo así con los diálogos. También hay un cuento de Rodrigo Fresán, “Aprendiz de brujo”, que estuvo presente en estos relatos. Henry Miller y Rimbaud aparecen, de alguna manera, en un cuento; pero también en la novela, en las imágenes, en la búsqueda vital y demente de los personajes. Pedro Juan Gutiérrez es otro narrador con una prosa vertiginosa y poderosa que siento indispensable para la escritura de estos relatos. Luis Humberto Crosthwaite, en los libros Idos de la mente y Estrella de la calle sexta, es un referente obligado para mí: la creación de una especie de mitología desde nuestras características del norte o de nuestro entorno.

-¿Quién es tu autor favorito?

“Pregunta difícil. Creo que no tengo un autor favorito. Tengo unos indispensables en mi formación lectora. En el momento que escribía este libro, Henry Miller rondaba mucho por mi cabeza. Pero hay otros autores con los que me obsesiono en diferentes momentos de mi vida o incluso del día. Hay días en que me encanta releer a poesía. Hay otros en que prefiero leer biografías de rockeros, otros en los que prefiero leer clásicos o recomendaciones o qué sé yo. La lectura es mi actividad más promiscua. Y no sé si eso hable bien o mal de mí.

-¿En lo literario qué sigue para ti?

-He coqueteado con textos de no-ficción, crónicas. Es algo que me seduce. No sé lo que siga exactamente, pero espero darle machín a la crónica, a más relatos y, quién sabe, a lo mejor surge la idea para una novela.

José A. Rogerio Girón - Periodista y redactor del Correo del Libro.