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Sólo esto

Emiliano Álvarez


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Editorial: Fondo Editorial Tierra Adentro-Secretaría de Cultura-DGP

No. 573

Año: 2017

Páginas: 74

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Emiliano Álvarez ofrece, sobria y literalmente, Sólo esto: una serie de epístolas en verso, escritas con las emociones que puede desencadenar el de pronto saber muy enfermo a tu mejor amigo, lo que lleva a reflexionar sobre la fragilidad de la vida y el significado de la muerte.

En entrevista sobre este libro, el autor, quien cursó la carrera de Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y actualmente estudia una maestría, cita en sus páginas a poetas como David Huerta, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, César Vallejo, así como a los clásicos Balzac, Tolstói y Quevedo, lo que enriquece todavía más la lectura. Y por si fuera poco, remite a fotografías del brasileño Sebastião Salgado y la música del inglés Edward Elgar, pues al final en la poesía confluyen las artes y las ciencias.

A raíz de la obtención del Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2017 por Sólo esto, conversamos con Emiliano Álvarez en la librería Educal del Centro Cultural Elena Garro:

Emiliano, ¿qué significa para ti haber obtenido este importante reconocimiento?

— Significa sobre todo un estímulo para seguir creando, para seguir escribiendo. No viene nada mal porque a los escritores nos es difícil vivir de lo que estamos escribiendo. Lo veo también como una gran suerte, en buena medida, porque sé que los factores que se involucran para la decisión de los premios son muchos, entonces, como dice Nicanor Parra, no son carreras de caballos. No hay una objetividad total en ese sentido, pero bueno, lo agradezco mucho. Ha sido una experiencia padrísima ganarlo también, pero lo recibo con cierto escepticismo en ese sentido.

¿Por qué decides usar ese título, es acaso un rasgo de humildad de tu parte?

— En realidad es una frase que se repite constantemente en el libro. Es decir, el libro está dividido en tres secciones; la primera y la tercera están compuestas por tres poemas cada una, y en esos seis poemas, que son la parte más importante del libro, en todos se repite la expresión de alguna u otra forma. A veces se utiliza para definir de manera supuestamente directa, por ejemplo, la amistad, lo cual es irónico hasta cierto punto porque no puede ser “sólo esto” si se repite tres o cuatro veces en el libro, es decir que cada vez se dan definiciones distintas. Es como un gesto también irónico y sí tiene que ver con buscar cierta sobriedad, no humildad, sino sobriedad. Un poco también para combatir cierta grandilocuencia presente en nuestra tradición poética y a la que también yo mismo soy propenso sin darme cuenta.

Llama la atención que lo hayas comenzado a escribir a raíz de que a un amigo tuyo le detectaron una enfermedad.

— Sí, uno de los primero poemas que escribí fue “De revolutionibus” en 2012. Sólo esto es un libro que fue escribiéndose a lo largo de cinco años; el último poema que escribí es de 2017. El primero surgió luego de que a un amigo muy querido le diagnosticaron una enfermedad delicada, y eso lo confronta a uno con muchas cosas. Nos movió mucho a mí y a mi círculo de amigos cercanos. Entonces escribí ese primer poema y planeé hacerlo con ciertas características; al final el experimento me gustó y quise repetirlo. Me gustó que fuera una especie de carta, de epístola, que es un género que se usaba mucho en la tradición del Siglo de Oro, por ejemplo, pero que ya no es tan común. La experiencia más significativa fue hablarle a un “tú” en concreto, con una serie de cosas compartidas, pero aspirando a que eso no se quedara nada más en ese espacio compartido por nosotros dos, sino que también pudiera decir algo para alguien más que se acercara al libro. Y en ese sentido creo que lo personal se puede volver político, en el sentido de comunitario.

Por cierto, ¿y qué fue de tu amigo?

— Por ahí anda; afortunadamente fue un diagnóstico oportuno y el tratamiento funcionó.

¿Es este tu debut como poeta?

— No, desde la adolescencia escribo poemas y ya tengo cierta trayectoria. Mis poemas habían salido sobre todo en revistas, pero obtuve una beca para jóvenes creadores de hasta 24 años, en Xalapa, que organiza la Fundación para las Letras Mexicanas. Ese fue el primer estímulo que gané. Antes también obtuve una mención especial en un concurso de la DGIRE en la UNAM, cuando cursaba la prepa. Luego me dieron la beca de la Fundación para las Letras Mexicanas, que es una beca mayor. Ahí entré con 21 años y estuve dos. De esa experiencia saqué un libro que se llama Nômen (2011) en La Dïéresis, una editorial artesanal que dirijo junto con mi esposa; ella es la directora y yo el subdirector y juntos planeamos el catálogo, lo que nos ha permitido la autopublicación y que la propuesta creativa no involucre sólo el texto, sino la parte material del libro en sí. Son libros que planeamos de manera global. Entre ellos están los libros-objeto: Papalote, El escenario y Salvia. Pero antes de eso nunca había publicado en otra editorial, ni de forma individual. Por cierto, el año pasado salió Nômen en Ediciones sin Nombre.

¿Qué representó Sólo esto para ti?

— Un reto especial porque ahora tenemos que afrontar la escritura de la poesía lírica con muchas reservas. Considero que la escritura lírica ha devenido en una especie de solipsismo, especie de autoafirmación constante, en la que parece que lo único que importa es mi visión del mundo, y que lo que me pasa a mí es muy relevante, muy importante por tremendo y por interesante, pero eso depende de mi óptica. Creo que justo por ser temas cercanos, tan personales, fue un reto buscar la manera de ponerle trabas a ese imperio del “yo”; si no, creo que el resultado hubiera sido más solipsista, mucho más ególatra, por decirlo de alguna forma. Además, yo trabajo de una manera hasta cierto punto tradicional, me importa mucho la forma, me importa mucho el metro. Me importa además jugar con la forma. No creo estar inventando nada ni mucho menos, pero me gusta que sea nuevo o experimental para mí, en esos terrenos que quizá no suenan muy experimentales hoy, pero eso me interesa y eso creo que permite justo ponerle barreras al imperio del “yo”.

En nombre de los lectores, aprecio que al final hayas incluido notas que enriquecen la lectura.

— Considero que es hasta cierto punto muy importante. Estoy muy de acuerdo con un filósofo y crítico literario llamado Georg Lukács, que decía que el arte y la literatura son vivencias emocionales, en contra de esta idea de que el arte y la literatura tienen que ver más con el intelecto, que con otra cosa. Claro que tienen que ver con el intelecto pero si uno se siente apasionado por esos temas, pues uno lo vive como algo emocional también, como algo íntimo. Y en ese sentido también es reafirmar que esa vivencia emocional que implica leer, que implica recibir el arte creado por otras personas: se vuelve una parte indisociable de la propia creación. También es ir un poco en contra del autor que escribe en soledad, el autor siempre va a ser resultado de una comunidad, y en ese sentido para mí es importante incluir en mis textos, frases, versos de otras personas que dijeron lo que yo quería decir mejor que yo lo podría decir, y también es una manera de rendir un homenaje a toda la gente que me ha ayudado a crecer en esto. Me parece importante poder compartirlo con los lectores de una manera un poco más clara.

¿Te ha servido ser editor para todo esto?

—Estudié Letras Hispánicas en la UNAM y durante la carrera uno va viendo que hay diversas posibilidades laborales y de crecimiento; una es la academia misma, que puede ser la investigación y la docencia; otra es el mundo editorial y la escritura. Aunque cuando entras a la carrera te dicen que si quieres ser escritor, mejor ni vengas. Eso se dice constantemente. Siento que a mí me ayudó mucho la licenciatura para afrontar la creación. Digo, no te hace escritor, pero me dio herramientas. En mi caso, en lugar de asumir alguna de esas vertientes, le he jugado un poco a todo. Tengo la editorial, he dado clases, estoy estudiando la maestría y además escribo. También trabajo como filólogo en un proyecto muy padre, un corpus electrónico para estudiar el español americano [se trata del Corpus Diacrónico y Diatópico del Español de América], así que estoy en varios frentes. Aunque a veces sí es un poco abrumador porque últimamente no me queda tiempo para escribir poesía como quisiera, y sé que tengo que hacer algo al respecto pronto, pero también ha sido enriquecedor estar en diversos espacios.

Uno de los temas de tu libro es la muerte, ¿qué opinión tienes de ella?

—Augusto Monterroso decía que hay tres temas en la literatura: el amor, la muerte y las moscas… Es algo que nos obsesiona a todos, somos los únicos seres vivos que sabemos que nos vamos a morir, creo que eso provoca una serie de circunstancias que han abordado la filosofía, la literatura, de maneras riquísimas, que no voy a poder resumir aquí ahora. Es un tema fundamental de la experiencia como seres humanos. Me sucedió algo muy curioso: estando en psicoanálisis hace tiempo decía que la muerte no era algo que me preocupara mucho, y yo ya tenía escritos algunos de estos poemas donde la muerte es una presencia tan ominosa, hasta que de pronto caí en la cuenta de que eso, la preocupación por la muerte, no está de manera consciente en mi discurso, pero que en mi libro se encuentra por todos lados.

Por José A. Rogerio Girón-  Periodista y redactor de Correo de Libro.

 

Sobre el autor

Foto: Especial

Emiliano Álvarez (Ciudad de México, 1987) es miembro de la mesa de redacción del Periódico de Poesía de la UNAM. Su trabajo ha aparecido en publicaciones como Cultura Urbana de la UACM, Casa del Tiempo, de la UAM, Blanco Móvil, Este País y el mismo Periódico de Poesía.  Es cofundador y subdirector de La Dïéresis (editorial artesanal). Ha publicado dos libros de poemas Otras voces (2009) y Nômen (2011) y el poema-objeto Papalote (2012).