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Un backgammon

Carlos del Castillo


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Editorial: Fondo Editorial Tierra Adentro-Secretaría de Cultura-DGP

No. 550

Año: 2016

Páginas: 79

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Una de las fotografías de “Paisajes” por Andrea Tejeda Korkowski. Foto: andreatejedak.com

Precedido por un epígrafe de Georges Perec (“Las dos piezas milagrosamente reunidas ya sólo son una, a su vez fuente de error; de duda, de desazón y de espera”), Carlos del Castillo presenta en un backgammon una “teoría de los juegos”, especie de ensayo que involucra al azar, la fortuna, la escritura, el tablero, los tiros con los dados y en una de sus partes recuerda “el juego de hacer versos”, de Jaime Gil de Biedma.

Y por si el lector no supiera qué es el backgammon, Del Castillo explica cómo se juega y luego de una serie de acomodos de palabras (presentado a través de columnas), sorprende al confesar: “nunca he entendido cómo se juega el backgammon”, aunque reconoce que en este caso la habilidad prevalece sobre el azar. Por si fuera poco, jugando un poco con las palabras, incursiona en el espinoso terreno de la sexualidad, haciendo una insólita metáfora, donde el juego se asemeja al momento en que los amantes comparten el humo de un cigarro en pareja, recostados en la cama.

Uno de los momentos más gratos para los contendientes de backgammon (cuyos principios tal como lo conocemos ahora se establecen en Europa, aunque los orígenes del juego como tal se ubican en Medio Oriente) es su propio arranque, momento en el que se crean muchas expectativas.

Durante un recorrido por calles de la ciudad, Del Castillo hace una interesante evocación del backgammon con el azahar (flor del naranjo), el amor y el arte (donde se dan cita el surrealismo, Marcel Duchamp y Gertrude Stein y también el expresionismo abstracto de Jackson Pollock), diciendo al final que el lenguaje es “esta forma de separarnos con palabras”.

Luego aparecen los “apuntes” sobre la homosexualidad y un asombroso glosario de términos del juego en cuestión, haciendo una especie de metáfora con los seres humanos. Para finalizar, las “jugadas ejemplares”, que podrían ser un sentido homenaje para el poeta Antonin Artaud y su obra, posteriormente se ocupa de Irma, Sandra y Sara, a quienes el autor dedica una composición poética, que define la relación que tuvieron con él.

Todo se comprende mucho mejor cuando Carlos del Castillo declara sobre su libro en entrevista: “me gustaría decir que un backgammon es una compilación, pero no lo es. Su disparidad se acerca a las lindes acartonadas de los manuales, en donde la suma de las partes se considera una unidad de entendimiento. Peor aún, su mediana certeza descansa en los cocientes de algunas ideas (las mismas, las por todos conocidas). Por ello el balbuceo, que nunca es del lector o del texto, como es evidente. Muchos nombres se han obviado, no tanto por un afán de encubrimiento como de secrecía. Obligación por demás valiosa a la hora de perfilar la identidad. No obstante, debo aclarar que quienes se nombran aquí usualmente pertenecen al orden de la alegoría. Es sencillo: quien sabe que está, está; quién no está, lo ignora. Le resta importancia. Lo pasa de largo. Como acaba, recién, de suceder”.

Por José A. Rogerio Girón-  Periodista y redactor de Correo de Libro.

Sobre el autor

CARLOS DEL CASTILLOCarlos del Castillo (Tamaulipas, 1989) es también autor de El libro que no he escrito (Conarte, 2012). Con un backgammon ganó el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2016.