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Alfabeto del racismo mexicano

Federico Navarrete

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Editorial: Malpaso

Año: 2017

Páginas: 186

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Federico Navarrete. Foto: El País.

Cuando nació Federico Navarrete (Ciudad de México, 1964), una tía felicitó a su madre con las siguientes palabras׃ ″por suerte no salió tan morenito″. Desde entonces, este historiador y escritor mexicano ha sobrellevado la marca del racismo, tema que lo ha ocupado toda su vida y al cual le ha entregado su atención como escritor, ensayista e investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, al cual pertenece.

Alfabeto del racismo mexicano (Malpaso, 2017) es su más reciente libro, el cual inició en forma de pequeños artículos publicados originalmente en Horizontal a manera de divertimento, pues eran un complemento de su ensayo México racista׃ una denuncia (2016). Una de estas entradas, dedicada al intelectual Roger Bartra, desató la polémica en redes sociales por haber criticado algunas afirmaciones del antropólogo, quien—según Federico Navarrete— reproducían sin pudor los argumentos más virulentos del discurso racista de los últimos dos siglos. Eso no fue todo: Navarrete también puso en entredicho ideas canónicas de Octavio Paz sobre la identidad mestiza del mexicano.

En esta entrevista, el especialista en pueblos indígenas, relaciones interétnicas y racismo en México nos habla sobre estos temas y también de las distintas formas en que se practica la discriminación en México, las cuales desmenuza de manera satírica e irreverente en Alfabeto del racismo mexicano porque, dice, de esa forma hace visible esa práctica que describe como sacarse los mocos: “todos lo hemos hecho, pero nos da pena reconocerlo”.

Aunque este libro se hizo de manera lúdica, no por ello carece de rigurosidad e investigación. Incluso en la letra “F” de este abecedario incluiste tu propia historia…

El tema del racismo y la discriminación me ha ocupado toda mi vida. Es una cosa con la que crecí, con la conciencia dolorosa de que en México se practica el racismo, y que se hace inclusive en las familias y entre los amigos. Como historiador, he trabajado el tema desde hace 15 o 20 años, porque he estudiado las formas de convivencia entre los pueblos indígenas, africanos y europeos que han llegado a América. En 2014 realicé una visita a un taller sobre racismo y antirracismo en Sudáfrica, y conocer de cerca la historia de ese país me marcó profundamente. La Sudáfrica actual se parece mucho a México. La mayor parte de la gente rica tiene la piel blanca y la mayor parte de la gente pobre tiene la piel oscura. Eso me llevó a reflexionar más de cerca sobre la situación mexicana.

¿Por qué poner en tela de juicio ideas o figuras al parecer intocables de nuestra cultura?

Uno de los problemas más serios de la cultura mexicana, desde la derecha hasta la izquierda, es que parece que nadie quiere pensar cosas nuevas. Todos estamos contentos con repetir las ideas de hace 40 o 50 años, como si siguieran siendo válidas en una realidad que, por otro lado, a mi juicio, nos está rebasando por todos lados. Seguimos siendo fieles a nuestros ídolos culturales (Paz, Revueltas, Cárdenas, Vasconcelos…). Creo que eso nos impide ver lo radicalmente diferente que es la realidad del México actual. Es fundamental que veneremos menos a los grandes nombres y aprendamos a ser más irreverentes. Es momento de leer a Octavio Paz de nuevo. Si lo leemos con ojos del siglo XXI resulta que sus textos son misóginos y racistas. Seguir repitiendo ciertas falsas afirmaciones le hace daño a nuestro entendimiento de la realidad mexicana, que es tan inesperada y terrible y que nos da miedo pensarla. Es más fácil no ver el problema de la violencia, necropolítica, desigualdad y aferrarnos a esas representaciones del siglo XX, que comparadas con el presente son bonitas y esperanzadoras, pero que resultan una ilusión.

—Hace poco, en la controversia que se dio después del estudio del INEGI sobre discriminación, pudimos ver que aún hay quienes no quieren creer que el color de piel influye en la vida que uno puede tener. ¿Qué decirles a esas personas?

Es un tema delicado. Soy satírico, pero a la vez muy cuidadoso con mis argumentos. Yo diría que es absurdo negar que en México sí se discrimina a las personas por su color de piel, y no sólo por eso, sino también por la cultura, el idioma, la condición socioeconómica. Yo le diría a David Páramo y estos periodistas que dicen que no existe eso, que están equivocados. Afirmar que las posiciones que ocupan las personas se deben a su color de piel me parece que es irse al otro extremo, porque es inexacto y puede ser inclusive problemático. Conocemos a mucha gente en posiciones altas que tiene la piel morena, y conocemos gente rubia que no está en la cumbre de la sociedad. Tampoco es que sea una regla absoluta que el color de la piel signifique privilegio y la piel morena desventaja. No creo que debamos empezar a ascender a la gente porque tiene piel morena, ni que debamos cerrarle el camino a la gente porque tiene piel blanca. No se puede negar que hay discriminación, pero tampoco es algo basado sólo en el color de la piel.

 

El racismo está más enraizado de lo que pensamos: aparece en nuestro lenguaje, en las reformas políticas, en los mitos que nos conforman como mexicanos, ¿cómo dejar de heredar nuestro gen racista?

Lo que más alimenta el racismo en México es la desigualdad. Quién tiene educación y quién no, quién tiene los mejores servicios, una buena o una mala chamba, o quien no tiene. La mejor manera de combatir el racismo en México es combatir la desigualdad. Diría que no vamos a disminuir la desigualdad en nuestro país si no disminuimos el racismo, porque son dos cosas que se retroalimentan. Además es importantísimo que en las escuelas se nos enseñe a todos los mexicanos a respetar la diversidad cultural, a reconocer que México nunca ha sido un país unitario, que la idea de que somos una nación mestiza fue un invento de hace 100 años que nunca fue verdadero, y que es menos verdadero en el siglo XXI. Todos esos mitos de Octavio Paz y otros autores sobre la identidad del mexicano ya no nos sirven de nada en el siglo XXI. Los mexicanos no tenemos una identidad, sino muchas. Hay que tener nuevas maneras para pensarnos como mexicanos a partir de la diversidad y respeto a la diversidad.

Tu libro recuerda las Leyes de Indias de la Nueva España, que dividía a la población en la república de los españoles y la república de los indios. ¿Desde esos tiempos se puede rastrear la raíz de nuestro racismo?

El racismo en México tiene esta raíz colonial que es innegable y finalmente las categorías en que seguimos diciendo “indio”, “mestizo”, “blanco”, vienen de ese periodo. Por otro lado, creo que el neoliberalismo, el consumo internacional, ha creado una tercera forma de racismo novedoso mexicano, que sería un racismo epidérmico, por así llamarlo, o pigmentocrático, donde los blancos son bonitos y todo lo demás simplemente no existe. Así de pedestre, de elemental y estúpido es este racismo.

En los últimos años se habla más de feminismo, racismo, de las personas transgénero, ¿crees que la sociedad actual, gracias a la cercanía del conocimiento a través de internet, se está haciendo más consciente acerca de estos temas?

Sí, definitivamente. Hay una creciente conciencia sobre el racismo. Llevo muchos años hablando de este tema y todavía hace 10 años había muchísimas más personas que me decían que en México el racismo no existe porque todos somos mestizos. La mayoría de la gente y los medios ya está consciente de eso. Hay una creciente sensibilidad e impaciencia hacia el racismo. Eso habla de una sensibilidad social que está ahí. Por otro lado, surge gente que es abiertamente racista y dice las cosas más horribles.

—¿Por qué decidiste no incluir las viñetas donde hablas de personajes específicos, como Roger Bartra?

Fue una decisión que tomamos en conjunto con la editorial. El texto original fue publicado en un portal de web y el tono que se utiliza en medios electrónicos es diferente al tono de un libro. Quería que fuera un cuestionamiento frontal y directo a una serie de afirmaciones que ha hecho Roger Bartra. No sólo en el texto que yo critiqué sino en otros textos a lo largo de los últimos años, que me parecen inaceptables, que ejercen un privilegio y una forma de discriminación que me parecen racistas, que un intelectual público de su prestigio y de su inteligencia no debería de ejercer. Nunca fue un ataque a su persona sino a sus posiciones. Para evitar esos malentendidos, evitamos la personalización de los artículos. La idea es privilegiar los argumentos y la crítica a las palabras, más que los ataques personales.

¿Cómo describirías tu libro a un lector primerizo?

Es un texto satírico, es decir, irreverente, que busca reírse y que nos riamos de nosotros mismos, de estas costumbres vergonzantes que tenemos y que son así porque en el fondo no las admitimos. Todos discriminamos, pero cuando lo hacemos nos lavamos las manos, y decimos que no es cierto, porque en el fondo nos da vergüenza. Es momento de que admitamos que así como todos nos sacamos los mocos a veces y nos da pena admitirlo, en México todos practicamos formas de racismo y en el fondo no lo deberíamos de hacer. La mejor manera de sacar a la luz estas costumbres vergonzosas es burlarse de ellas. El tono de este libro es satírico porque nos invita a reírnos de nosotros mismos. A partir de eso, también invita a reflexionar y criticar las maneras de ser y pensar, así como a buscar nuevas maneras de vivir en sociedad.

Alfonso Navarrete – Jefe de información de la Coordinación Nacional de Literatura del INBA.

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La experiencia de leer

Sobre el autor

Federico Navarrete Linares (Ciudad de México, 1964) es historiador, antropólogo, ensayista e investigador. Entre sus libros se encuentran: La vida cotidiana en tiempos de los mayas (1996), La conquista de México (2000), Las relaciones interétnicas en México (2004), Indios, mestizos y españoles. Interculturalidad e historiografía en la Nueva España (2007), Los orígenes de los pueblos indígenas del valle de México. Los altépetl y sus historias (2015), Hacia otra historia de América. Nuevas miradas sobre el cambio cultural y las relaciones interétnicas (2015) y México racista (2016). Es doctor en Estudios Mesoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Actualmente es investigador titular “C” en el Instituto de Investigaciones Históricas.

Sobre la edición

Desde su lanzamiento, Malpaso se ha nutrido de algunos de los textos más vanguardistas y antisistema del mundo del libro. Pero ha sido el año pasado el de la consagración de su proyecto editorial como uno de los pilares de la vanguardia del pensamiento de izquierda. Entre los muchos títulos que han ensamblado tanto una agenda para la izquierda como un ecosistema de lecturas, se encuentran libros como: La industria de la felicidad, de William Davies o El pueblo sin atributos: la secreta revolución del neoliberalismo, de Wendy Brown.

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