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Aquiles o El guerrillero y el asesino

Edición y prólogo de Julio Ortega

Carlos Fuentes

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Editorial: Fondo de Cultura Económica / Alfaguara

Año: 2016

Páginas: 186

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Carlos Pizarro en su ataúd, 1990. Foto: El Colombiano

Este año, el 23 de junio, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno de Juan Manuel Santos comenzaron, finalmente, los procesos de paz hacia un armisticio que lleva más de 30 años entre los anhelos colombianos. Pero la reconciliación, ese otro proceso que no necesariamente correrá en paralelo, todavía queda a la espera de lo que hagan los políticos, guerrilleros, narcotraficantes y señores de la guerra, y que ha cobrado cifras de guerra civil, cientos de miles de muertos y millones de desplazados.

Carlos Fuentes escribió durante años esta novela póstuma, Aquiles o el guerrillero y el asesino, una meditación novelística sobre el conflicto colombiano, sus raíces y su impacto en la cultura latinoamericana. Dado su carácter testimonial, esta novela nunca fue terminada, pero el círculo cercano del escritor y la prensa cultural sabían que algún día este libro llegaría a los estantes.

La guerra en Colombia fue un conflicto que Fuentes sintió próximo, primero porque tenía en nuestro país un pedazo de Colombia gracias a amigos como Botero o  García Márquez. Y, segundo, porque una violencia muy similar a la que azotó Colombia, si no de la misma estirpe, comenzó a asolar a México hace una década, alcanzando cumbres sanguinarias justo en los años finales de Carlos Fuentes.

Estos paralelismos entre México y Colombia, entre Colombia y Latinoamérica, marcan Aquiles o el guerrillero y el asesino, una novela en la que el retrato del presente se ve filtrado por el instrumento literario del último Fuentes: una novela de tiempos diversos, fragmentada, caótica como el mismo infierno de violencia que describe.

Aquiles en Latinoamérica es Carlos Pizarro, quien encarna a un guerrillero convertido a la democracia, asesinado por un sicario. Lo vemos crecer en una familia pequeña pero unida, en cuartos donde todo se escucha, y en el que el rumor de la revolución se hace cada vez más fuerte. Como el Aquiles homérico, Pizarro se verá llevado por la cólera, pero en su encarnación americana, su ímpetu guerrero dará el salto a la representatividad popular, a la negociación, en otras palabras, la democracia a cambio de la revolución.

Además de un relato en tiempos de guerrilla, Fuentes también mezcló el testimonio de orden periodístico; ensayos sobre la ontología del latinoamericano y sobre la barbarie del continente, en contraposición con el esplendor de sus artistas (“una nación no es poder sino su cultura”). Silvia Lemus y Julio Ortega dan a entender que esta novela, que fue reescrita y recomenzada múltiples veces, se publicaría sólo cuando llegara la paz en Colombia.

Aquiles o el guerrillero y el asesino fue especialmente difícil porque la novela no llegó a cuajar completamente, de la misma manera en que los procesos de negociación en Colombia seguían en vilo. Por eso, Fuentes ubicó esta novela póstuma al final de la cronografía personal que propuso para ordenar su obra, y habría tomado su lugar al final, en una sección llamada Crónicas de Nuestro Tiempo. Esta novela, que no sabemos si será la última de Fuentes en condiciones de publicarse, contiene algunas cuestiones fundamentales para entender cómo la violencia de los antepasados inmediatos configura la del presente.

Olmo Balam

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La experiencia de leer

Carlos Fuentes Macías (Panamá, 11 de noviembre de 1928-Ciudad de México, 15 de mayo de 2012) fue un escritor, intelectual y diplomático mexicano, uno de los más destacados de su país y en las letras hispanoamericanas, autor de novelas como La región más transparente, La muerte de Artemio Cruz, Aura, Cambio de piel y Terra Nostra, así como ensayos: La nueva novela hispanoamericana, Cervantes o la crítica de la lectura, El espejo enterrado, Geografía de la novela y La gran novela latinoamericana, entre otros.

Sobre la edición

Ortega trabajó con dos manuscritos y el archivo de Carlos Fuentes –facilitado por su esposa, Silvia Lemus- para armar una multitud de piezas que, literalmente, le rompieron la cabeza a Fuentes a la hora de escribir sobre el conflicto colombiano. No es la primera vez que Ortega se afana con manuscritos –anteriormente había trabajado sobre la Rayuela de Cortázar o la edición crítica de “El Aleph” de Borges- que plantean órdenes diversos en la trama, capítulos perdidos, borradores que cambian drásticamente las relaciones entre los personajes.

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