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Bajo el volcán

Edición conmemorativa ilustrada

Malcolm Lowry

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Ilustración: Alberto Gironella

Editorial: Era-Universidad Autónoma de Sinaloa

Año: 2017

Páginas: 480

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Uno de los collages de Alberto Gironella compuesto por etiquetas de bebidas alcohólicas, tinta y corcholatas de cervezas. Imagen: El Aire Centro del Arte A.C.

Los ingleses, a diferencia de otros extranjeros —como los alemanes (ahí está el pretendido B. Traven); los franceses, con los surrealistas a la cabeza; o los propios norteamericanos—, no suelen retratar a México con la simpatía por lo pintoresco y místico de un William Burroughs o un John Steinbeck, por mencionar sólo a un par de forasteros perdidos en nuestro país como refugio contra el mundo civilizado.

Malcolm Lowry, como en su momento Graham Greene o D.H. Lawrence, tuvo por lo mexicano un sentimiento ambivalente; un encantamiento mezclado con repulsión hacia una nación a la vez bárbara y primordialmente indígena, pero reconocible a ojos occidentales por su costumbrismo cristiano (con su que ver católico) y capitalista.

Lowry, quien residió en dos de nuestros mejores jardines mesoamericanos: Oaxaca y Cuernavaca, no fue capaz de conciliar a los fantasmas que por su condición de viajero y hombre de su siglo, lo siguieron hasta México bajo la égida de su alcoholismo: las contradicciones de la historia antigua y moderna, encontradas como nunca en Cuernavaca, que fue, nunca está de más recordarlo, una de las cunas de la Revolución Mexicana, campesina y vanguardista a un mismo tiempo.

Volver a Bajo el volcán ahora que se aproxima la Semana Santa —que no es lo mismo que el Día de Muertos pero se le llega a parecer en lo fundamental, la mezcla entre vida y muerte—  es volver la vista a un Quauhnáhuacque ha cumplido sus primeros 70 años, mismos que tiene de publicado Bajo el volcán, novela cuyo origen se remonta a 1934, año en que Malcolm Lowry comenzó a escribirla, hasta culminarla en 1947, sólo una década antes de la muerte de su autor.

La acción de Bajo el volcán se ubica en Quauhnáhuac, el corazón de la primavera mexicana, un sitio del que surgen fantasmagóricamente personas y también montañas con cráteres que son personajes. En los horizontes de aquella ciudad, que sin embargo mantiene el, en ese entonces actual pero ya decadente, Casino de la Selva –lugar que hacía honor literal a su nombre-, se asienta un drama que involucra incluso a los dos volcanes maestros del Altiplano: el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, símbolos de lo irreconciliable: lo masculino y lo femenino.

La novela comienza con Arturo Díaz Vigil y Jacques Laruelle, dos hombres de bata que recuerdan la muerte del ex cónsul Geoffrey Firmin, al calor de una botella de Anís del Mono durante el 2 de noviembre de 1939. Que se trate de un ex cónsul no es coincidencia, y pone de manifiesto la incomodidad de su personaje, atrapado en un país que acababa de promulgar la expropiación petrolera, con el consiguiente distanciamiento diplomático con los británicos.

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De ahí en adelante lo que sigue es un trayecto suicida y acompasado por el alcoholismo de quien decide ir a encontrar la muerte a un Casino derrotado, vecino de la residencia del emperador Maximiliano y a merced de las costumbres mexicanas, amenazantes y al borde de la hostilidad. Bajo el volcán es, para no dar más detalles, un primer ejemplo de ese relato de un hombre atormentado por sus adicciones y, en menor medida, por el desamor, que en este caso es Firmin y su ex esposa Yvonne, tan parecida a la Mujer Dormida que observa en los paisajes de aire transparente pero sofocante de Quauhnáhuac.

Ahora que el Día de Muertos se ha vuelto una ocasión festiva gracias a una película como Coco (2017), Bajo el volcán nos recuerda esa primera impresión que la festividad causó en el arte moderno–con Eisenstein a la cabeza-: la imagen de esta novela es la de una celebración incomprensible, a la vez sincretista, florida y tenebrosa, con múltiples capas de silencio ancestral y divino.

Así pues, en Bajo el volcán no encontramos la fascinación semiantropológica de un aventurero (ni mucho menos la del turista), pero tampoco la ilusión de México como un paraíso perdido. Hay, más bien, una franja de incomprensión personal y amorosa que se extiende hacia una cultura extranjera e inhóspita. No por nada, como se consigna en esta edición, Juan Rulfo consideraba a Bajo el volcán la mejor novela sobre México escrita por un extranjero.

En su encarnación al español, todo en este libro es legendario. Por eso, Era celebra Bajo el volcán reeditando la célebre traducción que hizo famoso a Raúl Ortiz y Ortiz. Además, el libro cuenta con nueve ilustraciones de Alberto Gironella, artista que se obsesionó a tal punto con Lowry y su obra, que sus colegas y amigos –entre ellos el ínclito Pierre Alechinsky, a cuyo estilo se rinden varias de las ilustraciones aquí reproducidas- lo apodaban “El Cónsul”. Entre las piezas que se reúnen en el volumen destaca un altar dedicado a Malcolm Lowry, que se planta en la portada con alusiones a la novela; también se incluyen el dibujo que acompañó a la primera edición en Era de la novela y los collages con corcholatas y etiquetas de cerveza, tequila y mezcal mexicanos.

Fabrizio Mejía Madrid, en un texto homenaje a Lowry por su centenario, hace bien en apuntar que en Cuernavaca no son visibles ni el Popo ni el Izta. Pero en defensa de la novela y de los poderes de la ficción, quien se lleve este libro para el asueto de primavera, no debe sorprenderse de avistar de pronto, en el horizonte urbano y violento de Cuernavaca, el pico de un volcán.

Olmo Balam – Editor de Correo del Libro.

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La experiencia de leer

Sobre el autor

Malcolm Lowry (28 de julio de 1909 – 25 de junio de 1957): poeta y novelista inglés, marinero en el Extremo Oriente, Estados Unidos y Alemania; estudió literatura en Cambridge y residió en ciudades como Londres, Nueva York, Hollywood, Cuernavaca, Oaxaca, Los Ángeles y Vancouver.  Su novela más famosa es Bajo el volcán (Under the Volcano, 1947). Otras de sus obras son: Ultramarine (1933), y de manera póstuma, Hear Us O Lord from Heaven Thy Dwelling Place (1961), Lunar Caustic (1968), Dark as the Grave wherein my Friend is Laid (1968), October Ferry to Gabriola (1970) y los poemas Un trueno sobre el Popocatépetl, editado también por Era.

Sobre la edición

Edición de lujo que tiene un par de diferencias con las obras ilustradas que Era ha puesto en circulación desde hace ya unos años; como por ejemplo, las conmemorativas de Aura de Carlos Fuentes, Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco o, en fechas recientes, La oveja negra de Augusto Monterroso. Las imágenes de Gironella, que además cuentan con un retrato de Lowry en tinta hecho por Gironella, se encuentran en dos apartados sin que intervengan o acompañen necesariamente al texto. Sin embargo, la posición de las imágenes permite apreciar el arte de Gironella sobre la novela que es más evocativo que ilustrativo de los acontecimientos de la misma.

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