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Cartas desde la revolución bolchevique

Jacques Sadoul

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Traducción: Inés Bértolo y Constantino Bértolo

Editorial: Turner Noema/ Secretaría de Cultura-DGP

Año: 2017

Páginas: 504

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Jacques Sadoul (a la izquierda) junto al presidente del Congreso constitutivo del Partido Comunista francés, Jules Blanc (de pie) y su otra secretaria, Yvonne Sadoul. Tours, Francia, 1920. Foto: Archivo del Congrès de Tours.

 Uno vale por diez mil para mí, si es el mejor.

Heráclito, B49

Hay épocas que nunca desaparecerán de la memoria del mundo. La Revolución de 1917 en Rusia se encuentra dentro del periodo más agrio de las luchas ideológicas que ha conocido Occidente. En aquellos días hubo hombres que cambiaron la historia y después la historia les otorgó a esos hombres un lugar de descanso.

Con la publicación de Cartas desde la revolución bolchevique, de Jacques Sadoul (Turner, 2016), la comprensión de la intimidad intelectual de figuras como Trotsky y Lenin, cerebros de la “Revolución inevitable”, o de actores poco conocidos pero de vital importancia —como el diputado socialista Albert Thomas, entusiasta amigo y protector de Sadoul— nuestro conocimiento sobre los años 1917-1918 potencializa sus impresiones y se reconoce en los motivos de la Revolución rusa.

El capitán francés Sadoul intuyó que vivir en tiempos interesantes exige el compromiso de testimonios inteligentes. Su labor como parte de la misión militar francesa tenía por objeto conocer las intenciones de las autoridades: el Gobierno Provisional y el Soviet de Petrogrado, y enterarse de las posiciones ideológicas y operativas de las organizaciones socialistas de Rusia rumbo a la Conferencia de Estocolmo convocada por los reformistas franceses.

Sin embargo, la crudeza de los eventos desencadenantes de febrero a noviembre de 1917 (la manifestación pacífica de las mujeres para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, la sublevación en las calles de la clase obrera -200 mil obreros- y los campesinos, la deserción de una parte del cuerpo militar, la falta de armamento y la negativa de disparar contra los civiles por parte de la fuerza castrense, volvieron la situación insostenible para el régimen zarista; Nicolás II abdicó y huyó de San Petersburgo) fue crucial para que el capitán Sadoul asumiera la responsabilidad de interactuar con las diferentes voces partidistas (mencheviques, socialistas revolucionarios, socialistas demócratas, anarquistas, monárquicos) y ser un enlace entre las dos autoridades emergentes.

La labor de Sadoul no se vio interrumpida, sin embargo, por la rapidez del embate leninista contra el Gobierno Provisional, y específicamente contra Kérenski, que tuvo por consecuencia la caída del régimen zarista. Sadoul acompañaría, a través de notas “escritas con prisa”, los pasos nacientes del primer gobierno de la Revolución donde Lenin ocupó la presidencia; Trostky fue nombrado comisionado del pueblo de relaciones exteriores y, en la cartera de nacionalidades, Stalin.

La posición de neutralidad que Jacques Sadoul asumió en lo público se vio disminuida en lo privado. En las Cartas, Sadoul comprende el alcance de las ideas socialistas de Lenin y Trotsky, quienes -piensa- “vieron más claro que nosotros, socialistas oportunistas y conciliadores”, y se convence en el momento oportuno de que debe tomar una posición y actuar ante las dos alternativas de gobierno que veía en Rusia: o la bolchevique nacional o la antibolchevique proalemana. Finalmente, en retrospectiva, Sadoul acepta que el estado de descomposición del capitalismo deriva en una oportunidad para el régimen socialista. La experiencia rusa, afirma Sadoul, no sólo da instrumentos para la explicación sociopolítica, sino que brinda experiencia para actuar en el porvenir.

Las impresiones de Sadoul desde la primera carta enviada a Thomas, hasta la última de las que se tiene registro, rebosan de una fuerza estilística superior que intenta expresar opiniones maduras y contextualizar la dimensión de lo que se está viviendo. Así, en sus Cartas pueden encontrarse recados explícitos, recomendaciones para la acción, descripción de protocolos culturales e institucionales, y recuerdos de conversaciones.

De muchas formas, Sadoul se encuentra en el núcleo de la Revolución. Conoce personalmente a sus protagonistas, se entrevista y trabaja días enteros con Trotsky y, en menor medida, con Lenin. Por momentos, Sadoul funge como antropólogo social: conoce el nerviosismo de Trotsky, la falta de contacto de Lenin con el pueblo y las dificultades de las clases populares para expresar con fórmulas nuevas las peticiones más urgentes. Como evaluador, Sadoul prevé que el joven socialismo sobrepasará la fuerza de los brazos que lo sostienen. Por ejemplo, escribe: “[las] tropas ya no tienen ningún valor combativo, piden la paz a cualquier precio”. Y esta última es también la convicción de Sadoul. En su interior cree que el destino de Rusia será antepuesto para convocar a las fuerzas políticas, para la firma de un pacto general de paz. Y sin embargo, también sabe que la necesidad del terror, fundado en una policía especial, agota el proceso de paz y acrecienta la estrategia de la guerra.

Sadoul, en julio de 1918, escribe a Albert Thomas que las desesperanzas iniciales de la Revolución rusa se han invertido. El poder de los soviets se ha robustecido y ha sido así porque el “poder surge de las capas profundas del pueblo”; en ningún lugar de Europa, afirma Sadoul, el poder público tiene tanta estabilidad. Pero tampoco es ingenuo, sabe que la inversión de la clase sometida en clase dominante conlleva una operación de violencia latente. Ahí es donde justamente las consideraciones de la historia acallan la destreza de los días de otoño.

No hay que olvidar que en un país donde el odio ganó terreno de manera transversal, donde la mentira prevaleció en los diálogos por la verdad, donde la indisciplina y el interés particular sobrepasaron la dimensión social, donde la economía fue cooptada por la ideología, donde la persecución política fue la estrategia de una nación y donde la fuerza prevaleció sobre el diálogo político, la vida humana como fundamento de la paz social perdió su valor.

La denuncia áspera de la historia es que una Revolución acaba con los nombres propios, con la voluntad y la libertad de las personas. Cuando las órdenes se emiten desde el centro del régimen, no importan ya las convicciones ni las creencias, sólo valen las acciones que mantienen despierta y funcionando la Revolución.

Comprender, a través de la pluma de Sadoul, cómo las transformaciones sociales pasan por las ideas de los hombres nos permite conciliar la idea de que el destino de las naciones recae en la construcción de proyectos de largo aliento, y sobre todo, pasan por dilucidar la pregunta leninista, que sirve de título de un escrito de 1902: ¿Qué hacer?

Fabián Martínez Becerril – Escritor.

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La experiencia de leer

Sobre el autor

Jacques Sadoul (22 de mayo de 1881-18 de noviembre de 1956): militante comunista y periodista francés. Político, abogado, sindicalista y diplomático, colaboró principalmente como parte de la Internacional Obrera en su sección francesa. Junto a Albert Thomas (1878-1932), partió a la misión militar francesa enviada a Rusia en 1917 para intentar mantener al imperio ruso en la Primera Guerra Mundial. Pero en Moscú se convirtieron en delegados del Partido bolchevique. Entre sus obras más representativas se encuentran estas Cartas desde la revolución bolchevique (Notes sur la révolution bolchévique, 1919), Quarante Lettres de Jacques Sadoul (1922) y Naissance de l’URSS. De la nuit féodale à l’aube socialiste (1946).

Sobre la edición

Además de las cartas, este libro incluye trabajos periféricos como el de Constantino Bértolo (traductor desde el francés de la correspondencia entre Sadoul y Thomas); y quizá más interesante aún, la introducción de 1919 a la edición original de las cartas, autoría de Henry Barbusse.

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