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Cuatro cuartetos

Aproximación, edición y notas de José Emilio Pacheco

T.S. Eliot

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Editorial: Era/El Colegio Nacional

Año: 2017

Páginas: 195

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Los “Cuatro Cuartetos” por separado en edición de Faber and Faber: “Little Gidding”, “The dry salvages”, “Burnt Norton” y “East Coker”. Foto: Especial.

George Steiner decía que la gran fuerza de Shakespeare era su capacidad para reflejar el mundo cotidiano a través de las palabras. La inclusión de una flor o un artilugio no era una palabra culta o inusual, sino típica y a ras de tierra, una representación cercana y nítida de un mundo atravesado por la literatura. Hoy, muchas de esas palabras son la devoción casi exclusiva de eruditos y lexicógrafos.

Probablemente T.S. Eliot, poeta vanguardista y, como todo vanguardista, gran saqueador y curador de lo clásico, fue el último cuyo público (que empezó siendo minoritario pero terminaría por desencadenar ediciones con tirajes de miles de libros de poesía) podía entender y comprender a la primera la multitud de referencias a los presocráticos, la poesía modernista, el arte, los místicos ingleses, el provenzal y el italiano dantesco, el transcurso del siglo VII al siglo XV; en suma, la historia de la cultura conocida hasta principios del siglo XX y, dentro de ella, la vida del país que eligió: “La historia es hoy y es Inglaterra”, dice Eliot en el último de los Cuartetos.

Lo que queda hoy de eso que Steiner llamaba la era clásica de la lectura, es la penetración, verso a verso, palabra a palabra, del tinglado de referencias que se engarzan con la fruición del erudito y, a la vez, del hombre enloquecido por la literatura. Sólo así se podría recuperar una obra esbelta y multifactorial como son los Cuatro cuartetos, poemas que Eliot fue publicando a lo largo de más de una década, en revistas y compilaciones de su poesía, cima del modernismo, de la vanguardia y, a decir del propio poeta, su obra maestra.

Los Cuatro cuartetos son hiperreferenciales, filosóficos, piezas maestras del verso libre y de su contraparte, el homenaje a las formas sextinas. Sobre su forma se levanta imponente un pensamiento continuo y torrencial, sobre el tiempo y la muerte cuya profunda dimensión religiosa se debió tanto a la búsqueda poética de Eliot como a los tiempos que le tocó vivir mientras los redactaba. A tal punto se contradice y se complementan los ánimos de este poema, que van desde el anglicanismo más conservador, el simbolismo del río y del mar, desde la Grecia antigua hasta la Edad Media (pero su agua y sus nieblas son británicas, por mucho que a lo largo de los poemas se visiten costas del Mediterráneo o las de Nueva Inglaterra); o hasta las ideas tomadas del Bhagavad-Gita, de entre las cuales relumbra lo sempiterno, aquello que comienza en el terreno de lo finito para acabar en la eternidad.

 

Los  nombres de cada cuarteto son escuetos: Burnt Norton (1936), East coker (1940), The dry salvages (1941) y Little Gidding (1942), estos últimos dos, escritos durante los bombardeos nazis sobre Londres; tanto en título como en alma se han convertido en nombres propios de la poesía inglesa, aunque cada uno se refiere respectivamente a una casa solariega, una parroquia, un grupo de rocas sobre las cuales hay un faro y una villa conocida por su comunidad anglicana.

Ahora bien, los Cuatro cuartetos son ricos en capas y en referencias pero no son oscuros ni ilegibles. Menos aún en la versión de José Emilio Pacheco, quien como una de las casas de luz sobre los peñascos marinos que se retratan en Dry salvages, pone un sendero a la lectura de estos cuatro poemas.

Las notas de José Emilio Pacheco conforman un segundo libro que, afortunadamente, Era decidió publicar en su propia sección y sin interferir con el poema de Eliot: en esta edición no hay la numerología o los pies de página de una edición crítica o académica. Esto permite que los Cuatro cuartetos discurran, tanto en inglés como en español, de manera límpida y sin interrupciones. El lector ya decidirá después si lee las notas al compás del poema o si lee el poema completo para después ir por el camino trazado por Pacheco.

Las 50 páginas de notas de JEP refieren solamente una palabra o un verso que desencadena una serie de párrafos analíticos que van desde la simple aclaración sobre una traducción, al excurso erudito que amaestró el autor del Inventario. Por eso las notas son igual o más placenteras que el poema al que sirven. José Emilio Pacheco compila de una vez la crítica inglesa y la hispanohablante, así como las biografías de Eliot o estudios enfocados en los Cuatro cuartetos para darnos la que sea posiblemente la mejor lectura que se ha hecho de esta obra y su autor en lengua española. El autor de Tarde o temprano demuestra aquí que la crítica es sucedánea de la creación.

En cuanto a la traducción de Pacheco, ésta hace honor a la tarea de quien vierte de una lengua a la otra, no un traidor como quiere el lugar común, sino un nuevo poeta que reclama su propia sintaxis, sus propias métricas (que casi nunca se acompasan con las de Eliot), la revisión cuidadosa del inglés norteamericano que T.S. Eliot culminaría bajo las atmósferas de la Pérfida Albión. Esta dimensión americana de T.S. Eliot, quien como Henry James eligió la nacionalidad inglesa sobre la estadounidense, se revela mucho mejor gracias a José Emilio Pacheco, quien nunca pierde la concentración sobre esta dualidad al ejecutar su propia versión en suelo mexicano. Por eso, editorial Era pone al mismo tiempo dos libros: uno de Eliot y otro de Pacheco, dos poetas encontrados entre estas páginas donde se sintetiza buena parte de lo que fue la poesía en el siglo XX.

JEP solía pasarse días buscando el nombre exacto en español de una flor para engarzarla en su traducción de los Cuatro cuartetos. Su versión es uno de los trabajos de toda la vida del poeta mexicano, quien nunca dejó de volver a ellos para perfeccionarlos. Gracias a él, las palabras de T.S. Eliot vuelven a cobrar vida, tanto en inglés como en español; una vida que en estos Cuatro cuartetos es como un vendaval acuático, el gran dios pardo del tiempo que voltea ese epitafio que era de María Estuardo pero que Eliot ha hecho inmortal al revertirlo: “en mi principio está mi fin”.

Olmo Balam – Editor de Correo del Libro.

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La experiencia de leer

Sobre el autor

T.S. Eliot (26 de septiembre de 1888 – 4 de junio de 1965) fue un ensayista, editor, poeta, dramaturgo y crítico nacido en Estados Unidos y nacionalizado británico. Entre sus obras más famosas se encuentran The love Song of J. Prufrock (1915), The waste land (1922), los poemas individuales “The hollow men” y “Ash wednesday” y los Cuatro cuartetos, así como las obras de teatro Murder in the cathedral (1935) y The cocktail party (1949). Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1948.

Sobre la edición

Dividida en tres partes, la edición de Era de Cuatro cuartetocomienza inmediatamente con el primer poema, Burnt Norton, al que le siguen los otros tres. Al concluir esta sección se abren las notas acerca de poema y la traducción, que José Emilio Pacheco organizó de tal manera que no interfirieran con el texto principal. Finalmente, hay una cronología de la vida de T.S. Eliot acompasada con los principales sucesos históricos que coincidieron y tuvieron un efecto en su biografía, pero con el añadido de contar con algunas notas cronológicas mexicanas; por ejemplo, fechas de las publicaciones en México de los famosos cuartetos o coincidencias temporales con poetas nuestros como Ramón López Velarde u Octavio Paz.

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