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El eco de las formas

Alberto Blanco

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Editorial: Conaculta-DGP

Año: 2012

Páginas: 704

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Alberto Blanco junto a una de sus pinturas. Foto: Eduardo Loza/Correo del Libro.

El eco de las formas es el libro más voluminoso que ha publicado Alberto Blanco. Sus 700 páginas de extensión superan en cantidad a su poesía reunida en El corazón del instante y La hora y la neblina, cada uno con 12 libros que representan medio siglo de trabajo poético.

Pero eso no es lo más relevante de este monumento a las artes visuales, sino que Blanco escribió estas páginas no con la intención de crear un canon sobre la pintura, ni tampoco una serie de ensayos con un propósito crítico. El eco de las formas sería, si hubiera que zanjar su género, una poética, como lo es El canto y el vuelo, el libro de ensayos por el que acaba de recibir el Premio Xavier Villaurrutia de escritores para escritores.

O en su acepción más pura, una teoría, una contemplación del arte visual. Blanco no critica, ve, porque la vista tiene voz, porque ver es amar (como quería el místico Ricardo de San Víctor, según se refiere en el propio libro) y porque la luz no sólo entra captada por los ojos, sino que los ojos la emiten. La pasión de la vista es una que Blanco estudia aquí, que ha evocado en decenas de poemas -en específico, en sus Cromos, piezas que evocan a pintores de todas las épocas, desde el mítico Zeuxis pasando toda la vanguardia del siglo pasado y los practicantes del arte objeto-, y que él mismo ha ejercido como practicante, pues Blanco a la par de la poesía y su música, ha dedicado su vida a dibujar, a pintar y hasta a desarrollar objetos como libros tridimensionales y esculturas textiles.

En concreto, El eco de las formas es una reelaboración de un volumen de ensayos anterior, Las voces del ver, primera recopilación de 42 escritos sobre arte visual que en esta secuela se multiplicaron hasta llegar a 64 textos en nueve secciones. Las piezas del libro provienen principalmente de publicaciones como La Jornada, Artes de México, unomásuno, pero también de catálogos de exposición, razonados, reseñas de exposiciones y folletos que testimonian el frenético involucramiento de Blanco en el circuito de las artes visuales.

Tal es la naturaleza del libro que se puede entrar prácticamente por cualquiera de sus nueve secciones, donde se agrupan encuentros, reconocimientos, caminos paralelos, acercamientos a la plana mayor de las artes visuales en México, tanto de pintores -entre los que destacan los tres breves libros dentro del libro dedicados a Vicente Rojo, Francisco Toledo y Rodolfo Nieto-, de fotógrafos -como Gabriel Figueroa o Graciela Iturbide-, escultores -Saúl Kaminer, Pawel Anaszkiewicz-, arquitectos -Fernando González Cortázar- y artistas de todo el mundo -Picasso, Paul Klee- por mencionar sólo un porcentaje mínimo de lo que se puede encontrar en este libro donde hasta los epígrafes y su selección a la vez meticulosa y diversa magnifican el recorrido de Alberto Blanco y los privilegios de su vista.

O sea, un recorrido personal hilvanado por lecturas, reseñas, historias y su amplia experiencia como observador de arte, a la vez sibarita y contemplador amateur. Si bien la pintura es la protagonista principal de las preocupaciones de Blanco, el poeta examina también la arquitectura del siglo XX, la escultura, el arte-objeto, la fotografía y el collage, técnica consentida del poeta que fue responsable de ilustrar con sus collages las obras de otros escritores en la colección Letras Mexicanas del Fondo de Cultura Económica.

El otro libro al que remite este Eco de las formas es, sintomáticamente, un tratado: Arte y percepción visual, de Rudolf Arnheim, un clásico sobre la Gestalt aplicada a las artes. Igual que el alemán, Alberto Blanco nos conduce a través de la pintura, la poesía, la música y todo lo que enriquece la experiencia de ver, un arte en sí mismo que corre peligro en nuestra época inundada de imágenes efímeras y ante el peligro de tachar toda experiencia visual con el arte como mero asunto “retinal”. Un par de ojos maravillados, que se comportan como el más humilde y joven de los espectadores.

Olmo Balam – Editor general del Correo del Libro.

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La experiencia de leer

Sobre el autor:

Alberto Blanco (Ciudad de México, 1951) es por partida triple poeta, artista visual y músico. Su obra publicada consta de casi un centenar de títulos en los que sobresale la poesía, donde Blanco ha experimentado con toda clase de temas y métricas, desde el verso libre hasta los sonetos y los poemas concretos. En su obra escrita también hay lugar para ensayos sobre arte visual, y para la poética, ese género mestizo en el que el escritor va en busca de su visión de la actividad poética a través de sus lecturas y su intuición estética. Como músico, ha sido miembro de la banda de rock La Comuna y toca el piano todos los días por lo menos una hora. Como artista visual, ha producido pinturas, dibujos, series de grabados y collages que se han exhibido en galerías de México y Estados Unidos.

Sobre la edición:

El propio Alberto Blanco ha dicho que El eco de las formas le tomó más de cinco años entre su concepción hasta su concreción como libro impreso. Años de trabajo editorial, correcciones, reordenamientos, búsqueda de derechos de autor para las imágenes reproducidas e incesantes revisiones dieron su fruto en agosto de 2012, cuando por fin salió de imprenta este volumen con más de 700 páginas en papel bond, con ilustraciones a color, índice onomástico, índice de las publicaciones de Alberto Blanco en revistas y libros, así como espacios en blanco generosos para la poesía, la prosa y la imagen fija.

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