Home»Las personas de la historia

Las personas de la historia

Sobre la persuasión y el arte del liderazgo

Margaret MacMillan

linea-verde

Editorial: Turner-Noema/Secretaría de Cultura-DGP

Traducción: María Sierra

Año: 2017

Páginas: 296

linea-verde

bolsitaCómpralo aquí

bannerintpersonasdelahiasaa12

De izquierda a derecha: (arriba) Richard Nixon, Margaret Thatcher, Franklin D. Roosevelt, Elizabeth Simcoe; (abajo) Otto von Bismarck, Adolf Hitler, Josef Stalin, William Lyon Mackenzie King. Algunos de los grandes líderes y antilíderes sobre los que escribe Margaret MacMillan.

A nosotros nos toca sobrevivir a los muertos: contar sus vidas, recordar sus ideas, imitar sus acciones. Hubo un tiempo donde el rapsoda cantaba venerables historias en diversas ciudades, lo mismo que el trovador; los viajeros hicieron del diario un motivo de distracción y nos legaron sus impresiones, sus experiencias y conocimientos de tierras desconocidas. Con el paso del tiempo la autobiografía se tornó en un ejercicio de vejez y relatar la vida de los grandes personajes en un trabajo honrado y minucioso para académicos y escritores profesionales.

Pero en la historia hay muchas historias. Lo mismo ocurre con la biografía. Si nos tocase narrar nuestra biografía, ¿qué episodio elegiríamos?, ¿cuántos episodios narraríamos y de cuántos tendríamos realmente el permiso?, ¿elegiríamos una historia de niñez, de juventud, madurez o vejez?, ¿cuánto tiempo utilizaríamos? Si le encargáramos a un pintor que ilustrara una biografía probablemente trazaría un episodio único y definitivo. A su vez, un coleccionista escogería algún objeto profundamente enigmático e ignoraría la botella de escocés dejada a un lado del lecho de muerte. Ya que es imposible contar la biografía de todas las personas, y toda la biografía de una persona, elegimos los pasajes decisivos.

Un historiador, antes que otra cosa, es un narrador. Su labor incesante radica en elegir a las personas de la historia, ubicar un espacio y tiempo y seleccionar los episodios trascendentales para su objetivo. Actualmente, el abanico de las historias va más allá de narrar la vida de los grandes hombres: hay historia de las pasiones, historia de las drogas, de las civilizaciones antiguas, además de la política.

Sin embargo, Margaret MacMillan opta, en su libro Las personas de la historia. Sobre la persuasión y el arte del liderazgo, por un acercamiento más clásico con la recuperación de estampas biográficas de algunos personajes que marcaron el siglo XX. Sus personajes son los líderes políticos. MacMillan estudia el fundamento de la historia: un pasado de hombres que han muerto y cuyo resplandor, como el de las estrellas, ilumina el presente. La biografía es el trabajo de comprensión de las personas, no de los personajes.

A diferencia del teatro, donde los actores encarnan a personajes, en la historia las personas definen diariamente su vida, están condenadas a una dialéctica transformadora. Lo que la profesora MacMillan nos avisa en su festivo libro es que los líderes cambian la historia de vida de las personas: unos a través de la democracia, otros con el ilimitado poder del totalitarismo. A partir de una variable psicológica, la historiadora elige a sus personajes: cada uno de ellos “tenía un conocimiento instintivo del estado de ánimo de su época”. Hicieron, cual médicos, un diagnóstico de su tiempo.

Las personas de la historia. Sobre la persuasión y el arte del liderazgo es un libro sobre los líderes del siglo XX. De alguna forma, los líderes son imprescindibles: marcan el rumbo. MacMillan piensa que los líderes, más allá de ser el tema preferido en los bestsellers de autoayuda y en las licenciaturas de marketing, inspiran, motivan, modifican las estructuras de la sociedad porque albergan un ser interior potente y seductor. Pero lo contrario también es cierto, no todos desean ser líderes. Es un trabajo de persistencia y de tiempo. La lista de MacMillan enumera algunos nombres irrebatibles que ocuparon ese sitial a la vez añorado pero también difícil: Otto von Bismarck, Lyon Mackenzie, Franklin Delano Roosevelt, Adolf Hitler, Josef Stalin, Margaret Thatcher, entre otros.

Margaret MacMillan. Foto: Brett Gundlock/Boreal Collectiv.

Las contradicciones son el motor de la historia: en suelo alemán, por ejemplo, Bismarck no era belicista, aunque fuera de él sabía usar “la sangre y el hierro”; Hitler, en cambio, puede ser definido por su terrible sed del exterminio. Dice MacMillan que “la guerra, para Hitler, no era solo una herramienta en manos del pueblo alemán: era la expresión más alta y más noble de su lucha por la supervivencia”. Esta lectura, novedosa en el fondo, es una oportunidad para cambiar la historia, es decir, para narrar con mayor proyección, articulando elementos diversos y comprendiendo a los grandes líderes en tanto personas.

MacMillan elige pasajes gloriosos y otros menos significativos del siglo XX: Estados Unidos, Alemania, India, Canadá, Reino Unido, un crisol de países con humores diversos, con formas de gobierno y sociedades particulares, todos ellos atravesados por la guerra y la turbulencia de las épocas de destrucción. Un líder emerge en las peores épocas.

El libro de MacMillan, célebre por sus estudios sobre la primera guerra mundial y sus prolegómenos, es un libro de frases contundentes y de hombres con carácter. Encima, recupera diversas anécdotas dignas de un detallista, dice la profesora MacMillan. Mackenzie King llevó un diario a todas sus jornadas durante 60 años. Margaret Thatcher, la dama de hierro, fue a un colegio público, mientras que la mayoría de sus compañeros tories acudieron a internados caros; Miterrand afirmaba que tenía los ojos de Calígula y la boca de Marilyn Monroe.

Como acontece con los libros bien escritos, hay gestos de buen humor y alegría. Una prosa que no haga imaginar está condenada al olvido y Las personas de la historia, reproduce escenas inolvidables. Cada vez es mayor el interés por la vida privada de los líderes. MacMillan se interesa por saber qué comían, qué ropa vestían, cómo amaban y sobre todo cómo el poder pudo transformar y dominar sus corazones. La historiadora compara constantemente los perfiles de los líderes. Por ejemplo, el caso de Hitler y Stalin: “ambos tuvieron una infancia infeliz, con padres autoritarios, y se sentían más unidos a su madre. Stalin comía carne y bebía sin excesos, mientras que Hitler era vegetariano, no fumaba y apenas bebía. Stalin tuvo relaciones muy intensas con las mujeres, mientras que la vida sexual de Hitler, incluso la que tuvo con su amante Eva Braun, ha sido siempre un misterio”.

La de MacMillan es una escritura alegre, llena de entusiasmo y selectiva. Aunque concibe la historia como una casa desordenada, su escritura es clara y precisa. En más de una ocasión MacMillan se esfuerza por evitar la disolución de los instantes. Enmarca los pasajes con vigorosa frescura. El libro está escrito por capítulos, cada uno enmarca un valor de los perfiles políticos: persuasión, arrogancia, osadía, curiosidad, observación. Nada le es ajeno al político y, sin embargo, es vulnerable a todo. MacMillan escribe un libro que intenta acercarnos con los hombres que han hecho la historia y, a pesar del esfuerzo, la lejanía es evidente.

Ya lo decía Simone de Beauvoir en Ceremonia del adiós, a propósito de la muerte de Sartre: “¡Lo tengo en la cajita! Usted está ahora en la cajita; no saldrá de ella y no me reuniré con usted”. Así son las personas de las que habla MacMillan: nunca podremos reunirnos con ellas para que nos cuenten su vida y, a pesar de todo, al reconocer su biografía reconocemos lo que hicieron. Hoy lo sabemos mejor que antes: parte de su vida ya no les pertenece a ellos sino a la historia.

Piensa MacMillan que escribir sobre lo que pasó en el siglo XX es una forma de afrontar el pasado. Asume el compromiso de ver la historia como aventura, desafío y dejar para otro día la forma de escribir en pretérito desde la melancolía, la culpa o el heroísmo. La enseñanza que se encuentra en este libro serviría como título para alguna película: nunca hay que decirle adiós a la historia.

Fabián Martínez Becerril – Escritor.

[]

linea

La experiencia de leer

Sobre la autora

Margaret MacMillan (Toronto, Canadá, 1943) es la rectora del St. Antony’s College de la universidad británica de Oxford y catedrática de Historia Internacional en la misma institución, tras haber dirigido el Trinity College en la universidad de Toronto. En el año 2002 ganó el premio Samuel Johnson por su libro París 1919: seis meses que cambiaron el mundo (publicado en español en 2005), y es también la autora de Juegos peligrosos. Usos y abusos de la Historia (2010). Es miembro de la Real Sociedad de Literatura y Senior Fellow del Massey College de la Universidad de Toronto, miembro honorario del St Hilda de la universidad de Oxford, y se sienta en los consejos de administración del Mosaic Institut y del Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo y los consejos de redacción de la Historia Internacional y Primeros estudios sobre la guerra mundial. En 2006 fue investida como Oficial de la Orden de Canadá.

Sobre la edición

Además de este libro sobre los grandes personajes de la historia y las lecciones de liderazgo que dejan, Margaret MacMillan publicó en Turner uno de los libros más importantes parala relectura de la historia en la última década: 1914. De la paz a la guerra, un recuento de cómo la paz duradera de finales del siglo XIX dio paso a una guerra absurda que marcaría el resto del siglo XX y sobre cómo la pusilanimidad de algunos de los prohombres de ese entonces desembocó en malas decisiones y en un conflicto que a un siglo de terminado sigue teniendo consecuencias.

linea

 

También puedes leer

 

Las emociones que mueven la historia

Los ecos de 1914

Margaret Macmilla"Sólo Trump y Xi Jinping serán decisivos en la Historia"

Lecciones de liderazgo

La guerra que acabó con la paz: 1914 a ojos de MacMillan

linea