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Las tribulaciones del estudiante Törless / La fiesta de jardín y otros cuentos

Robert Musil / Katherine Mansfield

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Editorial: Secretaría de Cultura-DGP

Colección: Clásicos para Hoy

Año: 2018

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A la izquierda, Katherine Mansfield en su departamento londinense del Queen’s Club Gardens, 1914. . A la derecha, Robert Musil. Fotos: Especial.

Bajo los sugerentes títulos de: Las tribulaciones del estudiante Törless de Robert Musil y La fiesta en el jardín y otros cuentos de Katherine Mansfield, la colección Clásicos para Hoy de la Secretaría de Cultura consolida su compromiso con la tradición literaria universal de acercar al lector libros clásicos.

Ambos autores, situados en los albores del siglo XX, se suman a una nutrida biblioteca de autores monumentales como Rubén Darío, Ramón López Velarde, Manuel Acuña, César Vallejo, Óscar Wilde, Rainer María Rilke, o libros anónimos como Las mil y una noches, por mencionar algunos.

Clásicos para Hoy de la Secretaría de Cultura es una colección que han trascendido al dictamen del tiempo y han logrado la admiración de millones de lectores, pero sobre todo, son libros susceptibles a nuevas interpretaciones. Los clásicos no son piezas de museo ni tampoco objetos de estudio de los centros de investigación en letras y humanidades.

Son libros que ya sea por sus honorables personajes, por sus frases célebres o su heroicidad, viven de una u otra manera entre nosotros. La lectura de los clásicos invita a iniciarse y convertirse en un gran lector; se convierten rápidamente en faros de iluminación para relanzar la exuberancia de la vida e identificarse con los protagonistas, o coincidir con las astucias de los personajes secundarios. Sin el romanticismo subyacente a toda invitación a la lectura, la advertencia debe quedar explicita: manténgase alejado quien no esté dispuesto a emocionarse hasta caer en la determinación de no poder cerrar el libro. Las tribulaciones… y La fiesta de jardín… forman parte de ese corpus alegre, fascinante y libre de prejuicios que afina la imaginación.

“Lepäävä poika” (“Niño recostado”) de Mangus Enckell, 1892. Imagen: Museo de Arte Ateneum de Finlandia.

minitorlessLas tribulaciones del estudiante Törless

Robert Musil

Traducción: Claudia Cabrera Luna

Páginas: 192

 

 

En Las tribulaciones del estudiante Törless (1906), Robert Musil describe algo más que un paisaje y una detallada descripción del régimen militar de la nobleza austriaca anterior a la Primera Guerra Mundial. Es un libro basado en la experiencia personal, atraviesa la vulnerable e indescifrable sensibilidad humana, pasa por el descubrimiento de la sensualidad con el otro y la intimidad física personal y se expande en la aguda construcción psicológica de los hombres que, en algún momento de su vida, tienen que dirigir los destinos de un pueblo.

Musil escribe sin mayores atavíos. No peca de barroquismo, pero tampoco es simple. Más bien, su virtud como escritor reside en mostrar lo más serio bajo un ropaje de sencillez, de bondad y al mismo tiempo de honda amargura. Elige hablar de la juventud porque es un momento disruptivo en la vida de los hombres; difiere de la cálida niñez donde hay paz y amor, tanto como de la vejez que espera el momento indicado de decir adiós. Es una etapa rica en experiencias duras y corrosivas que delinean el carácter. Parece que Musil obliga a su protagonista a seguir el imperativo de transformar el dolor y la fatiga en convicciones positivas enriquecedoras de vida. En cada página que uno lee encuentra razones para afirmar que la dureza del corazón es un camino largo. Así lo afirma Musil: “los jóvenes de gran futuro con frecuencia poseen un pasado rico en humillaciones”.

A Musil no le interesa hablar de la infancia y la vida fácil, tampoco transmite ningún diálogo de los padres con su hijo, raramente describe rituales sociales de la nobleza. Más bien, su escritura se aboca a un realismo seco. Desde su título, la novela es clara: cuenta la historia del joven Törless que por decisión familiar es internado en un instituto de prestigio y termina causándole profundas aflicciones. El estudiante es apenas un chicuelo hijo único que llora en las noches de soledad y escribe a sus padres esperando calor humano. Como todo joven, su percepción se ve asediada por las fuerzas del contexto social, por las amistades y por la áspera soledad.

La atmósfera estudiantil en la que convive Törless está marcada por el odio antes que por el amor a las demás personas; así Törless detesta a los seres humanos moralmente inferiores. Antes de ser un compañero de juego, busca tener experiencias fuertes. Musil gusta de exponer la tensión fisiológica -principalmente en el rostro- de los diálogos solemnes. Un estudio semántico nos diría que predomina el léxico del “vacío” antes que el de lo “lleno”: la boca, la cavidad, la hondura, la profundidad, el silencio le importa más porque deja abierta la posibilidad del misterio. Lo sólido y seguro sólo es de su interés para contrastar la fuerza de las imágenes que provienen de una una y otra parte.

La educación en el instituto le plantea a los estudiantes dos caminos: uno burgués y claro, y otro oscuro y tenebroso. Como parte de un nacimiento ejemplar, los compañeros de clase saben que desde siempre estaban destinados a reunirse y sin embargo, reconocen que sus caminos pueden diferir según la familia de procedencia y los cambios súbitos de la configuración política. De esa manera, la novela adapta a sus personajes la sensibilidad de cada uno de ellos; el elenco que conforma la novela son el débil, afeminado y azotado Basini y los torturantes Beineberg y Reiting.

Musil escribe cuasi-automático cuando evoca las percepciones de Törless. Es el perfil de un ser estratégico, meticuloso y estudioso del orden de las cosas; le interesa la matemática y el alma aún cuando sus compañeros detestan la filosofía, no creen en la transmigración de las almas, etc. Descontento por el resultado de los hechos, investiga la causas de los mismos, así por ejemplo si ve a sus compañeros que descienden al sótano él busca conocer las razones para entrar al lugar prohibido. Le excita el peligro tanto como el hecho de conservar un secreto.

La novela cobra una tonalidad sensual cuando Törless descubre la verdad sobre Basini. El ímpetu de narrar lo inenarrable alcanza su clímax. A saber, Törless descubre que Basini es un ladrón, pero sabe que sus dos compañeros también están enterados. El secreto alcanza dimensiones grotescas, se sobreexcita la narración. El escarnio hacia Basini no se hace esperar, su vergüenza no está en la exposición del acto sino en la tortura física y verbal que incitan sus compañeros. Beineberg, al despegar el puño del rostro de Basini, exige:  “¿No oyes? ¡Debes decir que eres un ladrón! ¡Inmediatamente!” y líneas abajo con la voz trémula, el afectado gimotea: “Soy un animal, un animal ladrón, su animal sucio y ladrón”. De manera implícita asume que el ladrón siempre será ladrón.

Musil despega hacia una vertiente novedosa en la literatura del siglo XX. Cobra vigencia el entrelazamiento de escenas infinitamente desgarradoras y posibles, con la dulzura de escenas cargadas de vibrantes llamadas del alma. Musil describe la torpeza para hacer el “mal” por parte de Törless, cuando tiene frente a sí el cuerpo blanco y desnudo de Basini, pero inmediatamente después evoca la historia de Roma y las “cosas gloriosas y sangrientas” que terminan con un acto de máximo ultraje. La tortura no es para siempre, como tampoco, siguiendo la advertencia de Sartre, es inhumana, por eso los hombres deben reprimirla.

Musil construye una novela fascinante. El crítico literario puede identificar el tiempo y el espacio de desarrollo. No es Ulises o Rayuela para buscarle una forma de entrada a la lectura. Su lectura tiene un inicio: el ingreso del estudiante y un final: la expulsión de Basini. La lectura es lineal y ágil. Por momentos, el lector tiene la impresión de conocer a Musil a través de Törless o bien conocer a Törless a partir de la vida de Musil. La reciprocidad con su personaje es indudable. Por esa brillante forma de escribir, seducir y sintetizar, Musil es un gran novelista de la lengua alemana del siglo XX.

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Ilustración para la edición en Penguin Modern Classics inspirada en “The Garden Party” de Katherine Mansfield. Imagen: Epecial.

762879-la-fiesta-de-jardin-y-otros-cuentosLa fiesta de jardín y otros cuentos

Katherine Mansfield

Traducción: Javier Taboada

Páginas: 210

 

 

Aunque ajenos a toda geografía -Musil nace en Austria (1880) y Mansfield en Nueva Zelanda (1888)- la coincidencia entre el escritor austriaco y la cuentista neozelandesa está en su profundidad para tocar temas delicados. En La fiesta de jardín y otros cuentos, Mansfield  presenta un collage de relatos que guardan un hilo conductor: los personajes están afectados por la constante disputa de las fuerzas interiores, cada personaje tiene las palabras y expresiones correctas y cada narración es producto de la observación atenta y delicada del comportamiento humano.

«La fiesta de jardín» es un cuento que nace de los acontecimientos comunes: cortar el césped, esperar los profiteroles para la fiesta, lavarse y vestirse adecuadamente. La virtud de Mansfield reside en explotar bajo la dulzura de las cosas lo terrible de las mismas; con anterioridad el estupendo biógrafo Ciati, en La vida breve de Katherine Mansfield, escribía a propósito de la vida de la escritora, que detrás de su cálida forma de porcelana oriental esplendorosa y brillante había un “jardín salvaje” lleno de profundas contradicciones: anhelante, narcisista, libre, indiferente, una especie de ser desconcertante.

En «La fiesta de jardín» se asoma un paisaje de contradicción que delata el talento de la escritora, es decir, la posibilidad de encontrar lo bello en lo común: hay un jardín con verde pasto; además, este cuento sintetiza la estética y las atmósferas del resto de los cuentos de la antología, por lo que merece un análisis exhaustivo. Es una casa de clase media alta, ya se avisa por el teléfono y por la compra de adornos para la casa. No hay sobresaltos provenientes del entorno: el clima no afectará la fiesta, no hay vagabundos cerca ni un entorno hostil. Al parecer lo único que puede pasar es lo cotidiano. No se ha ensayado para la fiesta ni repasado el manual de modales porque están en el entendido de que todo saldrá como siempre.

Ahí entra el talento de Mansfield. Ella se proyecta en la imagen de su personaje favorito: una niña que toca el piano y que en vez de cantar alegremente y entonar un conjunto de bellas palabras, elige una melodía que indica lo tormentoso de sus impresiones, se llama: La triste vida. Lo que altera las impresiones es que la canción tiene seis versos y apenas 14 palabras. En ese minúsculo espacio de escritura, las palabras se prolongan indicando algo más de lo que son: “ Amor que caam-bia, / la vida es triiis-te,” en esa precisión de dos versos reside una mente lúdica y clara que intenta reconfigurar las emociones, y sobre todo, reconfigurar el sentido de la lengua. En la tristeza hay un “tris” como sonido gutural que evoca la alegría: así, la tristeza es pasajera, diríamos, se va en un “tris”, así también la escritura permite brincar de una emoción a otra para provocar y convocar al talento de abrir la imaginación.

Mansfield estaría de acuerdo en promover una escritura natural, con hipérboles y variaciones gráficas expresivas. Su escritura es breve y concisa: cierra cada frase al mismo tiempo que cierra cada pasaje en breves líneas.

Lo curioso de «La fiesta de jardín» es que ante tanta aparente normalidad, ocurre algo extraordinario: hay una muerte. La escritura colorida cambia de paleta de manera súbita. El tema de la fiesta se agota. Da paso a un nuevo tema. La escena tiene lugar en el lugar de los deudos. Es momento de rendir respeto. Dice Mansfield: “Yacía ahí un joven dormido…estaba lejos, muy lejos de ambas. Ay, tan lejano. Tan en paz. Soñaba. Nunca despertaría. Su cabeza se hundía en la almohada”. Y un par de líneas abajo escribe: “Feliz…feliz”.

Así, lo que la escritora hace de los lectores es presentar un episodio de la vida “normal” de las personas donde sí ocurren cosas extraordinarias. La pérdida de la sorpresa es la pérdida de la sensibilidad y por eso mismo, con justicia, «La fiesta de jardín» intensifica los sentidos y obliga a sumergirse en las pesadillas más íntimas para no olvidar que, finalmente, también por esos sentimientos negativos somos seres humanos.

Fabián Martínez Becerril – Escritor.

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La experiencia de leer

Sobre los autores

Katherine Mansfield (14 de octubre de 1888; Wellington, Nueva Zelanda-9 de enero de 1923; Fontainebleau, Francia): seudónimo de Kathleen Beauchamp, quizá la escritora y cuentista más famosa de Nueva Zelanda. Desde sus 19 años, Mansfield se avecindó en el Reino Unido donde se convirtió en amiga de escritores como D.H. Lawrence y Virginia Woolf. Publicaría más de 70 cuentos, además de cartas y noticias. Entre sus libros se encuentran: In a German Pension (1911), Bliss (1920), y  The Garden Party (1922). Murió de tuberculosis a los 34 años.

Robert Musil (6 de noviembre de 1880; Klagenfurt, Austria-15 de abril de 1942; Ginebra, Suiza): ingeniero, ensayista, dramaturgo y escritor cuya literatura se considera, principalmente, filosófica. Su novela inacabada y publicada de manera póstuma, El hombre sin atributos (Der Mann ohne Eigenschaften), se considera una de las cumbres de la estética de la novela modernista, y de una búsqueda y observación casi científicas de las sensaciones y la conciencia profunda.

Sobre la edición

La fiesta de jardín y otros cuentos fue traducido por Javier Taboada, mientras que Las tribulaciones del estudiante Törless, por Claudia Cabrera Luna. Estas dos obras se unen a lo último de la camada de la colección Clásicos para Hoy, a la que recientemente se han añadido libros como Sonatas de Ramón del Valle Inclán, Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes, Triste fin de Policarpo Quaresma de Lima Barreto, Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes (en tres tomos), Pesos y medidas de Joseph Roth, El diablo en el cuerpo de Raymond Radiguet y Antología poética de Antonio Machado.

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