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Retrato del artista adolescente

A 100 años de su publicación

James Joyce

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Prólogo, traducción y notas: Pablo Ingberg

Editorial: Losada

Año: 2012

Páginas: 300

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Primera edición de “A portrait of the artista as a young man” (1916). Imagen: Bauman Rare Books

Una manera escueta y simplona para explicar la trascendencia de Retrato de un artista adolescente sería definir su trama: es la historia de cómo un muchachito nacido en el seno de una familia tradicional de Dublín, criado en escuelas jesuitas y alumno brillante, llegó a ser uno de los escritores más importantes de lengua inglesa, del siglo XX y de toda la historia de la literatura universal.

El Retrato…, publicado por primera vez hace un siglo (el 29 de diciembre de 1916) es uno de esos libros donde las traducciones son tan sólo la reinterpretación de lo que el autor quiso decir en un idioma ajeno. El punto neurálgico donde nacen las sensaciones que hilvanan el libro de Joyce es un idioma -el inglés-, del que el autor se apropia desde la raza irlandesa para cumplir como nunca antes ni después la máxima de Tolstoi: Joyce pintó el provincianismo de Dublín que habitaba en sus recuerdos para retratar el mundo.

Ya desde el nombre, su protagonista, Stephen Dedalus, alude a la dualidad de un muchachito (young boy) que crece inmerso en una cultura de estricta fe religiosa, pero que sabe que su trascendencia queda fuera de esa esfera: Saint Stephen (San Esteban) es el primer mártir de la Iglesia católica; Dedalus (Dédalo) es padre de Ícaro e ingeniero de las alas con las que ambos escaparon de la isla de Creta, donde estaban presos.

El Retrato… es la novela de Joyce que precede al conjunto de relatos de Dublineses, donde el autor irlandés pone su talento al servicio de una deslumbrante capacidad para combinar estilo e intención, elevar su observación de las cosas a un saber ancestral, y mostrar una inventiva verbal que alcanzaría un nuevo nivel con Ulises y lograría la máxima potencia lingüística de que se tenga memoria en Finnegans Wake.

En el Retrato…, el lector acompaña a Stephen Dedalus a través de cinco capítulos en ese periodo de “gestación de un alma” (según lo describe el biógrafo de Joyce, Richard Ellman): los primeros recuerdos escolares en los colegios jesuitas de Dublín; el despertar de la sexualidad y el encuentro con el sabor del pecado; el arrepentimiento y una reconversión a la fe que resulta insuficiente; el nuevo llamado a la vida y la vocación artística, y finalmente, la convicción de un alma hecha para el arte que está decidida a “no servir a algo en lo que ya no creo más, llámese mi hogar, mi patria o mi iglesia; y voy a tratar de expresarme a mí mismo en algún modo de vida o arte tan libremente como pueda y tan enteramente como pueda, usando en mi defensa las únicas armas que me permito usar: silencio, exilio y astucia”.

La primera edición del Retrato… apareció en forma de libro hace un siglo en Estados Unidos, gracias en mucho a los buenos oficios de Ezra Pound y su afán por contribuir a la modernización literaria; antes fue publicada por fragmentos en la revista inglesa The Egoist desde el 2 de febrero de 1914.

Es ésta una novela en la que anécdotas, recuerdos elegidos y experiencias personales se reconstruyen en una correspondencia donde todas las partes atienden a un plan maestro; una manera de utilizar el lenguaje donde las escenas se conectan por asociaciones sensoriales más que por secuencias en el tiempo. En su momento, la crítica reconoció las sorprendentes cualidades técnicas de la novela, pero ninguna dejó de lamentar el realismo de ciertos detalles que fueron mal interpretados. Mucho ha cambiado el mundo desde entonces, y eso no hace más que dar la razón a Joyce, que siempre creyó que escribía para el futuro.

Retrato de un artista adolescente es una obra magnífica en parte porque no acepta la simpatía fácil: su método es, por un lado, la confrontación; por el otro, la ironía para sugerir que ni siquiera las cosas trascendentales deben tomarse con total seriedad. Una novela donde no hay nada casual o accidental, que conviene leer con los ojos bien abiertos para lograr una mejor apreciación de sus relaciones internas.

Carlos Rojas Urrutia

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La experiencia de leer

Sobre el autor

James Joyce (Dublín, 2 de febrero de 1882) estudió en dos escuelas jesuitas. Tras graduarse en la universidad como bachiller en lenguas europeas modernas (1902) , fue a París con la idea, pronto abandonada, de estudiar medicina. Regresó para Navidad, y, de nuevo, unos meses después, para acompañar los días finales de la madre. Permaneció en Dublín otro año y medio, periodo dentro del que cae el 16 de junio de 1904, ese día en que transcurre el Ulises y en que él tuvo su primera cita con Nora Barnacle, su compañera hasta la muerte. Luego partió con ella para no volver ya a Irlanda, más que para tres visitas, la última en 1912. Prefirió el continente: a grandes trazos, sentó reales primero en Trieste, luego en Zúrich durante la Primera Guerra Mundial, París durante entreguerras y otra vez, tras el comienzo de la Segunda Guerra, en Zúrich, donde murió no mucho después, el 13 de enero de 1941, a causa de una úlcera duodenal que derivó en peritonitis. Aun así, toda su obra se sitúa en la Dublín de la que, en cierto modo, Joyce no se fue nunca.

(Compartimos íntegra la información incluida en la presente edición de Losada)

Sobre la edición

Pablo Ingberg, responsable del prólogo, la traducción y las notas de esta edición de la argentina Losada, hace de su labor una especie de manual de instrucciones para que el lector pueda dimensionar el tamaño y cualidades del libro que marcó las posibilidades de la novela y la autorreferencia en el arte. En su prólogo, Ingberg refiere el contexto histórico en que vivió Joyce, así como la particularidad en la que escribió su novela y cómo ésta se inscribe en un proyecto artístico que muy pronto tuvo conciencia de sus alcances. Las notas y referencias que Ingberg utiliza en el cuerpo de la novela ayudan a develar la génesis y capas ocultas de este libro, que, según Richard Ellman, reveló al propio Joyce una técnica que marcó su proyecto como escritor, al reconocer “que podría convertirse en artista escribiendo sobre el proceso de convertirse en artista”.

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