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Febrero 2018

Histórico

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Editorial: Era

Año: 2017

Páginas: 220

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Los niños están locos

Héctor Manjarrez

Hace poco Héctor Manjarrez publicó unas normas de los cuentos de hadas que demuestran, primero, que es posible leer siempre de maneras creativas e inesperadas y, ya dentro de sus 31 invectivas, que “los cuentos maravillosos de todo el planeta no cuentan siempre ciertas historias universalmente compartidas, y tampoco hay treintaiún elementos inmutables”. Sus normas no son una lectura estructuralista proppiana ni psicoanalítica a lo Bettelheim sino propia y lúdica.

Ahora bien, parece ser que este texto y su más nueva recopilación de cuentos, Los niños están locos, provienen de un mismo manantial de lecturas y relecturas. Es imposible no leer estos relatos bajo esta luz, por mucho que ninguno tiene (excepto en un opus como “El arquero y lo que sucedió”, uno de los mejores cuentos escritos en los últimos años), un tono fantástico literal o un tema fantasioso. Pero no hay mejor manera de leer Los niños están locos: una serie de cuentos de hadas mexicanos protagonizados por los más pequeños –los que apenas logran articular palabra-, los pubertos y los adolescentes tardíos, esas criaturas que aprenden a reconocer sus cuerpos, que no entienden por qué los adultos siempre andan enojados, que reciben de los grandes toda serie de regaños y humillaciones. Hay aquí relatos iniciáticos sobre una niña que descubre el primer brote de sus pechos, de partidos de futbol en los años 50, el contraste entre la niñez y la vejez de un abuelo cruel y enemigo de los indios, sectas de niñas prepúberes que ya están amaestrando la complicidad femenina.

Héctor Manjarrez ha urdido un libro de cuentos sin aniñar a sus protagonistas ni a sí mismo (no hay aquí los diminutivos ni los inocentes que se acostumbran en otros libros que tratan, supuestamente, sobre la infancia), donde los pequeños son criaturas literarias antes que de dios, donde la memoria no sale vencida por la nostalgia, plaga infantil de la memoria.

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Mi abuelo y el dictador

César Tejada

Si toda novela sobre dictadura es un cuento de hadas –como dice Miguel Ángel Asturias-, eso queda más que demostrado en esta crónica que transita entre el diario de un escritor y el de un historiador amateur que quiere reconstruir la historia de su familia. César Tejada, cuya familia se divide entre México y Guatemala, busca en El abuelo y el dictador una respuesta que oscila entre la identidad propia y la desmitificación de una leyenda familiar. La anécdota es simple pero en ella se concentra la historia de Guatemala a principios del siglo XX: la aprehensión del abuelo Antonio Tejada por parte de los esbirros del dictador Manuel Estrada Cabrera –contemporáneo de Porfirio Díaz en obra y en espíritu- y de cómo su esposa, Victoria Fonseca, siguió la comitiva penal a lo largo de 45 kilómetros entre La Antigua y la Ciudad de Guatemala con su bebé en brazos (el padre del autor) y una pistola en el pañal del infante.

Esta leyenda lo lleva a buscar por bibliotecas y pueblos de Guatemala, así como por la correspondencia del abuelo, pistas para ubicar el hecho y desligarlo de la leyenda. Por detrás, está la sombra de Estrada Cabrera, con sus obsesiones y caprichos, su densidad mística, el amor por los brujos y el número 21, su encuentro con un Rubén Darío convertido en poeta cortesano, y la tragedia de todo un país que sigue viviendo las secuelas de una dictadura que dividió familias y creó, también, miles de leyendas familiares. El abuelo y el dictador es también una reivindicación de la literatura y la cultura guatemaltecas, un asomo a sus usos lingüísticos y a las grandes corrientes de la historia que cruzaron por su territorio. En última instancia, es el periplo de un escritor por su propio oficio y el los bloqueos que lo plagan, mismos de los que se burlaba con razón otro guatemalteco-mexicano, el gran Augusto Monterroso: “es penoso ver sufrir a alguien en el empeño de hacer algo que de no ser hecho, a nadie le importaría”.

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Editorial: Caballo de Troya

Año: 2017

Páginas: 220

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Ilustraciones: Monica Ferrando

Editorial: Era

Año: 2017

Páginas: 220

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La muchacha indecible

Mito y misterio de Kore

Giorgio Agamben

En los misterios de Eleusis se vincula, como en pocos ritos y tradiciones de la antigua Grecia, el sedimento Oriental de la filosofía y la mitología de la vieja Hélade. Giorgio Agamben vuelve su vista en este libro a los misterios eleusinos y a una de sus protagonistas, Kore o Perséfone, la muchacha indecible del título, un enigma en toda regla que cruza las fronteras entre la virginidad, la iniciación masculina, la vida y la muerte, la filología y la antropología. Aunque los estudios eleusinos son cada vez menos enigmáticos, dada la gran cantidad de bibliografía que se ha acumulado al respecto –y que va de las investigaciones sobre hongos alucinógenos hasta la sociogenética de la cultura helénica en Sicilia-, los investigadores escuchan en cada generación el llamado de los oráculos áticos. En este caso, la investigación es por vía doble: Agamben examina dos libros sobre la polémica eleusina escritos en tiempos de guerra –en sí mismo una paradoja de la simbiosis entre alta cultura y barbarie- y, por otro lado, las magníficas ilustraciones de Monica Ferrando, quien capta a Kore en toda su ambigüedad entre la lozanía de la juventud y el misterio de la feminidad. Como sucede en muchos libros de Agamben, surgen más preguntas que respuestas, pero es posible contemplar, quizá por primera vez, el enigma de Eleusis como uno esencialmente femenino. No hay mejor puerta para entrar en este diálogo esotérico que ésta.

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Mientras embalo mi biblioteca

Una elegía y diez digresiones

Alberto Manguel

Un arrebato de dislexia hizo que leyera el título de este libro como “Mientras ensamblo mi biblioteca” y no como el encabezado elegíaco con el que Alberto Manguel se despide de toda una vida como lector y bibliófilo, pues eso es lo que pasa cada vez que uno tiene que renunciar a una de sus bibliotecas. Alberto Manguel bien lo sabe, pues no ha hecho una mudanza sino varias que lo obligaron a dejar muchos de sus tesoros regados en Canadá y Argentina. En esta ocasión, y con motivo del Premio Formentor 2017, Manguel se sumerge en 10 divagaciones producto de su inmenso bagaje como lector y, también, del desorden espiritual y emotivo que genera meter los libros amados en cajas a destinos inciertos. “Mi biblioteca, tanto cuando está instalada como cuando está embalada en cajas, jamás ha sido un animal individual, sino un conjunto compuesto por muchos otros, una criatura fantástica formada por las diversas bibliotecas que construí y luego abandoné, una y otra vez, a lo largo de mi vida”. Homenaje a los libros impresos y a las bibliotecas –tanto públicas como personales y mentales-, este pequeño opúsculo se mueve con libertad y sin hilo de Ariadna por un laberinto de recuerdos, erudición y libros que nunca se volverán a hojear. Al final, el accidente disléxico no es tan opuesto al sentido del libro como parecería al principio: al dejar una biblioteca nace la posibilidad de ensamblar otra, pues las bibliotecas surgen allí a donde va uno.

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Traducción: Eduardo Hojman

Editorial: Almadía

Año: 2017

Páginas: 165

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Editorial: Anagrama

Año: 2016

Páginas: 340

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El gigante enterrado

Kazuo Ishiguro

Si este es el primer encuentro del lector con el flamante Premio Nobel de Literatura Kazuo Ishiguro, no debe esperar nada de lo que se dice ni en el dictamen de los académicos suecos ni en los recortes de los periódicos. Este no es un libro que parezca habitual ni en la bibliografía de Ishiguro, ni en la literatura que se escribe hoy en día con tono fantástico. El gigante enterrado es la crónica de un mundo en donde las leyendas del rey Arturo ya acontecieron, y donde el rastro de la Roma británica pervive en las ruinas que cubren los paisajes monótonos de una Inglaterra pagana y mitológica donde los personajes se pueden llamar Axl o Beatrice como si fueran nuestros contemporáneos. Esos dos personajes buscan a su hijo por una región habitada por monstruos de cuentos de hadas, como ogros y guerreros nórdicos, y que se ve bajo la plaga de una niebla, fuente del olvido. El gigante enterrado se mueve entre la novela y la leyenda, dos terrenos menos complementarios de lo que parece, y logra una convivencia –conflictiva- entre los tópicos rigurosos y unidimensionales de los relatos legendarios con la complejidad y la psicología de los personajes atormentados y ensimismados de nuestros tiempos. Una lectura, por lo demás, periférica, en el sentido exterior de la palabra.

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