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Octubre 2017

Histórico

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Editorial: Sexto Piso

Año: 2017

Páginas: 84

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Escribir con caca

Luis Felipe Fabre

La leyenda de la Estatua de sal sigue viva. El mayor enemigo de Los Contemporáneos no fue la estética nacionalista (en supuesto combate contra el cosmopolitismo de Jorge Cuesta y compañía), pero sí el machismo mexicano. Diego Rivera, Octavio Paz, Ermilo Abreu Gómez y Rodolfo Usigli modularon a su manera la homofobia ambiente de un mundo cultural, el del siglo XX, incapacitado para tolerar a un escritor de por sí polémico como Salvador Novo, que comparaba el acto de la poesía con el de la defecación.

De todos modos, el principal responsable de esa incomprensión fue el propio Novo, intempestivo, atrabiliario y vedette, además de cronista en jefe de la Ciudad de México. Novo desplazó su labor poética hacia su  imagen pública. Luis Felipe Fabre quiere navegar de nuevo por las aguas transgresoras de Novo, las menos calmadas y las más escondidas. Por eso pone el acento en una zona secreta de su labora lírica, aquellos versos que no aparecieron ni en sus poemas reunidos. Así pues, en Escribir con caca se exploran los poemas secretos de Novo; qué va, poemas cabrones, anales, maricones, albureros, propios de un poeta maldito (Rimbaud, dice una de tantas de sus leyendas negras –via Tedi López Mills-, se cagó una vez en la cama que le prestó Paul Verlaine en su casa). Fabre llega así con este ensayo, al que le han pulido las tosquedades académicas, a una visión de la poesía y la sexualidad que va más allá de decidir si la obra de Novo es canónica o no.

Salvador Novo puede preciarse, desde el más allá, de haber provocado dos de los mejores libros que se han escrito sobre un escritor mexicano y además, sobre la literatura gay de nuestro país: Lo marginal en el centro, de Carlos Monsiváis, y ahora Escribir con caca, de Luis Felipe Fabre.

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Bisonte mantra

Jorge Luis Boone

Bisonte mantra es un tótem y una meditación. En el centro del tótem, un bisonte encabeza un río de versos que no son particularmente coloridos, pero arrojan una luminiscencia que Jorge Luis Boone utiliza para ver mejor otros tipos de luz: el horizonte, paisajes, especies de nubes, tiempos inestables, ritmos. ¿Es el poema un estado del agua?, se pregunta Boone, sin decidirse por el estado río, cumulonimbo o níveo, aunque el primero es el que más se parece, una corriente de palabras que predica, nada y vuelve sobre su obsesión –el esclarecimiento y la enunciación del mundo- como Heráclito al río: sin ser nunca el mismo. Ese es un acercamiento liminar a Bisonte mantra, libro críptico y literal como lo es toda iluminación. Es, además, un texto breve, generoso en espacios, que se puede leer de nuevo. Boone parece invitarnos a recitarlos varias veces, con concentración budista.

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Editorial: Era

Año: 2017

Páginas: 88

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Editorial: Sexto Piso

Año: 2017

Páginas: 112

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Cartas a una joven desencantada con la democracia

José Woldenberg

Decía Julio Hubard en un artículo reciente que el meollo de la democracia no es su funcionamiento o su esencia, el voto, sino su mantenimiento. La descripción del mecanismo democrático –nos dice Hubard- “es simplísima, pero su funcionamiento es un enojoso engorro que nunca queda estable. Como trastos, o como la cama, que requieren aseo y arreglo diario, y diario dan flojera”.  Maldita democracia, pues. Se acerca el 2018 y los acontecimientos recientes no llaman sino a la desilusión con respecto a una organización política muy deficiente, pero en apariencia, tan fácil de concebir que se le piden milagros.

A la manera del Rilke que le escribía al aprendiz de poeta Franz Xaver Kappus, o de Mario Vargas Llosa y su joven novelista, José Woldenberg escribe estas Cartas a una joven desencantada con la democracia para su sobrina, escéptica de los partidos, las campañas y el propio principio que desencadena cada tanto un circo político y mediático. Si el poeta austriaco y el novelista peruano daban consejos sobre la escritura y la condición del escritor, Woldenberg hace algo distinto. No es que quiera decirle a su corresponsal cómo ser demócrata, pues si algo distingue a la democracia de otros sistemas de poder, es su carácter transformacional.

Si existe una receta, es la de las elecciones, que no son una solución instantánea, pero garantizan la sucesión de poder y su repartición, como dice quien fuera presidente del Instituto Federal Electoral: el mayor milagro que obran las elecciones son las propias elecciones. El hecho de que la interlocutora de Woldenberg sea una joven, da una nota especial al libro: por un lado un hombre que vivió los tiempos en que en las elecciones mexicanas sólo aparecía el candidato oficial en las boletas, y del otro, una mujer que se ha acostumbrado a ver la pluralidad de partidos y la fiesta y el circo de las elecciones cada cierto tiempo como si fueran normales.

La inestabilidad de Hubard es el núcleo, para bien y para mal, de un diseño fundamental cuyos objetivos son, en palabras trasvasadas de Popper, la “coexistencia y la competencia pacífica de la diversidad política”. Cartas a una joven desencantada con la democracia es un libro relevante y no sólo para este México en vísperas de elecciones presidenciales; también son cartas para los jóvenes del mundo en el contexto de la victoria de Donald Trump, el referéndum catalán, o el ascenso de partidos de ultraderecha en Alemania como el AfD (Alternative für Deutschland), todos ellos procesos políticos que ponen sobre la mesa la desilusión con la democracia, pero también las bases para su mejoramiento.

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Las cenizas y las cosas

Naief Yehya

“Niarf Yahamadi”: ese conjunto de sílabas tan incómodas de leer como de pronunciar es el nombre de un inconcebible escritor mexicano-iraní de tercera fila, cuyo mayor logro ha sido vivir en Nueva York bajo los auspicios de una beca para escritores, una de las pocas formas exitosas de migración legal entre Estados Unidos y México. Más inesperado aún: hay una escuela privada en un pueblo llamado San Ismael, que pretende poner ese nombre en la placa de entrada de su flamante auditorio.

Niarf Yahamadi es, por supuesto, un trasunto de Naief Yehya, quien en Las cenizas y las cosas ha confeccionado una pesadilla cómica para sí mismo, del mismo tipo de las que hicieron famoso a Kafka. Lo que empieza como un posible despunte de Yahamadi en el escenario de las letras nacionales, termina en una farsa: la gente de San Ismael es maleducada, la directora de la escuela ni siquiera se apresta a pagarle los viáticos a su invitado de honor y, para terminar de joder el asunto, un volcán (invisible e ilocalizable) está a punto de activar el plan DN-III en toda la zona.

Y eso es apenas uno de los actos de esta novela cruel, donde al protagonista no le espera ni el consuelo de una sonrisa, pero sí todas las humillaciones (merecidas y no merecidas) del mundo de las letras: el ninguneo, la pobreza, la incomprensión de editores y entrevistadores (sobre todo los gringos a quienes no les basta con verlo con cara de árabe sino también con pasaporte mexicano), o la peor, la de ser considerado un pobre diablo por parte de las mujeres. Las cenizas y las cosas es un libro para reírse pero que, una vez apagadas las risas, deja en el trasfondo un eco, el del miedo de un día encontrarse en los zapatos de Yahamadi.

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Editorial: Literatura Mondadori

Año: 2017

Páginas: 200

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Editorial: Jus

Año: 2016

Páginas: 196

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Malayerba

La vida bajo el narco

Javier Valdez Cárdenas

Javier Valdez fue asesinado el 15 de mayo de 2017 en su ciudad natal, Culiacán. Acababa de cumplir 50 años un mes antes, de los cuales llevaba casi 30 ejerciendo su profesión como periodista en Culiacán, capital del cártel de Sinaloa y su imperio cultural y económico. Corresponsal del periódico La Jornada y fundador de Riodoce, el medio que publicaría su última columna, que lleva el nombre de este libro, Malayerba, crónica que ya había aparecido publicada en México en 2010 y que Jus volvió a  poner en circulación el año pasado.

¿Qué distingue a Malayerba. La vida bajo el narco de muchos de sus pares en la ingente producción editorial de reportajes sobre el narcotráfico? Para aventurar una respuesta, podría ser que es periodismo del narco en el que los sicarios, los capos y las fuerzas federales y policiacas no son los protagonistas. No es un reportaje de investigación, Malayerba se compone de pequeñas crónicas culiacanenses de buchones, amas de casa, estudiantes, gente normal que vive en un mundo diferente al de otras zonas: el cosmos de la guerra del narcotráfico. A veces se pasa por alto que la formación académica de Valdez fue como sociólogo, lo cual potenció evidentemente su ojo para delinear, por primera vez, eso que los comentaristas llaman el “tejido social”.

En una de las últimas entrevistas que dio, nada más y nada menos que con Mónica Maristain, Valdez decía que no era tan experto en el tema del narcotráfico como sí lo era en el de las personas. A eso se suma la labor editorial de Jus, que además de reeditarlas y aumentarlas, le añadió a estas crónicas un glosario de términos de Culiacán con vistas a hacer que el libro se vuelva relevante en su propia escala narrativa, no sólo anecdótica. En ese sentido, es periodismo en el más básico de sus términos: no de primicias sino de acontecimientos cotidianos, todos ellos marcados por el lenguaje, la ropa, el dinero y la jerga de los cárteles, a la vez fuente y perdición de la cultura. El resultado es un libro emotivo, una comedia humana en el sentido que le daba Balzac en miniatura, que quedará incompleta con la pérdida de Javier Valdez.

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