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Arianna Papini

Foto: Especial

Lugar de nacimiento: Florencia

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Ocupación: Ilustradora, diseñadora industrial, escritora, pintora, docente y arte-terapeuta

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Conocida por: haber escrito e ilustrado innumerables libros para editoriales y recibir numerosos reconocimientos como el premio Andersen y el premio Compostela.

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Sitio oficial de Arianna Papini

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Arianna Papini nació y vive en Florencia, donde estudió arte y arquitectura. Fue directora editorial y artística de la editorial Fatatrac durante 25 años. Ha colaborado en el curso de diseño industrial de la Facultad de Arquitectura de Florencia, enseñando teoría del lenguaje formal, organizando cada año la exposición de los libros-juegos diseñados por sus estudiantes. Se especializó como arte-terapeuta en la Escuela Internacional de Arte Terapia de Bologna; actualmente desarrolla esta profesión en su Estudio de Florencia. Imparte cursos en toda Italia, principalmente en la Escuela Internacional de ilustración en Sàrmede. Trabaja de forma independiente como escritora, pintora, ilustradora, docente y arte-terapeuta. Ha escrito e ilustrado innumerables libros para las editoriales: La Nuova Italia, Edicolors, Fatatrac, Lapis Edizioni, Città Aperta, Carocci Editore, Ananke, Avvenire, Coccole Books, Liberty, Kalandraka, Donzelli editore, Carthusia Edizioni, Rrose Selavy. Algunos de sus libros son coeditados en Francia, España, Inglaterra, Portugal, Grecia y Taiwán.

En esta entrevista realizada en septiembre de 2016, la artista nos habla con detalle sobre su carrera, su estilo y sus proyectos.

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El interfon en el domicilio de Arianna Papini. Foto: Lis del Carmen López Sánchez.

-Arianna, ¿por qué decidiste ser ilustradora de libros infantiles?

-Pensándolo bien, no lo decidí, es algo que me llegó. Desde pequeña siempre dibujaba, esperaba que lloviera para estar en casa diseñando con mis colores, y más tarde escribiendo. Crecí entre libros y siempre he encontrado libros para niños en casa, mi madre y mi abuelo eran editores. Esta hermosa profesión creo que la adquirí viendo trabajar a mi madre junto a personas importantes alrededor de una mesa para hacer libros para niños. Entendí que hacer un libro es algo muy grande. Fue entonces que pensé que para dar un libro a los niños es necesario un gran compromiso, en verdad importante.

Es una gran responsabilidad hacer libros para niños. Le digo a todos los padres: los niños y jóvenes saben lo que quieren. Como arte-terapeuta trabajo sobre la infelicidad en las personas adultas. Comúnmente su infelicidad nace de no haber podido hacer las cosas que aman. Los niños saben todo, yo simplemente fui escuchada. Creo que nunca he dejado de ser pequeña como no he dejado nunca de dibujar.

Hacer libros es una parte muy importante de mi vida. Hago muchas cosas pero todas están ligadas: mi arte, ocuparme del dolor de las personas, pintar y escribir para decir las cosas que me importan. Cuando tengo necesidad de gritar pienso en un libro, lo diseño y espero que llegue a tantas personas, porque un libro es antes que nada, un maravilloso medio de comunicación, como un cuadro. Me interesa todo eso que es la comunicación, así como las personas, los animales y la naturaleza. No es verdad que el arte es distante de la realidad, al contrario, vive y se nutre de la realidad. Tenemos la gran responsabilidad de hacer arte y hacer libros, necesitamos decir aquello que pensamos y hacerlo universal, porque un libro debería llegar a todos, ésta es la cosa más complicada de mi trabajo.

-¿Cómo es tu proceso creativo?

-Bella pregunta. Cada vez que nace un libro o un cuadro siento que representa una historia en sí misma, única e irrepetible. El proceso creativo siempre es diverso. Algunos libros nacen de modo precipitado, en una semana he escrito el texto y he hecho la ilustración; otros en cambio nacen planificados, porque abordan temas que me importan, pero me hacen sufrir. Por ejemplo, un libro que imaginaba desde que era pequeña es uno que trata acerca de los animales extintos, pero debí demostrar madurez para poder afrontar el argumento sin llorar continuamente; así nació Queridos extintos (Ed. Kalandraka).

Mi cabeza siempre está llena de ideas que nacen de cada cosa vista, soñada o pensada; de cada encuentro, de cada mirada. También para los cuadros es así. Scherzo della natura es algo que soñé, esta belleza extraña, criatura voladora antropomorfa, que es la música de la vida. Inmediatamente después del sueño, apenas despierto lo tengo que pintar. Hay cuadros que inicio y los dejo ahí para retomarlos tiempo después. Todas las cosas ligadas a la creatividad son así para mí, no tengo sólo un modo de hacerlas.

Cada persona tiene el derecho de hacer el trabajo que ama para reencontrar su tiempo y cada persona tendría el deber de trabajar mucho para obtener esa oportunidad. Porque el tiempo es relativo; de hecho cuando hacemos algo bello, no nos damos cuenta de las horas que pasan, mientras cuando hacemos cosas que no nos gustan miramos continuamente el reloj. Por lo tanto, el proceso creativo es relativo, y se debe mucho a este tiempo que nos permite estar encantados.

De ese encanto, de esa estadía, escuchar, pensar, de ahí parten las historias. Este método en realidad es diferente y muy profundo respecto a aquel de quien pinta un objeto o un paisaje por su belleza decorativa, porque el arte está en traducir las historias de los otros en nuestro lenguaje. El proceso creativo es siempre diverso y también es muy diferente ilustrar la historia escrita por otra persona, que escribir e ilustrar una historia propia. Portami con te (Rrose Sélavy editore) no lo escribí yo, es un texto bellísimo que trata de historias de animales con una visión ambientalista. Son cuatro historias de animales, que sin embargo viven en el mundo de los humanos y por esto han perdido algo.

En el proceso de ilustrar el texto de otra persona hay, al menos para mí, la necesidad de quedarse en el relato por más tiempo, leerlo y releerlo, explorarlo hasta soñarlo. Yo no hago bocetos previos, generalmente pienso, imagino y después voy inmediatamente a pintar. Cuando los editores me piden el layout y los dibujos a lápiz, les explico que no puedo, porque volver a dibujar la misma ilustración me cuesta mucho. En cambio, realizo directamente los dibujos definitivos. Amo tanto dibujar que prefiero hacer una nueva ilustración en lugar de hacer el boceto a lápiz y después llenarlo de color. Para mí es una molestia increíble estar dentro de un esquema. Mi proceso creativo es incómodo. Sucede a menudo que me despierto en la noche imaginando concretamente una pintura y luego debo ir a realizarla. De esta forma en el estudio hago arte-terapia, grupos y exposiciones, mientras que en mi casa, donde vivo, pinto porque puede suceder que yo pinte en pijama y luego regrese a dormir.

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Interior del estudio de Arianna Papini. Foto: Lis del Carmen López Sánchez.

-¿Qué piensas acerca del arte y la ilustración?

-Participo seguido y voluntariamente en concursos de ilustración por muchos motivos. He realizado cientos de libros, pero amo sentirme pequeña, no quisiera nunca creer en haber hecho todo y ser muy buena, porque no es así. El arte es un continuo recorrido, no se llega nunca a ninguna parte. Deseo siempre ponerme a prueba, vivir la experiencia de no ser seleccionada para las exposiciones, de no ganar concursos y entender que siempre tengo mucho por trabajar. Cada tanto también gano y soy feliz por esto, como una niñita.

A veces concurso porque hay un excelente premio en efectivo. A mí no me sucede casi nunca, pero continuamente tengo menciones especiales. A mis estudiantes les digo siempre: adapten los títulos de los concursos a su proceso creativo, a su poética, encuentren ahí algo que les pueda interesar, no tengan miedo de ir fuera del tema, sólo si trabajan sobre eso que aman tendrán la posibilidad de ganar. Es muy difícil llegar a un resultado, porque hay muchos ilustradores excelentes, pero al menos habrán podido experimentar una técnica, producir una imagen que nos cuente algo a nosotros. Últimamente estoy experimentando un poco con la lentitud, es una meta a la que quiero llegar con la edad, por ejemplo estoy trabajando óleo que tiene un secado lentísimo, algún tiempo atrás no lo soportaba porque no se seca nunca. También es lenta la acuarela y por primera vez me está gustando.

Experimento continuamente nuevas técnicas; por ejemplo, el libro Portami con te (Rrose Selavy editore) es en gran parte en acuarela, es la primera vez que la uso, pero también aparece collage; me gusta mezclar las técnicas, en ese libro trabajé también con grafito y muchos otros materiales. Amo la libertad de mezclar los materiales, alejándome de un modelo académico que necesita un uso estándar. Cuando veo un nuevo material pienso que debo probarlo, soy curiosa y no me importa. Los artistas no usan los colores como se enseñan en la academia, los utilizan libremente. Yo me considero artista porque hago imágenes y cuadros, trabajo con las imágenes y transformo las cosas. Me gusta tanto trabajar también con materiales usados en otros modos. Hubo un periodo en el que construía gallinas con las botellas del detergente, ahora las hago usando tela.

-¿Qué piensas sobre la identidad? ¿Crees que sea importante que un artista muestre su identidad en sus imágenes?, ¿tú cómo logras hacerlo?

-Yo pienso que un artista debe sentirse artista. Por lo tanto, más que mostrar a los otros la propia identidad, debe trabajar en sí mismo en este sentido. A mis estudiantes más jóvenes les digo siempre: “chicos, si no se sienten ustedes ilustradores, los demás no lo creerán nunca, entonces cuando ustedes se lo crean, ellos ya no creerán lo mismo”. Ese es un punto importantísimo en la profesión: no necesitar de los otros para que nos den un nombre.

El trabajo sobre la identidad debemos hacerlo siempre. La del artista es una vida privada de seguridades, que no da certezas, sobre todo cuando tienes una familia y dos hijos, como yo. Pero es una vida intensa y llena de alegría porque aprendemos la capacidad de salir de cualquier jaula. Ve el libro Liberi tutti! (Uovonero Edizioni). Si nosotros renunciamos a hacer aquello que amamos, a nuestro arte, seremos siempre infelices, mientras que cuando somos felices creemos que todo es posible. En nuestra cultura tenemos miedo de afirmar que somos felices, es un pensamiento anticuado del tipo “no quiero reír demasiado porque puede suceder algo”. No estamos acostumbrados a disfrutar las cosas por miedo.

En el fondo la vida está llena de sufrimiento y pérdidas. Y hay otra cosa maravillosa de esta profesión: si nosotros estudiamos la historia del arte, Jackson Pollock, Frida Kahlo, Vincent Van Gogh, descubrimos que usualmente los artistas más grandes son personas que han sufrido muchísimo; que en los momentos de mayor sufrimiento han podido expresar el propio arte a niveles altísimos. Porque el arte tiene la maravillosa y sorprendente capacidad de sublimar el dolor.

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Otra perspectiva del estudio de Arianna Papini. Foto: Lis del Carmen López Sánchez.

-¿Existe una relación entre arte-terapia e ilustración?

-Cuando me formé como arte-terapeuta ya no era jovencita y me enamoré perdidamente de esta actividad. Me di cuenta de estar haciendo ya este trabajo desde hace años, en los talleres con niños. Creaba un ambiente en el cual ellos se definían. Iba a las escuelas donde las maestras me pedían hacer trabajitos y yo consideraba ofensivo que a las obras de los niños se les atribuyera este diminutivo. En su lugar creaba ambientes en los cuales los niños pudieran expresar todo; la felicidad, el dolor, el miedo. Defendía sus trabajos de las exposiciones, porque cuando una persona, sea pequeña o grande, se siente libre de decir algo gráficamente, no es seguro que le guste mostrársela a los demás.

Cuando descubrí la arte-terapia pensé: “aquí está lo que hago desde hace tantos años”. Así, para mí esta formación fue casi una necesidad, un instrumento del cual necesitaba urgentemente para poder defender, desde un punto de vista científico, mis acciones, que estaban casi siempre a contra corriente. En aquel periodo trabajaba mucho, tenía dos niños pequeños y la escuela costaba bastante. Cuando los niños son pequeños el dinero siempre es poco. Me formé velozmente y muy bien, estudié mucho porque siento una gran responsabilidad en el cuidado de las personas.

La formación, excelente, la hice en Bologna, una escuela en la cual muy pronto estuve en supervisión con los pacientes, una formación muy rigurosa. La escuela de Art Therapy Italiana era una en la que se debían hacer laboratorios y seminarios intensivos, prácticas sobre nosotros. Esto era muy fuerte e importante porque de este modo podíamos probar en nuestra propia piel la fuerza y la dificultad que prueba el paciente en llevar sus propios colores y formas. Salíamos de aquellos seminarios intensivos conscientes de la fuerza del arte en el dolor y en las difíciles fases de la vida.

Al principio, cuando dibujaba en los grupos de arte-terapia era una cosa, y cuando dibujaba en arte e ilustración era otra, y esto sucedió por mucho tiempo. Poco a poco, cuando profundicé en mi formación, entendí que las dos modalidades artísticas son en realidad lo mismo, porque nosotros al hacer arte hablamos siempre de nuestra historia.

Seguido pinto después de la sesión con un paciente. Y mientras me expreso con los colores entiendo más cosas del dolor de aquella persona, pero comprendo también que tengo ganas de hablar y después puede suceder que de algo que he pintado nazca un libro. Ahora sé que todo es un proceso continuo, es como si repentinamente todo aquello en lo que he invertido fuese unido en un único gran acto de amor. A veces las personas me decían que mi formación era demasiada: soy arquitecta, artista, continuamente tomo cursos de técnicas, actualizaciones de cada género. Entonces me preguntaban tontamente: “¿otro curso?, ¿pero cómo? Ahora tienes que pensar en trabajar”. Pero yo estaba consciente de que también siempre he trabajado mucho para pagarme la educación. Es necesario aprender, para después crear, con rigor y seriedad. Los cursosy las escuelas sirven para entender lo que no debemos nunca hacer en el desarrollo de una profesión.

-¿Qué aconsejas a los jóvenes ilustradores?

-Hay oportunidades si trabajas seriamente, por lo tanto, apéguense a las reglas, no entreguen trabajos fuera de tiempo. Sean serios y rigurosos, atentos, aprendan de la vida. Sean observadores agudos de todo, porque todo en el arte es útil y la vida es nuestra más grande maestra. Si un texto en realidad no les gusta, digan que no pueden ilustrar un texto así, no piensen que pueden hacer todo. Estén atentos a todas las tonterías que les dirán, porque los ilustradores reconocidos y también aquellos que hubieran querido hacer arte y renunciaron, a menudo tienen miedo y están celosos de ustedes los jóvenes, porque son mucho más buenos que ellos y tienen toda la vida por delante. Los excelentes estudiantes que encuentro en mis clases me apasionan mucho: su vibración en el alma por descubrir nuevos caminos, el miedo inmenso de no lograrlo, me hablan de mí misma cuando era jovencita, y soy feliz de darles con generosidad este espléndido oficio. Enseñar es dar con generosidad, pero desafortunadamente no todos somos así. Para terminar, duden de los juicios que darán a sus ilustraciones y avancen sin desviarse de su camino, tendrán que ser muy fuertes.

Lis del Carmen López Sánchez – Entrevista y traducción desde el italiano.

  • "Il sogno del riposo", acrílico sobre tela.
  • "Nostalgia", acrílico sobre tela.
  • "Pinocchio e gli uccellini", acrílico, grafito, pastel y collage sobre papel.
  • "Alice e il coniglio", gis, acrílico, tempera y tinta china sobre papel.