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Gerardo Suzán

Lugar de nacimiento: Ciudad de México

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Ocupación: Ilustrador, pintor y docente

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Conocido por: Su Biblia ilustrada, sus ilustraciones para libros infantiles y su labor docente

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Contacto: Blog oficial

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Las imágenes de Gerardo Suzán son poéticas, una actualización de Chagall en un ámbito atemporal que mucho tiene de Coyoacán. Un Hans Christian Andersen vuela sobre una ruta de ferrocarril con sus maletas. La gama de colores de Suzán es, comparada con la del ruso, más colorida y sus figuras se funden en los pigmentos.

Suzán aprendió los fundamentos de la ilustración europea que, a su vez, está basada fuertemente en la pintura. Justo lo contrario a lo que sucede en Latinoamérica, donde la ilustración es una práctica que después puede volverse hacia la pintura. En Europa los ilustradores primero son pintores y después se especializan en los formatos y técnicas características de la ilustración de libros.

Una reinterpretación de la Biblia en calve latinoamericana, donde los paisajes de Belén y otras ciudades míticas aparecen en la geografía frondosa y frutal de nuestro continente. Al respecto, cuando le pregunto si Botero es una de sus influencias –pues las figuras redondas de sus personajes y sus proporciones irreales recuerdan al colombiano- Suzán parece insatisfecho con la comparación.

En la siguiente conversación, Suzán explica un poco de su formación y de su vida como ilustrador y creador de imágenes.

-Sus influencias visuales son muy heterogéneas, Chagall uno de los más obvios. ¿Cuáles diría que son más específicamente?

Yo soy de aquí de Coyoacán. Más que influencias es lo que se te va grabando de niño, cuando estás muy fresco, mentalmente. Mi mamá me llevaba al mercado de Coyoacán, una de las primeras cosas que ves, cuando estás chiquito, son las naranjas que se ven enormes o la rebanada de sandía –vale la pena recordar el texto de Sandía de José Juan Tablada [¡Del verano, roja y fría / carcajada, / rebanada / de sandía!]- que cuando estás niño es una cosa gigantesca; ves la piñata colgada de estrella y realmente piensas que es una estrella. Mi mamá se iba a misa, a la iglesia de San Juan Bautista, y yo como niño que se aburría veía los murales, las imágenes. Comencé a hacer pinturas de un formato alargado de 40×2 metros, que eran Cristos, y de pronto cuando fui a San Juan Bautista y vi los Cristos en una especie de ataúd de vidrio me di cuenta que eso es lo que vi de niño. Esas cosas son las primeras que te van impactando, y entonces comienzas a construir tu cultura visual de eso que ves de niño.

-¿Cómo definiría usted la ilustración como arte visual?

Después de esta cuestión de las influencias de niño te vas llenando de imágenes y de otras cuestiones, pero después lo que vino fue, para mí, la literatura. Yo empecé a jugar con los libros a los cuatro, cinco años. Agarraba los libros y los usaba como legos para construir cosas, cochecitos. Los libros siempre fueron como un objeto más, y de pronto los abro y veo que tienen fotos y quería saber lo que decían las letras. Y de ahí me hice un lector bastante asiduo toda la juventud. A los seis años me la pasaba viendo los dibujos y lo que me interesó era lo gráfico. En la decisión de la carrera, acabando la prepa, no estaba estudiando, estaba en esa época en la que no sabes y no decides nada y comencé a tomar algunos cursos de pintura. Por ahí entendí que a lo mejor había una manera en la que se pueden unir las letras y la pintura. Veía los carteles de cine que en esa época eran ilustrados, como el de Star Wars, y estaban hechos con pincel, a mano. Yo quería hacer eso. Estudié diseño gráfico en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, ya con la visión o la intención de querer ser ilustrador. El trabajo de ilustrador era por encargo o consignación, porque pintar un cuadro y andarlo paseando por la vida a ver quién te lo compraba se me hacía complicado. Uniendo ese interés por lo visual y las letras no me fue tan complicado orientarme en la ilustración.

-¿Cuáles son sus lecturas favoritas?

Las que puedo leer toda la vida en cualquier momento: El extranjero de Albert Camus, El Quijote, La Biblia. Leo muchísima poesía: haikús, me gusta mucho la visión poética de Japón. Mexicanos como José Vasconcelos, a quien leo cada vez que puedo y cuyo Ulises criollo. es como receta básicoa.  José Juan Tablada, Carlos Pellicer, Villaurrutia, Elías Nandino, leo muchísimo de todo. Ahorita mi tarea es tratar de entender lo mejor posible a Elena Garro, ya que estamos preparando aquí el centenario, ya empecé por la novela, me seguí por los cuentos, entonces estoy duro con eso. Evidentemente Juan Rulfo, La fórmula secreta es de mis favoritos, es una maravilla.

-Uno pensaría que es más fácil ilustrar narrativa que poesía…

De eso hemos estado platicando mucho en mis cursos y creo que la poesía es uno de los grandes retos del ilustrador. Ilustro poesía desde hace muchos años, es de lo que más me gusta hacer y siempre lo persigo, porque ilustrar el poema implica un esfuerzo extra. En la narrativa siempre encuentras un recurso por donde colarte o por donde resolverlo, dependiendo de la asignación o el tipo de trabajo, pero ilustrar poesía requiere de un ejercicio más profundo.

-¿Un ejercicio subjetivo? Si el libro algo visual, ¿cómo es el proceso de trabajo?

Depende de la asignación, la parte conceptual, de cómo estoy trabajando, cómo se va a construir el discurso. Por ejemplo, lo de Elena Garro, su novela Los recuerdos del porvenir tiene un juego permanente con los tiempos y los personajes. Va construyendo tiempo y personajes y de pronto estás en un laberinto en el que te tienes que regresar y encontrar cómo se fue construyendo. Ahí tienes muchísimos recursos para generar imágenes, para hacer una maravillosa portada, pero a lo mejor tienes tanto que no sabes por dónde. Puede ser una portada con un montón de personajes, puede ser una portada con ella narrando. A fin de cuentas, es el pueblo el que está narrando la historia. Después te vas encontrando con este conflicto permanente de lo mexicano, lo moreno, lo güero, lo indio, por qué los indios son maltratados, por qué los que los maltratan son o mestizos o no indios. Las reflexiones en torno a las religiones y las representaciones de dios, más la cuestión de los prehispánicos, lo español, las casas donde la servidumbre va en huaraches, es un planteamiento de la realidad nacional, son libros que puedes leer para entender historia sin tener que leer fechas históricas. En tres o cinco líneas, Elena Garro te puede llevar de la gloria al infierno.

-¿Considera que hay algo que sea imposible de ilustrar?

No, creo. Pero creo que hay grandes desafíos, como hacer una Biblia ilustrada. La ha ilustrado desde Doré hasta cualquiera de los pintores clásicos. Todo mundo ha hecho escenas bíblicas, desde los grandes pintores hasta los pintores populares. No es algo que no se pueda hacer sino que tienes que proponer algo nuevo. Hay veces que te llegan algunos textos malísimos, otros que son más completos, o hay veces que el autor quiere estar encima y empieza a hacer sugerencias, y si las cosas no están coordinadas por un editor se complican las cosas. Una vez me mandaron un poema para una revista de Estados Unidos, el poema era muy sencillo y la imagen muy compleja. Al quinto boceto el editor me dijo que ese no era mi texto. Yo tenía la idea de que la poesía es muy compleja y ellos querían algo más sencillo.

-Habla de libros malos y los ilustradores suelen ser los primeros lectores de varios de los textos que tienen que ilustrar. ¿Considera que usted funge como crítico literario? ¿Un ilustrador plasma su lectura de un libro al ilustrarlo?

Tienes que leerlo todo. Ahora hay quien te manda la contraportada y con eso quieren que hagas una ilustración para la portada. Si el que escribió la contraportada interpretó algo que luego yo reinterpreto, y luego hago una portada que a la hora de la hora no fue la mejor portada por no leer el libro. Eso me lo enseñó el maestrísimo Rafael López Castro que hizo todas las portadas de las lecturas mexicanas en los ochenta [colección coeditada por la Secretaría de Educación Pública y el Fondo de Cultura Económica]. Él leyó todos los libros, hizo doscientas portadas, y decía que no iba a hacer ninguna portada si no leía el texto completo. En un diplomado que yo coordiné les dio a mis alumnos a leer un libro histórico de trescientas páginas en dos semanas. Eso es trabajo de un diseñador, de un ilustrador, eso es lo que tiene que hacer uno. Te haces un superlector, si no eres un superlector se te va a hacer un poco complicado ser ilustrador porque van a la par, y luego te vuelves un gran lector y te vas haciendo ojo de lectura y aprendes a identificar las erratas y otras cuestiones de diseño del libro. Y no es que uno se vuelva un crítico literario pero vas reconociendo lo que está bueno, lo que te gusta.

-¿Qué diferencia hay entre ilustrar y pintar?

Hay una relatividad muy pequeña con respecto a otros países, aquí es muy evidente. Aquí el pintor-pintor no quería hacer ilustraciones porque le parecía un trabajo decorativo, un arte aplicada. Pero en Europa estudias primero arte académico y después te especializas en ilustración, los grandes ilustradores europeos vienen de una formación académica muy fuerte. Ahí la línea es diferente. En Estados Unidos eres artista, pero es genérico, no hay diferencia entre ilustrador y artista, hace pintura, serigrafía, dibujos, escultura. Aquí hay una cuestión técnica específica. Una pintura puede servir para ilustrar un libro pero la ilustración tiene un sentido de comunicación, cuando tú ves la portada de un libro es como cuando ves la etiqueta de un vino o la etiqueta de un producto del supermercado. Tú ves frutas y no hay confusión, esas son frutas, es un mensaje claro, específico. Eso es lo que pasa con la ilustración, tienes que comunicar un mensaje. Y el pintor, yo como pintor, agarro el lienzo y empiezo a trabajar lo que va saliendo. Y después hay alguien al que le gusta. Pero no quiero comunicar un mensaje, no quiero decir “aquí la gente tiene que leer que la vida es bella”. Y en cambio en el libro sí tienes que ver la portada y en la portada te tiene que hablar de lo que hay en el interior del libro como la etiqueta del producto tiene que hablar de lo que hay dentro de la lata o de la botella. Esa es la diferencia técnica.

- Usted ha ido a muchas exposiciones internacionales, como la Feria de Bolonia. ¿Qué influencia han tenido los ilustradores extranjeros en su obra?

La influencia más grande para mí era Dušan Kállay porque tenía la parte académica del dibujo pero también una riqueza fantástica. A fin de cuentas él tiene equivalencia a un pintor popular que va a la academia, un personaje que vive en una comunidad pequeña donde hay muchas leyendas y cuentos. Me gustaba mucho cómo se mezclaban esas dos partes. Tuve una beca de la UNESCO y tomé un curso con él. Cuando yo no encuentro respuesta en mí o en algo mexicano están Dušan Kállay y Chagall. Y de aquí, los grandes, Rodolfo Morales, pintor mexicano oaxaqueño. El maestro de maestros, que nos formó nada más enseñándonos su trabajo, Felipe Dávalos que ahora vive en Sacramento, California.

Olmo Balam