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Juan Pascoe

Foto: Especial

Lugar de nacimiento: Chicago, 1946

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Ocupación: Tipógrafo y músico

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Conocido por: Rescatar y mantener viva la tradición tipográfica mexicana en su Taller Martín Pescador; y por haber sido integrante de Mono blanco.

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Contacto

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Dice Cicerón, en su tratado Sobre la adivinación, que aquello que llamamos “fortuna”, “suerte” o “azar” es lo que podría no haber acontecido o podría haberse suscitado de una  manera diferente. Si bien la veracidad así como la validez de esta frase es reconocida y –en determinadas ocasiones- experimentada, no hay nadie en la actualidad que pueda representar mejor la sentencia del rétor latino que Juan Nicanor Pascoe.

En la flor de la juventud, pudo elegir por suerte no sólo su profesión sino también su identidad. Al distinguirse desde su nacimiento por un nombre que denotaba con fuerza sus raíces latinas, fue evidente que su destino no estaba en el seno de su tierra patria y que México con su español, su tradición y sus tipos era el lugar idóneo para desarrollar la pasión, que años atrás había descubierto también por influjo del hado: la tipografía.

El proceso de naturalización y de adaptación al oficio que había decido ejercer no constituyeron mayor problema para el impresor; por una parte, debido a la ascendencia mexicana que se remontaba a su bisabuela y a su padre; por otra, a causa de los conocimientos adquiridos como aprendiz de Harry Duncan y del desconocido pasado de su bisabuelo, quien fuera dueño de una imprenta.

La casualidad, que hasta entonces había desempeñado un papel significativo en la vida del tipógrafo, años más tarde volvería a presentarse cuando su imprenta, el Taller Martín Pescador (antes Imprenta Rascuache), valiéndose de una prensa del siglo XIX (R. Hoe Washington) y algunas cajas de los tipos Garament y Goudy, emprendiera oficialmente sus labores.

Al igual que el ave que da nombre al taller, Pascoe comenzó a nutrir su oficio con la pesca de pequeños autores que fortuitamente conocían a otros de la talla de Juan Rulfo y Octavio Paz. En consecuencia, el arte visual del tipógrafo, producto de un lento y complejo trabajo manual, poco a poco ganó reconocimiento y logró enlazarse a la labor intelectual de autores como Roberto Bolaño en Reinventar el amor (Taller Martín Pescador, 1976); de grandes poetas y escritores como Efraín Huerta y García Márquez; y de algunos otros- entonces- más jóvenes como Carmen Boullosa, Verónica Volkow, Francisco Segovia, etc.

Y es que, para un conocedor de su arte, “el mundo intelectual vibrante”-como el que él encontró en México- implica siempre una ardua labor en la construcción de la arquitectura del libro. Con suma lucidez, Pascoe ha tenido claro desde el inicio que el propósito de su oficio no es producir a gran escala ni obtener cuantiosas ganancias; ya que el nacimiento de un ejemplar no es un proceso automatizado sino el resultado de un trabajo humano en conjunto. De ahí que él se limite a crear una obra artística a partir de un exquisito sentido de la estética que logra hacer justicia al contenido intelectual de un texto.

Aunado a su consagración a las letras, Juan Pascoe también dedica su tiempo a la música. Por obra de la casualidad, llegó a formar parte del grupo de son veracruzano Mono blanco, en donde sus manos, curtidas por los años de trabajo manual, se deslizaban hábiles sobre las cuerdas de la jarana y su voz cantaba las décimas en un español “mocho”, rasgo natural e inextinguible de su lengua madre.

Actualmente, ambas pasiones están presentes en la cotidianidad del tipógrafo, quien, al ejercerlas con singular virtud, dedica en el lenguaje arcano de los hombres dichosos una ofrenda a la Fortuna que siempre lo acompañó.

Fernanda Gallegos Negrete – Estudiante y profesora en letras.